La señora Dalloway
Virginia Woolf
Traducido por José Luis López Muñoz
Alianza, 2012
Virginia Woolf (1882-1941) halló en la amalgama de sentimientos, pensamientos y emociones que es la subjetividad el material apropiado para escribir novelas y relatos que contribuyeron a forjar la sensibilidad contemporánea. Publicada en 1925, "La señora Dalloway" relata un día en la vida de una mujer de la clase alta londinense desde el punto de vista de una conciencia que experimenta con plena intensidad cada instante vivido, en el que se condensan el pasado, el entorno y el presente.
Lo original en esta novela reside en la forma en que Virginia Woolf lo cuenta todo. Ella nos mete de lleno en los pensamientos de cada uno de los personajes que van apareciendo a lo largo de esta historia. Y a través de estos pensamientos, conocemos su pasado, su presente y somos capaces incluso de adivinar cómo va a ser su futuro... Y cuando digo "nos mete de lleno" es tal cual. Vamos a conocer a los personajes desde dentro. Cada pensamiento que se le cruce por la cabeza, cada sentimiento, cada recuerdo... Sin orden, yendo de un pensamiento a otro, de un personaje a otro, volviendo... Al principio cuesta adaptarse un poco, pero en cuanto te haces a su estilo, poco tardas en disfrutar de la historia, de la exquisita prosa de la autora y, sobre todo, de sus personajes.
Son muchos los temas que trata, todos bastante duros, pero se agradece que no se recree en la tragedia, en el dramatismo. La muerte está muy presente a lo largo de toda la novela. El suicidio, la homosexualidad, la depresión... Me sorprende al tratar este último tema, porque trata de una forma absolutamente maravillosa la depresión que siente el soldado que vuelve tras la guerra. No sé si este tema ha sido tratado antes de esta novela, pero desde luego tengo que recalcar que la autora lo hace de forma magistral.
Otra de las grandes virtudes de esta novela reside en sus personajes. No sé si será porque en todos ellos hay mucho de la propia autora, pero todos se sienten tan creíbles, tan reales, tan humanos, que no me ha costado nada empatizar con ellos, creérmelos, sentir todo lo que ellos sienten, sus deseos, sus sueños, sus alegrías, sus frustraciones...
Una pequeña joya. Admito que su lectura puede, al principio, resultar difícil, pero el esfuerzo en este caso merece la pena. En cuanto te haces a su estilo, disfrutas de todos los matices que la autora impregna a cada frase. Y te deja con ganas de leerlo de nuevo y seguir descubriéndolos.



