martes, 26 de mayo de 2015

Leemos el Quijote (2º parte): Capítulo XXXVII y capítulo XXXVIII

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Capítulo XXXVII:

Breve este capítulo en el que solo puedo destacar lo contentos que se muestran los duques viendo que sus engaños están teniendo éxito y se están burlando tanto de don Quijote como de su escudero. Y también la conversación entres Sancho y doña Rodríguez, en el que el primero muestra su poca confianza en las dueñas...

En estremo se holgaron el duque y la duquesa de ver cuán bien iba respondiendo a su intención don Quijote, y a esta sazón dijo Sancho:

-No querría yo que esta señora dueña pusiese algún tropiezo a la promesa de mi gobierno, porque yo he oído decir a un boticario toledano que hablaba como un silguero que donde interviniesen dueñas no podía suceder cosa buena. ¡Válame Dios, y qué mal estaba con ellas el tal boticario! De lo que yo saco que, pues todas las dueñas son enfadosas e impertinentes, de cualquiera calidad y condición que sean, ¿qué serán las que son doloridas, como han dicho que es esta condesa Tres Faldas, o Tres Colas?; que en mi tierra faldas y colas, colas y faldas, todo es uno.
Y aunque sigue desconfiando, prefiero dejarlo estar, no vaya a ser que al final pierda su gobierno.
-Con todo eso -replicó Sancho-, hay tanto que trasquilar en las dueñas, según mi barbero, cuanto será mejor no menear el arroz, aunque se pegue.
Capítulo XXXVIII:

No tenían que gustarle a Cervantes mucho la figura de las dueñas y nos regala un primer párrafo buenísimo en el que la burla y la crítica hacia ellas es muy clara:
Detrás de los tristes músicos comenzaron a entrar por el jardín adelante hasta cantidad de doce dueñas, repartidas en dos hileras, todas vestidas de unos monjiles anchos, al parecer, de anascote batanado, con unas tocas blancas de delgado canequí, tan luengas que sólo el ribete del monjil descubrían. Tras ellas venía la condesa Trifaldi, a quien traía de la mano el escudero Trifaldín de la Blanca Barba, vestida de finísima y negra bayeta por frisar, que, a venir frisada, descubriera cada grano del grandor de un garbanzo de los buenos de Martos. La cola, o falda, o como llamarla quisieren, era de tres puntas, las cuales se sustentaban en las manos de tres pajes, asimesmo vestidos de luto, haciendo una vistosa y matemática figura con aquellos tres ángulos acutos que las tres puntas formaban, por lo cual cayeron todos los que la falda puntiaguda miraron que por ella se debía llamar la condesa Trifaldi, como si dijésemos la condesa de las Tres Faldas; y así dice Benengeli que fue verdad, y que de su propio apellido se llama la condesa Lobuna, a causa que se criaban en su condado muchos lobos, y que si como eran lobos fueran zorras, la llamaran la condesa Zorruna, por ser costumbre en aquellas partes tomar los señores la denominación de sus nombres de la cosa o cosas en que más sus estados abundan; empero esta condesa, por favorecer la novedad de su falda, dejó el Lobuna y tomó el Trifaldi. 
La condesa, al hablar, hace un uso exagerado a la hora de hablar del superlativo. Y Sancho no duda en imitarla.
-Confiada estoy, señor poderosísimo, hermosísima señora y discretísimos circunstantes, que ha de hallar mi cuitísima en vuestros valerosísimos pechos acogimiento no menos plácido que generoso y doloroso, porque ella es tal, que es bastante a enternecer los mármoles, y a ablandar los diamantes, y a molificar los aceros de los más endurecidos corazones del mundo; pero, antes que salga a la plaza de vuestros oídos, por no decir orejas, quisiera que me hicieran sabidora si está en este gremio, corro y compañía el acendradísimo caballero don Quijote de la Manchísima y su escuderísimo Panza.

-El Panza -antes que otro respondiese, dijo Sancho- aquí esta, y el don Quijotísimo asimismo; y así, podréis, dolorosísima dueñísima, decir lo que quisieridísimis, que todos estamos prontos y aparejadísimos a ser vuestros servidorísimos. 
La historia que cuenta la condesa es un tanto celestinesca. Arrepentida, cuenta como sucumbió a los encantos de un joven de la corte, Clavijo, y como éste le convenció para que le abriera las puertas de la alcoba de la infanta Antonomasia, quien estaba a su cuidado. 
¡Ay de mí, otra vez, sin ventura!, que no me rindieron los versos, sino mi simplicidad; no me ablandaron las músicas, sino mi liviandad: mi mucha ignorancia y mi poco advertimiento abrieron el camino y desembarazaron la senda a los pasos de don Clavijo, que éste es el nombre del referido caballero; y así, siendo yo la medianera, él se halló una y muy muchas veces en la estancia de la por mí, y no por él, engañada Antonomasia, debajo del título de verdadero esposo; que, aunque pecadora, no consintiera que sin ser su marido la llegara a la vira de la suela de sus zapatillas. ¡No, no, eso no: el matrimonio ha de ir adelante en cualquier negocio destos que por mí se tratare! Solamente hubo un daño en este negocio, que fue el de la desigualdad, por ser don Clavijo un caballero particular, y la infanta Antonomasia heredera, como ya he dicho, del reino. Algunos días estuvo encubierta y solapada en la sagacidad de mi recato esta maraña, hasta que me pareció que la iba descubriendo a más andar no sé qué hinchazón del vientre de Antonomasia, cuyo temor nos hizo entrar en bureo a los tres, y salió dél que, antes que se saliese a luz el mal recado, don Clavijo pidiese ante el vicario por su mujer a Antonomasia, en fe de una cédula que de ser su esposa la infanta le había hecho, notada por mi ingenio, con tanta fuerza, que las de Sansón no pudieran romperla. Hiciéronse las diligencias, vio el vicario la cédula, tomó el tal vicario la confesión a la señora, confesó de plano, mandóla depositar en casa de un alguacil de corte muy honrado...»

domingo, 24 de mayo de 2015

El diario de Cristina de Ana Alonso

Ana Alonso,
Ilustraciones de Jordi Vila Delclòs
Editorial Anaya, 2012
El día de su cumpleaños, las gemelas Eva y Raquel reciben un regalo misterioso: un viejo cuaderno que perteneció a una joven, llamada Cristina. A medida que van leyendo las páginas de su diario, las dos chicas irán interesándose más y más por la turbulenta época en la que vivió su antepasada, el Cádiz de las Cortes Constituyentes, y por la historia de amor entre Cristina y un joven gaditano que tendrá que partir a la guerra. 



El diario de Cristina ha sido una lectura que hemos disfrutado mucho tanto mi hija como yo.Y es que, además de aprender sobre las Cortes de Cádiz, la Constitución de 1812 y la vida cotidiana en el Cádiz del siglo XIX, la narración de Cristina, a través de su diario de estos hechos, es todo un acierto. Ella no sólo explica qué es lo que está sucediendo a su alrededor en esos difíciles años de asedio, sino cómo ella lo está viviendo. Y además se está enamorando... Con la mala suerte de que el joven tendrá que partir a la guerra. Así que tiene más motivo para sentirse preocupada. 

Aunque esta trama tiene más importancia que la que sucede en los años actuales, los personajes de Eva y Raquel también nos conquistan un poquito, junto a sus padres. El interés de todos por el diario para ver cómo sigue Cristina es el mismo que nosotros sentimos a medida que vamos leyendo. Y estamos deseando que uno de ellos abra el diario y se ponga a leer y descubrir más sobre la vida Cristina y sobre esos días tan importantes en la historia de Cádiz.

En definitiva, un libro muy entretenido, corto y fácil de leer. Y encima se aprende. ¿Se puede pedir más?

Pizca de Sal es una colección que introduce a los niños y niñas  en un mundo de imaginación a través de sus divertidas historias y personajes. Los relatos desarrollan contenidos de distintas áreas del currículo de Educación Primaria, reforzando su aprendizaje y fomentando a la vez el gusto por la lectura.
Al final de cada libro, diez fichas de actividades permiten a los lectores sacar el máximo provecho de los contenidos tratados en los cuentos. 
Y todo ello acompañado de un Plan Lector diseñado para conseguir una eficaz y original animación a la lectura, lo que convierte a esta colección en un recurso ideal para el aula.

jueves, 21 de mayo de 2015

Mendel el de los libros de Stefan Zweig

Mendel el de los libros
Stefan Zweig
Acantilado, 2009

Escrito en 1929, Mendel el de los libros narra la trágica historia de un excéntrico librero de viejo que pasa sus días sentado siempre a la misma mesa en uno de los muchos cafés de la ciudad de Viena. Con su memoria enciclopédica, el inmigrante judío ruso no sólo es tolerado, sino querido y admirado por el dueño del café Gluck y por la culta clientela que requiere sus servicios. Sin embargo, en 1915 Jakob Mendel es enviado a un campo de concentración, acusado injustamente de colaborar con los enemigos del Imperio austrohúngaro. Un breve y brillante relato sobre la exclusión en la Europa de la primera mitad del siglo xx.
Mendel, me encantaría conocerte. Y sentarme a tu lado, en ese mesa del Café Gluck y escucharte hablar sobre tu gran pasión: los libros. Disfrutaría escuchándote, observándote, sintiendo todas tus emociones al hablar de lo que tanto te gusta, aprendiendo de ti, admirándote... 

Solo te hablaría para decirte una cosa, Mendel. Solo una. Que, por favor, apartes un momento la cabeza de tus libros y mires a tu alrededor. Sé que resulta difícil. Sé que tu amor por los libros no te deja apartar tus ojos de ellos. Pero ese mundo en el que habitas, pero no vives, se está rompiendo, Mendel. Está gritando. Está llorando, mientras tú estás ausente de él. Mientras tú estás sumergido en tus libros. Y ese mundo no te va a comprender... Y te arrastrará sin que tú tampoco comprendas nada. Y te lo arrebatarán todo, te lo quitaran todo. Te alejarán de aquello que más quieres, tus libros. Te dejarán sin nada. Y sin tus libros... ¿qué será de ti, Mendel?


martes, 19 de mayo de 2015

Leemos el Quijote (2º parte): Capítulo XXXV y capítulo XXXVI

http://bourbonstreet-porlomenix.blogspot.com.es/2015/01/reto-en-2015-leemos-el-quijote.html


Capítulo XXXV:

Los duques siguen burlándose de don Quijote y Sancho. Ahora hacen aparecer al mago Merlín, junto a Dulcinea. Y por primera vez don Quijote la ve, tal y como él piensa que es, rodeada de lujo y boato, no como una vulgar campesina. Los duques han tramado muy bien su engaño, su burla.  El mago busca a nuestro caballero para indicarle que tiene la solución para desencantar a su dama. Pero no estará en su mano poder lograrlo, sino en la de su escudero:

A ti digo ¡oh varón, como se debe
por jamás alabado!, a ti, valiente
juntamente y discreto don Quijote,
de la Mancha esplendor, de España estrella,
que para recobrar su estado primo
la sin par Dulcinea del Toboso,
es menester que Sancho, tu escudero,
se dé tres mil azotes y trecientos
en ambas sus valientes posaderas,
al aire descubiertas, y de modo
que le escuezan, le amarguen y le enfaden.
Y en esto se resuelven todos cuantos
de su desgracia han sido los autores,
y a esto es mi venida, mis señores.
No estará dispuesto Sancho a darse estos azotes y don Quijote le ordenará que se los dé, pero pronto Merlín aclarará que no puede el escudero ser obligado. Que debe hacerlo por propia voluntad. 
-Ni ajena, ni propia, ni pesada, ni por pesar -replicó Sancho-: a mí no me ha de tocar alguna mano. ¿Parí yo, por ventura, a la señora Dulcinea del Toboso, para que paguen mis posas lo que pecaron sus ojos? El señor mi amo sí, que es parte suya, pues la llama a cada paso mi vida, mi alma, sustento y arrimo suyo, se puede y debe azotar por ella y hacer todas las diligencias necesarias para su desencanto; pero, ¿azotarme yo...? ¡Abernuncio! 
Y finalmente Sancho, ante las peticiones de los duques y de nuestro caballero, aceptará...
-Muchos médicos hay en el mundo: hasta los encantadores son médicos -replicó Sancho-; pero, pues todos me lo dicen, aunque yo no me lo veo, digo que soy contento de darme los tres mil y trecientos azotes, con condición que me los tengo de dar cada y cuando que yo quisiere, sin que se me ponga tasa en los días ni en el tiempo; y yo procuraré salir de la deuda lo más presto que sea posible, porque goce el mundo de la hermosura de la señora doña Dulcinea del Toboso, pues, según parece, al revés de lo que yo pensaba, en efecto es hermosa. Ha de ser también condición que no he de estar obligado a sacarme sangre con la diciplina, y que si algunos azotes fueren de mosqueo, se me han de tomar en cuenta. Iten, que si me errare en el número, el señor Merlín, pues lo sabe todo, ha de tener cuidado de contarlos y de avisarme los que me faltan o los que me sobran.

-De las sobras no habrá que avisar -respondió Merlín-, porque, llegando al cabal número, luego quedará de improviso desencantada la señora Dulcinea, y vendrá a buscar, como agradecida, al buen Sancho, y a darle gracias, y aun premios, por la buena obra. Así que no hay de qué tener escrúpulo de las sobras ni de las faltas, ni el cielo permita que yo engañe a nadie, aunque sea en un pelo de la cabeza. 
Capítulo XXXVI:

Este capítulo empieza contándonos que fueron sirvientes de los duques quienes se hicieron pasar por Merlín y Dulcinea. 
Y tras esto, el protagonismo recae en Sancho y la duquesa. Le pregunta ésta si ha empezado ya a azotarse. Y cuando Sancho le contesta que se ha dado algunos con la mano, ella le regaña:
-Eso -replicó la duquesa- más es darse de palmadas que de azotes. Yo tengo para mí que el sabio Merlín no estará contento con tanta blandura; menester será que el buen Sancho haga alguna diciplina de abrojos, o de las de canelones, que se dejen sentir; porque la letra con sangre entra, y no se ha de dar tan barata la libertad de una tan gran señora como lo es Dulcinea por tan poco precio; y advierta Sancho que las obras de caridad que se hacen tibia y flojamente no tienen mérito ni valen nada.

A lo que respondió Sancho:

-Déme vuestra señoría alguna diciplina o ramal conveniente, que yo me daré con él como no me duela demasiado, porque hago saber a vuesa merced que, aunque soy rústico, mis carnes tienen más de algodón que de esparto, y no será bien que yo me descríe por el provecho ajeno.

-Sea en buena hora -respondió la duquesa-: yo os daré mañana una diciplina que os venga muy al justo y se acomode con la ternura de vuestras carnes, como si fueran sus hermanas propias. 
Sancho le enseña a la duquesa una carta que ha escrito destinada a su mujer y donde le cuenta todo lo que ha sucedido en esta segunda salida con don Quijote. Una carta donde se advierte su gran codicia:
De aquí a pocos días me partiré al gobierno, adonde voy con grandísimo deseo de hacer dineros, porque me han dicho que todos los gobernadores nuevos van con este mesmo deseo; tomaréle el pulso, y avisaréte si has de venir a estar conmigo o no. 
Donde refleja sus deseos de conseguir una elevada posición social y ser, por ella, envidiado:
Has de saber, Teresa, que tengo determinado que andes en coche, que es lo que hace al caso, porque todo otro andar es andar a gatas. Mujer de un gobernador eres, ¡mira si te roerá nadie los zancajos!
Ays, Sancho y don Quijote... Cada uno con sus sueños... 

Las bromas de los duques siguen. Y ahora hace acto de aparición "Trifaldín, el de la barba blanca", escudero de la condesa Trifaldi, también conocida como "la Dueña Dolorida", buscando a don Quijote para solicitar su ayuda. La alegría de nuestro caballero no se hace esperar.
-Quisiera yo, señor duque -respondió don Quijote-, que estuviera aquí presente aquel bendito religioso que a la mesa el otro día mostró tener tan mal talante y tan mala ojeriza contra los caballeros andantes, para que viera por vista de ojos si los tales caballeros son necesarios en el mundo: tocara, por lo menos, con la mano que los extraordinariamente afligidos y desconsolados, en casos grandes y en desdichas inormes no van a buscar su remedio a las casas de los letrados, ni a la de los sacristanes de las aldeas, ni al caballero que nunca ha acertado a salir de los términos de su lugar, ni al perezoso cortesano que antes busca nuevas para referirlas y contarlas, que procura hacer obras y hazañas para que otros las cuenten y las escriban; el remedio de las cuitas, el socorro de las necesidades, el amparo de las doncellas, el consuelo de las viudas, en ninguna suerte de personas se halla mejor que en los caballeros andantes, y de serlo yo doy infinitas gracias al cielo, y doy por muy bien empleado cualquier desmán y trabajo que en este tan honroso ejercicio pueda sucederme. Venga esta dueña y pida lo que quisiere, que yo le libraré su remedio en la fuerza de mi brazo y en la intrépida resolución de mi animoso espíritu. 

domingo, 17 de mayo de 2015

Las lecturas de Marta: Fair Oak. El secreto de las gemelas de Elisabetta Gnone

 
En un valle mágico y antiguo, escondido entre los pliegues de un tiempo inmortal, al abrigo de las mesetas, entre los altos acantilados y los bosques, se encuentra Fairy Oak, un pequeño pueblo encantado nacido alrededor de Roble, el gran árbol parlante al que debe su nombre.

Desde hace más de mil años, a la medianoche en punto, ocurre un hecho mágico en las casas de Fairy Oak: minúsculas hadas luminosas cuentan historias de niños a brujas de ojos buenos, emocionadas y atentas. Insólito, ¿verdad? Todo el mundo sabe que a las brujas no les gustan nada los niños. Pero estamos en el valle de Verdellano, en el pueblo de Fairy Oak, y aquí las cosas son desde siempre un poco distintas…
Hace ya tiempo que leímos mi hija y yo este libro. Un libro que nos enamoró  sólo ya con mirar su bonita portada. Y que disfrutamos mucho leyéndolo. Su exquisita encuadernación y las deliciosas ilustraciones que tiene en sus páginas centrales, para presentarnos a todos y cada uno de los personajes son otro motivo más para disfrutar del libro. Y es que es un libro hecho con mucho cuidado. Es una auténtica delicia no sólo leerlo, también tocarlo. 
 
Un libro sencillo, porque hay que recordar que está destinado a un público infantil. El es primero de una trilogía, así que a veces se hace un poco lento, porque explica muy bien el papel que va a desempeñar cada uno de los personajes en la historia. Es un libro muy introductorio. Y a pesar de eso, a mi hija lo disfrutó muchísimo. Se lee muy rápido puesto que los capítulos son cortos y las letras grandecitas. Y en todos los capítulos suceden cosas. Y terminan siempre con la justa intriga para querer seguir leyendo el siguiente. Al igual que cuando terminas el libro. Porque, aunque cierra la trama, deja una ventanita abierta. Y es que el mal sigue fuera... Queriendo destruir ese mágico mundo de las hadas... ¿O lo que quiere es apoderarse de él? Habrá que seguir leyendo para descubrirlo. 

Un libro muy recomendable, sobre todo para niños que ya estén sueltos en la lectura, a partir de 8 ó 9 añitos. Aunque también creo que puede ser muy disfrutado por los que sean un poco más chicos siempre con la ayuda de los papás. Que siempre es bueno sentarse con ellos y disfrutar de la lectura juntos. 

Y si queréis conocer un poco mejor el mundo de Fairy Oak pinchad sobre el nombre y disfrutar del viaje por este mágico mundo.
 
 

jueves, 14 de mayo de 2015

El caso Galenus de Alberto Curiel

Alberto Curiel
Algaida,  2014
El caso Galenus es un thriller ambientado en el mundo de las multinacionales españolas y las organizaciones internacionales. Madrid, Barcelona, Londres, Lyon, Bogotá o Pekín son escenarios de una acción que se traslada desde lujosos despachos y hoteles de cinco estrellas a paisajes desolados, sórdidos callejuelas y pensiones castizas. Isabel Sáenz de Tejada, una hermosa ejecutiva con un pasado, y Fernando Flórez, un toxicólogo sin nada más que el presente, intentarán desentrañar un asesinato y un misterio que ha permanecido oculto durante casi dos décadas en un sótano: una revolucionaria investigación biomédica con una patente millonaria, que podría cambiar el mundo tal como hoy lo conocemos. Pero nadie sale indemne tras descubrir la verdad más incómoda. Incluso el periodista que narra esta historia terminará formando parte de ella, y haciendo partícipe al lector de un descubrimiento inesperado que lo dejará como último testigo de esa verdad inquietante. ¿Qué es el proyecto Galenus? ¿Hasta dónde te atreverías a llegar? ¿Cuánto estás dispuesto a vivir?
No tenía mucha confianza en este libro, tengo que reconocerlo. Me llegó por sorpresa gracias a la editorial Algaida y cuando leí la sinopsis no me sentí muy atraída por él. Pero había que darle su oportunidad. Y cuando se la he dado me he encontrado con una novela que me ha atrapado desde las primeras páginas. Isabel, la gran protagonista de esta historia, tiene mucha culpa de esto. Un personaje muy bien perfilado, muy creíble, como todos los que aparecen en este libro, a la que iremos conociendo poco a poco... Aunque también tiene sus secretos. Secretos que ella procura que nunca se conozcan, que nunca se revelen. Secretos que ella guarda muy celosamente. Y aunque durante la novela algunas pistas nos va dejando, cuando llegamos al final no ha evitado que me deje con la boca abierta.

Otro de los grandes aciertos de esta novela es también su estructura. Por un lado acompañamos a  Isabel, quien tras la muerte de su amiga Elena, decide investigar al marido de ésta y descubrirá junto al toxicólogo Fernando Flórez, las actividades ilegales que éste llevaba a cabo, relacionadas con experimentos sobre la regeneración de las células nerviosas. Por otro lado, encontramos capítulos protagonizados por una joven estudiante británica, Elizabeth Walker, que está siendo víctima de estos experimentos. Secuestrada y encerrada en un sótano pequeño y oscuro, serán realmente terribles estos capítulos en los que su dolor, su agonía, su sufrimiento, su desesperación están perfectamente reflejados. 

Ambas líneas argumentales discurren de forma paralela hasta que terminan uniéndose. Y ambas están contadas con el mismo ritmo y con la misma tensión, de modo que es imposible dejar de leer. Y al mismo tiempo, muchas preguntas nos martillean el cerebro... ¿El fin justifica los medios? Porque el fin de estos experimentos no es otro que la cura del cáncer, alargar los años de vida... Pero, ¿cuánta gente tiene que sufrir y morir hasta alcanzar estos objetivos? Además, cuando consiga la fórmula, ¿se aplicará a todo el mundo por igual? ¿Serán solo unos pocos privilegiados los afortunados en conseguirla? ¿Seguirán los intereses económicos por encima de la vida humana? ¿Nos conviene acabar con una enfermedad que es una de las principales causas de muerte en el mundo? ¿No provocaría esto un peligroso aumento de la población mundial?

En definitiva, un libro que he disfrutado muchísimo tanto por historia, que me ha tenido totalmente enganchada y que tiene un inmejorable final, como por todas las reflexiones que su lectura me ha provocado. 



martes, 12 de mayo de 2015

Leemos el Quijote (2º parte): Capítulo XXXIII y capítulo XXXIV

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Capítulo XXXIII:

La duquesa y Sancho entablan en este capítulo una entretenida conversación. No pierde la dama la oportunidad que tiene para preguntarle a Sancho por qué motivo engañó a don Quijote al decirle que Dulcinea estaba encantada. Y en su respuesta Sancho reconoce la locura de su amo. Le miente para seguirle la corriente. Le miente porque tiene miedo de, si no lo hace, perder la ínsula prometida. Si a don Quijote le mueve el espíritu de la caballería, a Sancho le mueve sus ganas de salir de la pobreza.

-Ahora, señora mía, que he visto que no nos escucha nadie de solapa, fuera de los circunstantes, sin temor ni sobresalto responderé a lo que se me ha preguntado, y a todo aquello que se me preguntare; y lo primero que digo es que yo tengo a mi señor don Quijote por loco rematado, puesto que algunas veces dice cosas que, a mi parecer, y aun de todos aquellos que le escuchan, son tan discretas y por tan buen carril encaminadas, que el mesmo Satanás no las podría decir mejores; pero, con todo esto, verdaderamente y sin escrúpulo, a mí se me ha asentado que es un mentecato. Pues, como yo tengo esto en el magín, me atrevo a hacerle creer lo que no lleva pies ni cabeza, como fue aquello de la respuesta de la carta, y lo de habrá seis o ocho días, que aún no está en historia; conviene a saber: lo del encanto de mi señora doña Dulcinea, que le he dado a entender que está encantada, no siendo más verdad que por los cerros de Úbeda.
Pero ante tal respuesta, la duquesa no puede evitar desconfiar de Sancho y sentir temor a la hora de darle una ínsula. Porque si sigue de ese modo a un loco... ¿Qué hara cuando tenga en sus manos una ínsula?
-De lo que el buen Sancho me ha contado me anda brincando un escrúpulo en el alma y un cierto susurro llega a mis oídos, que me dice: ''Pues don Quijote de la Mancha es loco, menguado y mentecato, y Sancho Panza su escudero lo conoce, y, con todo eso, le sirve y le sigue y va atenido a las vanas promesas suyas, sin duda alguna debe de ser él más loco y tonto que su amo; y, siendo esto así, como lo es, mal contado te será, señora duquesa, si al tal Sancho Panza le das ínsula que gobierne, porque el que no sabe gobernarse a sí, ¿cómo sabrá gobernar a otros?'' 
Así que, desde este momento, todo el empeño de Sancho estará en demostrar a la duquesa de que es lo suficientemente sensato como para poder gobernar a otros, de que es lo suficientemente listo como para no dejarse engañar. 

Pero la duquesa quiere volver al tema del encantamiento de Dulcinea. Y quiere hacerle ver a Sancho que el realmente engañado es él. Porque Dulcinea sí está encantada y por eso tiene la imagen de una sencilla campesina.  Y Sancho se deja convencer.

-Bien puede ser todo eso -dijo Sancho Panza-; y agora quiero creer lo que mi amo cuenta de lo que vio en la cueva de Montesinos, donde dice que vio a la señora Dulcinea del Toboso en el mesmo traje y hábito que yo dije que la había visto cuando la encanté por solo mi gusto; y todo debió de ser al revés, como vuesa merced, señora mía, dice, porque de mi ruin ingenio no se puede ni debe presumir que fabricase en un instante tan agudo embuste, ni creo yo que mi amo es tan loco que con tan flaca y magra persuasión como la mía creyese una cosa tan fuera de todo término. Pero, señora, no por esto será bien que vuestra bondad me tenga por malévolo, pues no está obligado un porro como yo a taladrar los pensamientos y malicias de los pésimos encantadores: yo fingí aquello por escaparme de las riñas de mi señor don Quijote, y no con intención de ofenderle; y si ha salido al revés, Dios está en el cielo, que juzga los corazones. 

Pero me surge la duda. ¿Realmente Sancho se deja convencer o simplemente le sigue la corriente a la duquesa por el temor de perder la ínsula? ¿Quién engaña a quién?
 
Capítulo XXXIV:

Para seguir burlándose de don Quijote y Sancho, los duques organizan una caza de montería, aunque por los preparativos para reírse más de la pareja protagonista, parece una caza real. No empieza muy bien Sancho, quien, tratando de huir de un jabalí, se sube a la rama de un árbol con la mala suerte de que ésta se cae y queda colgando del árbol. Cuando don Quijote lo baja, se da cuenta de que el traje de montería que los duques le habían regalado estaba roto. Así, se acerca a la duquesa y empieza a criticar la cacería:

–Si esta caza fuera de liebres o de pajarillos, seguro estuviera mi sayo de verse en este estremo. Yo no sé qué gusto se recibe de esperar a un animal que, si os alcanza con un colmillo, os puede quitar la vida; yo me acuerdo haber oído cantar un romance antiguo que dice:
De los osos seas comido,
como Favila el nombrado.
–Ése fue un rey godo –dijo don Quijote–, que, yendo a caza de montería, le comió un oso.
–Eso es lo que yo digo –respondió Sancho–: que no querría yo que los príncipes y los reyes se pusiesen en semejantes peligros, a trueco de un gusto que parece que no le había de ser, pues consiste en matar a un animal que no ha cometido delito alguno.
La respuesta del duque no se hace de rogar:
–Antes os engañáis, Sancho –respondió el duque–, porque el ejercicio de la caza de monte es el más conveniente y necesario para los reyes y príncipes que otro alguno. La caza es una imagen de la guerra: hay en ella estratagemas, astucias, insidias para vencer a su salvo al enemigo; padécense en ella fríos grandísimos y calores intolerables; menoscábase el ocio y el sueño, corrobóranse las fuerzas, agilítanse los miembros del que la usa, y, en resolución, es ejercicio que se puede hacer sin perjuicio de nadie y con gusto de muchos; y lo mejor que él tiene es que no es para todos, como lo es el de los otros géneros de caza, excepto el de la volatería, que también es sólo para reyes y grandes señores. Así que, ¡oh Sancho!, mudad de opinión, y, cuando seáis gobernador, ocupaos en la caza y veréis como os vale un pan por ciento.
Y para seguir defendiendo sus ideas, Sancho sigue haciendo uso, uno tras otro, de sus habituales refranes, que tanta gracia le hacen a la duquesa. ¿Lo hace quizás Sancho adrede para caer bien a la dama y seguir así asegurando su ínsula?

Pasó la noche y al crepúsculo, una fuerte luz llamó la atención de todos y un demonio a caballo surgió que provocó el temor de todos.
–Yo soy el Diablo; voy a buscar a don Quijote de la Mancha; la gente que por aquí viene son seis tropas de encantadores, que sobre un carro triunfante traen a la sin par Dulcinea del Toboso. Encantada viene con el gallardo francés Montesinos, a dar orden a don Quijote de cómo ha de ser desencantada la tal señora.
–Si vos fuérades diablo, como decís y como vuestra figura muestra, ya hubiérades conocido al tal caballero don Quijote de la Mancha, pues le tenéis delante.
–En Dios y en mi conciencia –respondió el Diablo– que no miraba en ello, porque traigo en tantas cosas divertidos los pensamientos, que de la principal a que venía se me olvidaba.
Ese juramento en Dios y en su conciencia hacen sospechar a Sancho, aunque él sigue la corriente a todos. Y hay otra frase que también nos hace pensar que no es tan tonto Sancho como todos creen...

Renovóse la admiración en todos, especialmente en Sancho y don Quijote: en Sancho, en ver que, a despecho de la verdad, querían que estuviese encantada Dulcinea; en don Quijote, por no poder asegurarse si era verdad o no lo que le había pasado en la cueva de Montesinos.

lunes, 11 de mayo de 2015

Un poquito ausente...

Solo quería avisaros que en los próximos meses estaré un poquito más ausente de vuestros blogs. Pero solo un poquito, que algún día de la semana me tomaré para visitaros, que si no, os voy a echar mucho de menos. 

Intentaré seguir actualizando este blog, que me quedan algunas reseñas pendientes, pero mi ritmo lector también se va a resentir en este tiempo, así que quizás las entradas serán menos frecuentes. 

Y el motivo... Unas lecturas no muy tentadoras...