Nada se opone a la nocheDelphine de Vigan
Traducción por Juan Carlos Durán
Anagrama, 2012
Después de encontrar a su madre muerta en misteriosas circunstancias,
Delphine de Vigan se convierte en una sagaz detective dispuesta a
reconstruir la vida de la desaparecida. Los cientos de fotografías
tomadas durante años, la crónica del abuelo de Delphine, registrada en
cintas de casete, las vacaciones de la familia filmadas en súper ocho o
las conversaciones mantenidas por la escritora con sus hermanos son los
materiales de los que se nutre la memoria. Nos hallamos ante una
espléndida y sobrecogedora crónica familiar, pero también ante una
reflexión sobre la «verdad» de la escritura, porque son muchas las
versiones de una misma historia y narrar implica elegir una de esas
versiones y una manera de contarla. Y esta elección a veces es dolorosa,
porque en el viaje de la cronista al pasado de su familia irán
aflorando los secretos más oscuros.
Novela dura, dolorosa, intensa, auténtica... Y es dura porque todo lo que cuenta la autora es real. A raíz del suicidio de su madre, la escritora decide investigar sobre ella. Y será a través de conversaciones con sus tíos, gracias a las cintas grabadas de su abuelo George, a través de fotos que encuentra en una caja, que empieza a conocer verdaderamente a su madre, descubriendo secretos del pasado que le van a doler y mucho. Y es que su vida sobrecoge. ¿Qué pasó para que, de ser una niña hermosa, reclamada para posar como modelo de fotografía, se convirtiera en una mujer desequilibrada que decide ponerle punto y final a su vida? A través de la vida de su madre, también vamos descubriendo la vida de su familia. Una historia también trágica, también dolorosa. Y descubriremos hechos que nos incomodarán, que nos dolerán y nos harán comprender mejor a su madre. Secretos guardados durante mucho tiempo que la escritora duda si reverlarlos o no. Porque son tan duros... Duele mucho esta lectura, no lo voy a negar, pero es imposible querer apartarse de ella. La prosa de De Vigan, sencilla y directa, y, al mismo tiempo, sensible y delicada, te arrastra y no te suelta.

La habitación de invitados Helen Garner
Traducción por Isabel Ferrer
Salamandra, 2010
Con un claro tono autobiográfico (la protagonista se llama Helen y es una escritora de más de sesenta y cinco años, al igual que la autora), La habitación de invitados narra un episodio de la amistad entre dos mujeres que deben enfrentarse a la grave enfermedad de una de ellas.
Helen, que vive en Melbourne cerca de sus nietos, prepara con esmero el cuarto de invitados mientras espera la llegada de su vieja amiga Nicola, igualmente bohemia e independiente pero sin hijos, que viene a quedarse tres semanas para completar un tratamiento de medicina alternativa en la ciudad. Muy pronto se hace evidente que Nicola está más enferma de lo que ella misma está dispuesta a aceptar, y Helen, convertida en enfermera, ángel de la guarda y juez, apenas puede disimular su desacuerdo con el extravagante tratamiento en el que su amiga confía ciegamente.
Exenta de sentimentalismo, pero llena de sentimiento, inteligencia y humor,La habitación de invitados ahonda en los múltiples sacrificios que exige la amistad y se pregunta dónde están los límites de nuestra generosidad, de nuestra paciencia, de nuestra capacidad para el autoengaño o de nuestro miedo a la muerte. Así, desde los primeros compases de la narración, el lector se deja llevar por la voz concisa, sutil y decididamente honesta de la narradora, a medida que ésta afronta con valentía un episodio extremadamente difícil de la vida.
Empezamos la novela conociendo a Helen, quien está preparando su casa para la visita de Nicola, una vieja amiga, que tiene cáncer, ya en fase terminal. Nicola va a permanecer en su casa tres semanas. Las mismas tres semanas que dura el tratamiento al que va a ser sometida. Su última esperanza. Y Helen no esperaba en ningún momento que esas tres semanas iban a resultar tan difíciles. Difícil porque tiene que ver como la vida de su amiga se apaga, como es engañada por esa clínica con promesas que sabe no van a cumplir. Y, sobre todo, porque ve como su amiga se agarra a esas promesas y no abre los ojos ante ese engaño. ¡Qué rabia da ver como hay gente que se aprovecha de la desgracia de otros!
Y tampoco imaginaba que convivir con un enfermo iba a ser tan difícil. Helen intenta dar lo mejor de sí misma cuidando a su amiga, pero a veces ve que eso no es suficiente. E intenta poner su mejor cara y hacerlo lo mejor posible, pero todo el mundo tiene un límite. Y cuando llega, estalla. Y no puede evitar soltar todas las verdades que siente. Y sobre todo, no puede evitar enfadarse con ella cuando ve que ese tratamiento no le está haciendo nada, sino más bien al contrario. La deja sin fuerzas, con unos dolores inmensos. Pero Nicola no quiere ver. Prefiere agarrarse a la esperanza que saber la verdad. Y Helen no puede más. Porque la enfermedad de Nicola cada vez exige más. Y ser cuidador, también agota.
Lo mejor de esta novela son, indudablemente, sus dos personajes, Helen y Nicola. Perfectamente retratados. Dos personajes muy humanos, con sus virtudes y sus defectos. Porque comprendemos a Helen quien se enfada con su amiga por dejarse engañar de esa manera y desperdiciar así los últimos años de su vida. Porque comprendemos su cansancio. Porque comprendemos hasta ese momento en que piensa que su amiga está abusando de su amistad. Pero también comprendemos a Nicola, quien quiere aferrarse a la vida, que no concibe que ese es el final, que quiere luchar para seguir viviendo. Y si tiene que molestar a sus amistades para ello, ¿por qué no va a hacerlo? ¿No es eso la amistad? ¿O es que hay límites? Y así, vamos comprendiendo a una y a otra.
Una lectura que me ha hecho reflexionar, que me ha gustado más de lo que esperaba, sobre todo, porque esperaba un tono más pesimista y éste no aparece en ningún momento, algo que se agradece mucho. Incluso hay momentos en que te arranca más de una sonrisa. Muy recomendable.