viernes, 31 de julio de 2015

Diario de Gordon de Marcos Chicot

Ediciones Duomo, 2015
El desenfrenado ingenio de Gordon, así como su arrollador afán justiciero, convierten su día a día en un continuo disparate que supera todos los límites cuando decide irse de vacaciones.
Lo que puede suceder cuando Gordon está cerca es imprevisible, tanto en el trabajo como en un aeropuerto, en la playa y, por supuesto, en una discoteca.
'Diario de Gordon' produce una mezcla de asombro y diversión que mantendrá en vilo a todo lector que se aventure en esta comedia trepidante.
Tengo que empezar diciendo que el humor es un género en el que no me siento cómoda. Pero de vez en cuando me gusta acercarme a él a ver si le cojo el puntito. Y a veces lo he disfrutado, pero curiosamente más en teatro. En novelas, en ocasiones puntuales. Y ésta no ha resultado una de esas ocasiones. No me han convencido las situaciones por las que pasa Gordon. Me han resultado demsasiado exageradas y surrealistas y no han logrado arrancarme la sonrisa. Quizás también porque el personaje no me ha caído nada bien. Demasiado egoísta, presumido, vanidoso, egocéntrico y maleducado...¿Me he dejado algo? Tanto, que ni siquiera he sentido pena cada vez que salía apaleado de sus desventuras.... ¡Qué mala soy! Bueno, no soy tan mala, que no he sentido pena, pero tampoco alegría...

http://librosquehayqueleer-laky.blogspot.com.es/2015/06/mes-de-la-novela-de-humor-y-de-la.htmlPero repito, no es un género que suela disfrutar, así que creo que me he equivocado al elegir este libro, que muchos otros lectores sí han disfrutado como Laky, Xavier, Lidia, Marina Córdoba o Ángela León,  Y no por esta razón, dejaré de leer a Marcos Chicot,  que me ha demostrado su valía en otros géneros como el thriller, con El asesinato de Pitágoras y La hermandad. Y me ha vuelto a demostrar su capacidad para contar historias en este libro. Sólo que esta vez no he logrado conectar.

viernes, 3 de julio de 2015

Un descansito


No saldré de mi ciudad, que tengo playita para disfrutarla. Pero necesito descansar un poco y retomar energías. Además, tengo una buena noticia. Este mes de julio estaré trabajando por las mañanas, ¡yuhuuuu! Así que por las tardes estaré disfrutando de la playa con mi hija, que ya me quedan poquitos años en los que aún quiera venir a la playa conmigo. Y por las noches estaré con esto.



Así que como solo tengo un cuerpo, voy a descansar del blog durante julio y no sé todavía cómo estaré en agosto... Ya avisaré.

No os desmadréis en mi ausencia...

jueves, 2 de julio de 2015

Y Junio me fue..

Y llega Julio. Y no me puedo quejar del mes de junio, que ha sido un mes lleno de buenas lecturas.
31. La tristeza del samurái de Víctor del Árbol
32. El alquimista impaciente de Lorenzo Silva 
33. Mary, Mary de James Patterson 
34. Un beso de amigo de Juan Madrid
35. El dedo índice de mi mano izquierda de Luis Miguel Morales 
36. El café de Qúshtumar de Naguib Mahfuz 

Y tampoco me puedo quejar de los libros que han llegado a mi casita. 
La luz que no puedes ver de Anthony Doerr lo estoy leyendo ahora y me está gustando mucho. Sin Alma de Guillermo Sendra me tocó en el sorteo de Una mamá entre libros y tiene muy buena pinta también. Y Suite Francesa de Némirovsky ha sido el único libro que me han regalado por mi cumpleaños. ¡Por fin lo tengo!

También son varios los libros que han llegado a mi lector gracias a sus autores y a sorteos ganados.

http://www.marcoschicot.com/es/diario-de-gordonGracias al sorteo organizado por Laky de Libros que hay que leer. Para más información, pinchad en la imagen.










http://www.amazon.es/AMA-CASA-SALE-COMPRAS-A-M-ebook/dp/B00YH8774SGracias a su autora, Elisa Cotarelo, tengo en mi lector su segunda novela, Ama de casa sale de compras. Para más información, pinchad en la imagen.










Y gracias a Pat Casalà en mi lector se encuentra su última novela. Pinchad en la imagen para más información.
http://patcasala.blogspot.com.es/




Y hoy os dejo con una canción que me acompaña últimamente en mi mp3.


Y vuestro mes, ¿qué tal ha ido?







martes, 30 de junio de 2015

Leemos el Quijote (2º parte): Capítulo XLVII y capítulo XLVIII

http://bourbonstreet-porlomenix.blogspot.com.es/2015/01/reto-en-2015-leemos-el-quijote.html


Capítulo XLVII:

Mucho humor encontramos en este capítulo, a costa de Sancho. Y es que éste empieza a descubrir que ser gobernador de una ínsula no es tan fácil como parece. Y que tener el poder no  significa que pueda disponer de todo cuando él quiera...  Ni siquiera iba a poder comer...

Cesó la música, sentóse Sancho a la cabecera de la mesa, porque no había más de aquel asiento, y no otro servicio en toda ella. Púsose a su lado en pie un personaje, que después mostró ser médico, con una varilla de ballena en la mano. Levantaron una riquísima y blanca toalla con que estaban cubiertas las frutas y mucha diversidad de platos de diversos manjares; uno que parecía estudiante echó la bendición, y un paje puso un babador randado a Sancho; otro que hacía el oficio de maestresala, llegó un plato de fruta delante; pero, apenas hubo comido un bocado, cuando el de la varilla tocando con ella en el plato, se le quitaron de delante con grandísima celeridad; pero el maestresala le llegó otro de otro manjar. Iba a probarle Sancho; pero, antes que llegase a él ni le gustase, ya la varilla había tocado en él, y un paje alzádole con tanta presteza como el de la fruta. Visto lo cual por Sancho, quedó suspenso, y, mirando a todos, preguntó si se había de comer aquella comida como juego de maesecoral.
Y no le gustarán los consejos del médico a Sancho. ¡Si es que no le dejaba comer de nada! Tan solo le aconsejó " para conservar su salud y corroborarla, es un ciento de cañutillos de suplicaciones y unas tajadicas subtiles de carne de membrillo, que le asienten el estómago y le ayuden a la digestión." Ante esta respuesta, Sancho no pudo más:
-Pues, señor doctor Pedro Recio de Mal Agüero, natural de Tirteafuera, lugar que está a la derecha mano como vamos de Caracuel a Almodóvar del Campo, graduado en Osuna, quíteseme luego delante, si no, voto al sol que tome un garrote y que a garrotazos, comenzando por él, no me ha de quedar médico en toda la ínsula, a lo menos de aquellos que yo entienda que son ignorantes; que a los médicos sabios, prudentes y discretos los pondré sobre mi cabeza y los honraré como a personas divinas. Y vuelvo a decir que se me vaya, Pedro Recio, de aquí; si no, tomaré esta silla donde estoy sentado y se la estrellaré en la cabeza; y pídanmelo en residencia, que yo me descargaré con decir que hice servicio a Dios en matar a un mal médico, verdugo de la república. Y denme de comer, o si no, tómense su gobierno, que oficio que no da de comer a su dueño no vale dos habas.
Además de esto, recibirá carta del duque, que le comunicará que se prepare para la guerra, y que tenga cuidado, que puede ser traicionado por alguien muy cercano a él. ¿Quién dijo que ser gobernador era tarea fácil?

Capítulo XLVIII:

Don Quijote sigue dolido por los arañazos de los gatos y está descansando en su aposento cuando nota abrirse la puerta. Aunque pensó en la doncella enamorada, Altisidora, pronto ve que es una dueña " con unas tocas blancas repulgadas y luengas, tanto, que la cubrían y enmantaban desde los pies a la cabeza. Entre los dedos de la mano izquierda traía una media vela encendida, y con la derecha se hacía sombra, porque no le diese la luz en los ojos, a quien cubrían unos muy grandes antojos. Venía pisando quedito, y movía los pies blandamente." Ante esta imagen, solo pudo pensar que una bruja acudía a él. Así que no pudo evitar asustarse como tampoco pudo evitar asustar a la dueña que entraba. Y es que lo que ella veía era un hombre "envuelto de arriba abajo en una colcha de raso amarillo, una galocha en la cabeza, y el rostro y los bigotes vendados: el rostro, por los aruños; los bigotes, porque no se le desmayasen y cayesen; en el cual traje parecía la más extraordinaria fantasma que se pudiera pensar."

Pero pronto se aclaró la situación y la dueña le explicó a don Quijote quien era y lo que quería de él. Y éste pronto aclaró que no estaba para ninguna petición celestinesca, que él estaba enamorado de Dulcinea.  Pero ella solo quería ayuda para su hija. Y de paso, también le daba pistas a nuestro caballero  sobre el verdadero carácter de Altisidora y de la duquesa.
...de esta mi muchacha se enamoró un hijo de un labrador riquísimo que está en una aldea del duque mi señor, no muy lejos de aquí. En efecto, no sé cómo ni cómo no, ellos se juntaron, y, debajo de la palabra de ser su esposo, burló a mi hija, y no se la quiere cumplir; y, aunque el duque mi señor lo sabe, porque yo me he quejado a él, no una, sino muchas veces, y pedídole mande que el tal labrador se case con mi hija, hace orejas de mercader y apenas quiere oírme; y es la causa que, como el padre del burlador es tan rico y le presta dineros, y le sale por fiador de sus trampas por momentos, no le quiere descontentar ni dar pesadumbre en ningún modo.» Querría, pues, señor mío, que vuesa merced tomase a cargo el deshacer este agravio, o ya por ruegos, o ya por armas, pues, según todo el mundo dice, vuesa merced nació en él para deshacerlos y para enderezar los tuertos y amparar los miserables; y póngasele a vuesa merced por delante la orfandad de mi hija, su gentileza, su mocedad, con todas las buenas partes que he dicho que tiene; que en Dios y en mi conciencia que de cuantas doncellas tiene mi señora, que no hay ninguna que llegue a la suela de su zapato, y que una que llaman Altisidora, que es la que tienen por más desenvuelta y gallarda, puesta en comparación de mi hija, no la llega con dos leguas. Porque quiero que sepa vuesa merced, señor mío, que no es todo oro lo que reluce; porque esta Altisidorilla tiene más de presunción que de hermosura, y más de desenvuelta que de recogida, además que no está muy sana: que tiene un cierto allento cansado, que no hay sufrir el estar junto a ella un momento. Y aun mi señora la duquesa... Quiero callar, que se suele decir que las paredes tienen oídos.
Tal y como acabó la dueña de contar su historia, de forma brusca entraron varias personas en los aposentos de don Quijote y tal fue el susto que la vela se le cayó a la mujer quedando la habitación a oscuras.
Luego sintió la pobre dueña que la asían de la garganta con dos manos, tan fuertemente que no la dejaban gañir, y que otra persona, con mucha presteza, sin hablar palabra, le alzaba las faldas, y con una, al parecer, chinela, le comenzó a dar tantos azotes, que era una compasión; y, aunque don Quijote se la tenía, no se meneaba del lecho, y no sabía qué podía ser aquello, y estábase quedo y callando, y aun temiendo no viniese por él la tanda y tunda azotesca. Y no fue vano su temor, porque, en dejando molida a la dueña los callados verdugos (la cual no osaba quejarse), acudieron a don Quijote, y, desenvolviéndole de la sábana y de la colcha, le pellizcaron tan a menudo y tan reciamente, que no pudo dejar de defenderse a puñadas, y todo esto en silencio admirable. Duró la batalla casi media hora; saliéronse las fantasmas, recogió doña Rodríguez sus faldas, y, gimiendo su desgracia, se salió por la puerta afuera, sin decir palabra a don Quijote, el cual, doloroso y pellizcado, confuso y pensativo, se quedó solo, donde le dejaremos deseoso de saber quién había sido el perverso encantador que tal le había puesto. Pero ello se dirá a su tiempo, que Sancho Panza nos llama, y el buen concierto de la historia lo pide.
Lleva otra vez nuestro caballero una rachita... Que no hay manera de que termine bien un capítulo.
 

domingo, 28 de junio de 2015

La soledad del mánager de Manuel Vázquez Montalbán

La soledad del mánager
Manuel Vázquez Montalbán
Editorial Planeta, 2004 (1977)
Un hombre aparece muerto con unas bragas de mujer en el bolsillo. La viuda encarga la investigación del caso a un «huelebraguetas» gallego, un detective privado de complejo pasado. Lo que parecía ser un ajuste de cuentas sexual se convierte en un ajuste de cuentas político que tiene como fondo la sociedad española a medio camino entre la muerte de Franco y el intento de consolidación democrática. Carvalho trata de compensar sus angustias e inhibiciones guisando un salmis de pato a las dos de la madrugada o haciendo el amor con la pasividad de un animal caliente pero escéptico.
Si Tatuaje me gustó, La soledad del mánager es aún mejor. Y desde luego, cuando pase un tiempo, seguiré con esta saga, que Carvalho se está haciendo, poco a poco, de mis personajes favoritos. Me recuerda mucho a Marlowe, ese gran personaje de Chandler. Como él, es cínico, irónico, un tanto pesimista y muy crítico con la sociedad en que le ha tocado vivir. Y es que son años difíciles. La muerte de Franco aún está muy cerca y España parece todavía no asimilarlo. Le cuesta despertar, le cuesta aceptar esa reciente democracia, esa libertad a la que no está acostumbrada. 

La investigación está perfectamente narrada. Ningún pero puedo ponerle. Pero lo mejor está realmente en su ambientación. Los pasos de Carvalho le llevarán a conocer a esa clase burguesa que hizo su riqueza en la dictadura franquista y no quiere que la democracia le impida seguir acumulando más dinero, más poder. Y para ello cambiarán sus ideales. Si antes eran franquistas, ahora serán demócratas. Porque el único ideal que ellos realmente siguen es el del poder del dinero. Y si para seguir manteniéndose ahí arriba, tienen que meter el miedo en la gente, lo harán, sin problemas. Mira que han pasado años, pero aún sigue describiendo la situación actual...
Creas la sensación de que el poder no controla la situación y de que el sistema político no sirve para garantizar el orden (...) Casi siempre en favor del propio poder, que así obtiene coartadas y cheques en blanco para hacer lo que le pasa por los cojones y como le pasa por los cojones.

No le tiembla la mano a Montalbán a la hora de denunciar y hacernos ver cómo fueron esos años de transición. Años llenos de corrupción, porque todo era válido para que en la cúspide del poder siguieran los mismos.

Y tampoco le tiembla a la hora de reflexionar sobre la cultura:
"Llenó el bidet y luego buscó en las páginas literarias y en ellas el escrito de Fernado Monegal, el mejor crítico español de teatro polaco, predilecto de Carvalho no sólo por la capacidad absorbente del papel sino por la no menor capacidad absorbente de lo impreso. Diríase que se establecía una síntesis inestimable entre el papel y el artículo en la función de dejar el año preparado para el definitivo lavado en el bidet."
 Una novela para leer y releer,  porque no sólo encontramos unos buenos personajes y una buena trama, sino que también hallamos una valiente visión de los acontecimientos de estos años. Y todo acompañado por una prosa de gran calidad que convierte la lectura de esta novela en un auténtico deleite.



jueves, 25 de junio de 2015

Las lecturas de Marta: ¡Peligro: yetis! de Eleanor Hawken

Cuando la vida de Samu empieza a volver a la normalidad, en el zoo aparece un gusano parlanchín pidiendo ayuda para encontrar a su mejor amigo, el jefe de los yetis, que ha sido secuestrado. ¡Menos mal que a Samu le echarán un cable su frikipandilla y la rana de los deseos, un anfibio muy peculiar!
Aventuras, humor, fantasía, acción... ¿Cómo no va a gustarle a mi hija este libro? Tanto lo ha disfrutado que hemos tenido que comprarle ya el primero de esta saga para ponerse al día con esta historia. Y enterarnos bien por qué toda la familia de Samu se convirtió en hombres lobos en el anterior libro. Promete ser una aventura también la mar de entretenida.
Con un lenguaje sencillo, fresco, ágil, no ha tenido problemas mi hija para devorar este libro en tres tardes. Y porque ahora es una época de año en que está disparatada, como buena niña que es, que si no, estoy segura que le hubiera durado menos. Y es que es un libro muy entretenido, muy dinámico, con capítulos cortos que terminan con la "intringulis" necesaria para querer continuar con el siguiente. Y también su éxito radica en la bonita y cuidada edición del libro. Son aspectos que hay que cuidar mucho cuando nos referimos al pequeño lector. Y en este sentido a este libro hay que ponerle un sobresaliente. En definitiva, un libro ideal para los lectores entre los nueve y los doce años aproximadamente.
¡Muchísimas gracias a la editorial Bruño por el ejemplar!

martes, 23 de junio de 2015

Leemos el Quijote (2º parte): Capítulo XLV y capítulo XLVI

http://bourbonstreet-porlomenix.blogspot.com.es/2015/01/reto-en-2015-leemos-el-quijote.html


Capítulo XLV:

Empieza este capítulo con un tono humorístico:
¡Oh perpetuo descubridor de los antípodas, hacha del mundo, ojo del cielo, meneo dulce de las cantimploras, Timbrio aquí, Febo allí, tirador acá, médico acullá, padre de la Poesía, inventor de la Música: tú que siempre sales, y, aunque lo parece, nunca te pones! A ti digo, ¡oh sol, con cuya ayuda el hombre engendra al hombre!; a ti digo que me favorezcas, y alumbres la escuridad de mi ingenio, para que pueda discurrir por sus puntos en la narración del gobierno del gran Sancho Panza; que sin ti, yo me siento tibio, desmazalado y confuso.
Y continúa en este mismo tono, al mencionar el nombre de la ínsula dada a Sancho:
Digo, pues, que con todo su acompañamiento llegó Sancho a un lugar de hasta mil vecinos, que era de los mejores que el duque tenía. Diéronle a entender que se llamaba la ínsula Barataria, o ya porque el lugar se llamaba Baratario, o ya por el barato con que se le había dado el gobierno.
Y Sancho, desde el principio, demuestra su personalidad, con orgullo. No quiere que lo llamen de "don", que nunca le han llamado de ese modo. 
-Pues advertid, hermano -dijo Sancho-, que yo no tengo don, ni en todo mi linaje le ha habido: Sancho Panza me llaman a secas, y Sancho se llamó mi padre, y Sancho mi agüelo, y todos fueron Panzas, sin añadiduras de dones ni donas; y yo imagino que en esta ínsula debe de haber más dones que piedras; pero basta: Dios me entiende, y podrá ser que, si el gobierno me dura cuatro días, yo escardaré estos dones, que, por la muchedumbre, deben de enfadar como los mosquitos. Pase adelante con su pregunta el señor mayordomo, que yo responderé lo mejor que supiere, ora se entristezca o no se entristezca el pueblo. 
Y todos están dispuestos a seguir burlándose de Sancho, pero éste demuestra sensatez e incluso sabiduría en sus primeros juicios.

-Señor gobernador, yo y este hombre labrador venimos ante vuestra merced en razón que este buen hombre llegó a mi tienda ayer (que yo, con perdón de los presentes, soy sastre examinado, que Dios sea bendito), y, poniéndome un pedazo de paño en las manos, me preguntó: ''Señor, ¿habría en esto paño harto para hacerme una caperuza?'' Yo, tanteando el paño, le respondí que sí; él debióse de imaginar, a lo que yo imagino, e imaginé bien, que sin duda yo le quería hurtar alguna parte del paño, fundándose en su malicia y en la mala opinión de los sastres, y replicóme que mirase si habría para dos; adivinéle el pensamiento y díjele que sí; y él, caballero en su dañada y primera intención, fue añadiendo caperuzas, y yo añadiendo síes, hasta que llegamos a cinco caperuzas, y ahora en este punto acaba de venir por ellas: yo se las doy, y no me quiere pagar la hechura, antes me pide que le pague o vuelva su paño.

-¿Es todo esto así, hermano? -preguntó Sancho.

-Sí, señor -respondió el hombre-, pero hágale vuestra merced que muestre las cinco caperuzas que me ha hecho.

-De buena gana -respondió el sastre.

Y, sacando encontinente la mano debajo del herreruelo, mostró en ella cinco caperuzas puestas en las cinco cabezas de los dedos de la mano, y dijo:

-He aquí las cinco caperuzas que este buen hombre me pide, y en Dios y en mi conciencia que no me ha quedado nada del paño, y yo daré la obra a vista de veedores del oficio.

Todos los presentes se rieron de la multitud de las caperuzas y del nuevo pleito. Sancho se puso a considerar un poco, y dijo:

-Paréceme que en este pleito no ha de haber largas dilaciones, sino juzgar luego a juicio de buen varón; y así, yo doy por sentencia que el sastre pierda las hechuras, y el labrador el paño, y las caperuzas se lleven a los presos de la cárcel, y no haya más.

Si la sentencia pasada de la bolsa del ganadero movió a admiración a los circunstantes, ésta les provocó a risa; pero, en fin, se hizo lo que mandó el gobernador; ante el cual se presentaron dos hombres ancianos; el uno traía una cañaheja por báculo, y el sin báculo dijo:

-Señor, a este buen hombre le presté días ha diez escudos de oro en oro, por hacerle placer y buena obra, con condición que me los volviese cuando se los pidiese; pasáronse muchos días sin pedírselos, por no ponerle en mayor necesidad de volvérmelos que la que él tenía cuando yo se los presté; pero, por parecerme que se descuidaba en la paga, se los he pedido una y muchas veces, y no solamente no me los vuelve, pero me los niega y dice que nunca tales diez escudos le presté, y que si se los presté, que ya me los ha vuelto. Yo no tengo testigos ni del prestado ni de la vuelta, porque no me los ha vuelto; querría que vuestra merced le tomase juramento, y si jurare que me los ha vuelto, yo se los perdono para aquí y para delante de Dios.

-¿Qué decís vos a esto, buen viejo del báculo? -dijo Sancho.

A lo que dijo el viejo:

-Yo, señor, confieso que me los prestó, y baje vuestra merced esa vara; y, pues él lo deja en mi juramento, yo juraré como se los he vuelto y pagado real y verdaderamente.

Bajó el gobernador la vara, y, en tanto, el viejo del báculo dio el báculo al otro viejo, que se le tuviese en tanto que juraba, como si le embarazara mucho, y luego puso la mano en la cruz de la vara, diciendo que era verdad que se le habían prestado aquellos diez escudos que se le pedían; pero que él se los había vuelto de su mano a la suya, y que por no caer en ello se los volvía a pedir por momentos. Viendo lo cual el gran gobernador, preguntó al acreedor qué respondía a lo que decía su contrario; y dijo que sin duda alguna su deudor debía de decir verdad, porque le tenía por hombre de bien y buen cristiano, y que a él se le debía de haber olvidado el cómo y cuándo se los había vuelto, y que desde allí en adelante jamás le pidiría nada. Tornó a tomar su báculo el deudor, y, bajando la cabeza, se salió del juzgado. Visto lo cual Sancho, y que sin más ni más se iba, y viendo también la paciencia del demandante, inclinó la cabeza sobre el pecho, y, poniéndose el índice de la mano derecha sobre las cejas y las narices, estuvo como pensativo un pequeño espacio, y luego alzó la cabeza y mandó que le llamasen al viejo del báculo, que ya se había ido. Trujéronsele, y, en viéndole Sancho, le dijo:

-Dadme, buen hombre, ese báculo, que le he menester.

-De muy buena gana -respondió el viejo-: hele aquí, señor.

Y púsosele en la mano. Tomóle Sancho, y, dándosele al otro viejo, le dijo:

-Andad con Dios, que ya vais pagado.

-¿Yo, señor? -respondió el viejo-. Pues, ¿vale esta cañaheja diez escudos de oro?

-Sí -dijo el gobernador-; o si no, yo soy el mayor porro del mundo. Y ahora se verá si tengo yo caletre para gobernar todo un reino.

Y mandó que allí, delante de todos, se rompiese y abriese la caña. Hízose así, y en el corazón della hallaron diez escudos en oro. Quedaron todos admirados, y tuvieron a su gobernador por un nuevo Salomón.

Preguntáronle de dónde había colegido que en aquella cañaheja estaban aquellos diez escudos, y respondió que de haberle visto dar el viejo que juraba, a su contrario, aquel báculo, en tanto que hacía el juramento, y jurar que se los había dado real y verdaderamente, y que, en acabando de jurar, le tornó a pedir el báculo, le vino a la imaginación que dentro dél estaba la paga de lo que pedían. De donde se podía colegir que los que gobiernan, aunque sean unos tontos, tal vez los encamina Dios en sus juicios; y más, que él había oído contar otro caso como aquél al cura de su lugar, y que él tenía tan gran memoria, que, a no olvidársele todo aquello de que quería acordarse, no hubiera tal memoria en toda la ínsula. Finalmente, el un viejo corrido y el otro pagado, se fueron, y los presentes quedaron admirados, y el que escribía las palabras, hechos y movimientos de Sancho no acababa de determinarse si le tendría y pondría por tonto o por discreto. 

Capítulo XLVI:

Volvemos con don Quijote en este capítulo. Preocupado por el amor que cree que siente Altisidora por él, decide cantarle unos versos.

-Haga vuesa merced, señora, que se me ponga un laúd esta noche en mi aposento, que yo consolaré lo mejor que pudiere a esta lastimada doncella; que en los principios amorosos los desengaños prestos suelen ser remedios calificados.
Los duques aprovechan la situación para burlarse de nuestro caballero de nuevo. Así, dejan que don Quijote recite sus versos:
-Suelen las fuerzas de amor
sacar de quicio a las almas,
tomando por instrumento
la ociosidad descuidada.
Suele el coser y el labrar,
y el estar siempre ocupada,
ser antídoto al veneno
de las amorosas ansias.
Las doncellas recogidas
que aspiran a ser casadas,
la honestidad es la dote
y voz de sus alabanzas.
Los andantes caballeros,
y los que en la corte andan,
requiébranse con las libres,
con las honestas se casan.
Hay amores de levante,
que entre huéspedes se tratan,
que llegan presto al poniente,
porque en el partirse acaban.
El amor recién venido,
que hoy llegó y se va mañana,
las imágines no deja
bien impresas en el alma.
Pintura sobre pintura
ni se muestra ni señala;
y do hay primera belleza,
la segunda no hace baza.
Dulcinea del Toboso
del alma en la tabla rasa
tengo pintada de modo
que es imposible borrarla.
La firmeza en los amantes
es la parte más preciada,
por quien hace amor milagros,
y asimesmo los levanta. 
Y justo al terminar su poema...
...desde encima de un corredor que sobre la reja de don Quijote a plomo caía, descolgaron un cordel donde venían más de cien cencerros asidos, y luego, tras ellos, derramaron un gran saco de gatos, que asimismo traían cencerros menores atados a las colas. Fue tan grande el ruido de los cencerros y el mayar de los gatos, que, aunque los duques habían sido inventores de la burla, todavía les sobresaltó; y, temeroso, don Quijote quedó pasmado. Y quiso la suerte que dos o tres gatos se entraron por la reja de su estancia, y, dando de una parte a otra, parecía que una región de diablos andaba en ella. Apagaron las velas que en el aposento ardían, y andaban buscando por do escaparse. El descolgar y subir del cordel de los grandes cencerros no cesaba; la mayor parte de la gente del castillo, que no sabía la verdad del caso, estaba suspensa y admirada.
Creyó, de nuevo, don Quijote, que los hechiceros volvían a atacarle y se enfrentó a los gatos con todo su valor, pero de poco le sirvió.

Y, volviéndose a los gatos que andaban por el aposento, les tiró muchas cuchilladas; ellos acudieron a la reja, y por allí se salieron, aunque uno, viéndose tan acosado de las cuchilladas de don Quijote, le saltó al rostro y le asió de las narices con las uñas y los dientes, por cuyo dolor don Quijote comenzó a dar los mayores gritos que pudo. Oyendo lo cual el duque y la duquesa, y considerando lo que podía ser, con mucha presteza acudieron a su estancia, y, abriendo con llave maestra, vieron al pobre caballero pugnando con todas sus fuerzas por arrancar el gato de su rostro. Entraron con luces y vieron la desigual pelea; acudió el duque a despartirla, y don Quijote dijo a voces:

-¡No me le quite nadie! ¡Déjenme mano a mano con este demonio, con este hechicero, con este encantador, que yo le daré a entender de mí a él quién es don Quijote de la Mancha!

Pero el gato, no curándose destas amenazas, gruñía y apretaba. Mas, en fin, el duque se le desarraigó y le echó por la reja.

Quedó don Quijote acribado el rostro y no muy sanas las narices, aunque muy despechado porque no le habían dejado fenecer la batalla que tan trabada tenía con aquel malandrín encantador.
Y encima tuvo que aguantar que mientras era curado, Altisidora le dijera estas palabras a su oído:
-Todas estas malandanzas te suceden, empedernido caballero, por el pecado de tu dureza y pertinacia; y plega a Dios que se le olvide a Sancho tu escudero el azotarse, porque nunca salga de su encanto esta tan amada tuya Dulcinea, ni tú lo goces, ni llegues a tálamo con ella, a lo menos viviendo yo, que te adoro. 
Los duques terminan algo pesarosos, porque no pensaban que la burla terminara de ese modo. Y es que en ningún momento estos personajes piensan en las consecuencias de sus actos.

domingo, 21 de junio de 2015

Un beso de amigo de Juan Madrid

Un beso de amigo
Juan Madrid
Zeta Bolsillo,  2008 (1980)
Novela negra de la buena, castiza y con buenos toques de humor. La primera entrega de la serie dedicada a Toni Romano. En ella, el protagonista vive la transición democrática en Madrid, frecuentando los bajos fondos al tiempo que descorre el velo de la corrupción y del poder del dinero.

Llevaba ya tiempo queriendo leer a este autor y la yincana organizada por Kayena y Carmina me ha dado el empujón definitivo para coger alguno de sus libros de la biblioteca. Y elegí este primer libro protagonizado por Toni Romano. 

Y me ha gustado. Sí digo que lo hubiera disfrutado más si no hubiera enlazado tantas novelas negras seguidas y noto que empiezo a cansarme de tantos crímenes y de este mundo tan sórdido. Empiezo a necesitar algo más optimista. Pero sí, es un buen libro, con todos los ingredientes necesarios para una buena novela negra: asesinatos, mucha acción, la rubia despampanante, desapariciones... Y un personaje principal con mucha personalidad. Tony Romano es un exboxeador y expolicía. Ni siquiera Tony Romano es su verdadero nombre. Es el nombre con el que se le conocía cuando se dedicaba a dar puñetazos en el ring. Pero es mejor para su oficio de detective que su verdadero nombre, Antonio Carpintero. Y Tony Romano es un hombre seguro de sí mismo, confiado, que le gusta hacer las cosas a su manera. Que no se vende solo por dinero. Que le gusta evitar los problemas innecesarios. Realmente el caso que le ocupa en esta novela no es un caso que le guste, no quiere dedicarse a él, más bien es arrastrado por las circunstancias para ocuparse de él.  

Destaca esta novela también por su ambientación. Consigue el autor que retrocedamos en el tiempo y paseemos por el Madrid de finales de los 70 y  primeros años 80, esos años difíciles de la transición. En los que aún vive el miedo a Franco, en los que aún da miedo ver un uniforme de policía... 

Otro gran acierto es el estilo del autor, sencillo, directo, contundente. Apenas hay descripciones y cuando las hay ni sobran ni faltan palabras. Sí hay muchos diálogos, muy coloquiales, naturales, nada forzados. Y a través de ellos conocemos a los personajes que van apareciendo en esta novela.  

El ritmo es frenético en esta novela. En las primeras páginas ya el autor nos presenta a Toni Romano metido en faena, buscando a una joven desaparecida. Y a partir de ese momento la acción es continúa y no hay ni descanso ni momento para el aburrimiento hasta llegar a la última página.  

Me ha convencido Toni Romano. Tanto, que cuando descanse un poco del género, seguro que volveré a la biblioteca a seguir disfrutando de sus investigaciones, que también tiene unas pocas.