Berta Isla
Javier Marías
Alfaguara, 2017
«Durante un tiempo no estuvo segura de si su marido era su marido. A veces creía que sí, a veces creía que no, y a veces decidía no creer nada y seguir viviendo su vida con él, o con aquel hombre semejante a él, mayor que él. Pero también ella se había hecho mayor por su cuenta, en su ausencia, era muy joven cuando se casó. »
Muy jóvenes se conocieron Berta Isla y Tomás Nevinson en Madrid, y muy pronta fue su determinación de pasar la vida juntos, sin sospechar que los aguardaba una convivencia intermitente y después una desaparición. Tomás, medio español y medio inglés, es un superdotado para las lenguas y los acentos, y eso hace que, durante sus estudios en Oxford, la Corona ponga sus ojos en él. Un día cualquiera, «un día estúpido» que se podría haber ahorrado, condicionará el resto de su existencia, así como la de su mujer.
Berta Isla es la envolvente y apasionante historia de una espera y de una evolución, la de su protagonista. También de la fragilidad y la tenacidad de una relación amorosa condenada al secreto y a la ocultación, al fingimiento y a la conjetura, y en última instancia al resentimiento mezclado con la lealtad.
O, como dice una cita de Dickens hacia el final del libro, es la muestra de que «cada corazón palpitante es un secreto para el corazón más próximo, el que dormita y late a su lado». Y es también la historia de quienes quieren parar desgracias e intervenir en el universo, para acabar encontrándose desterrados de él.
Berta Isla fue la lectura elegida para el club de lectura en el mes de febrero. Llevaba años sin acercarme a este autor y mira que me gustaron el par de novelas suyas que leí, aunque hace tantos años que reconozco que apenas las recuerdo. Lo que sí recuerdo es que, aunque me gustaron, no fueron lecturas sencillas. Era de estas que necesitas estar plenamente concentrado para poder enterarte y disfrutar de todo.
(Reedito aquí un poco mi reseña para señalar algo. Leí Todas las almas y Corazón tan blanco con veintipocos... Ahora tengo treinta años más. Quizás lo que antes veía más complicado de entender, ahora me resulte más sencillo).
Así que esta vez me ha sorprendido encontrarme con un lenguaje más fluido, más sencillo... No es exactamente sencillo... No sé explicarme. El lenguaje está cuidado con absoluto mimo. Nada está al azar en esta novela. Cada palabra, cada frase... Está bien pensada y puesta donde debe estar. Pero el autor lo hace de un modo que parece sencillo, fácil... Pero no lo es. Son abundantes sus descripciones, pero necesarias para captar todo el sentido de esta historia. Son muchas las reflexiones, muchas las referencias literarias. Y todas aparecen en el momento justo, ni sobran ni faltan. Y son absolutamente necesarias para comprender toda la obra. Porque cuando llegas al final te das cuenta que conoces a los personajes al milímetro.
La absoluta protagonista es Berta, quien, como la Penélope de La Odisea, pasa la mayor parte de la novela esperando a su marido, que está... Ni siquiera sabe dónde está. Y será, cuando esté ausente, cuando comience a conocerlo realmente, cuando averigüe una faceta suya que va a sorprenderla, que no sabrá en muchos momentos asumir. Serán tantas sus dudas, sus temores... Sin saber si debe seguir esperando, si debe rehacer su vida, sin saber qué hacer. Con tantas y tantas preguntas y sin apenas respuestas.
No es una novela de acción. Es una novela de ritmo lento, para disfrutar pausadamente de la excelente prosa de su autor y del extraordinario análisis psicológico de sus personajes.

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