La gardenia blanca de ShangáiDesde que ví este libro en el blog de Bookworm quería leerlo, y el otro día por fin me topé con él en la biblioteca y no pude desaprovechar la oportunidad. Y es que la preciosa portada me estaba llamando desde la estantería y no pude desatender su llamada.
Belinda Alexandra
Trad: Julia C. Gómez
Editorial Martínez Roca, 2010
Y no me arrepiento para nada de haber leído este libro. Sin ser una obra maestra del género, se deja leer fácilmente. Y es que las aventuras y desventuras de Anya te tienen en vilo y quieres saber cuál va a ser el próximo paso que va a dar, y cuál va a ser el próximo destino.
El gran mérito de la autora con esta obra reside en el haber sido capaz de crear una bonita historia de amor entre una madre y su hija y hacer a su vez una extensa ambientación histórica del período en que se desarrolla la trama. No es del todo rigurosa, pero hay que recordar que es una novela y que la autora se va a valer de ciertas licencias para desarrollar mejor su historia. Pero éstas son pocas, y Belinda Alexandra nos acerca a una época de la que, hasta ahora, no había leído mucho y bien poco conocía.
Tras la revolución bolchevique, fueron muchos los rusos que tuvieron que huir de su país por miedo a las represalías. Y este es el caso de los padres de Anya, la protagonista de esta novela. Ellos huyeron a China, donde nació su hija y donde vivían felizmente hasta que un día el padre murió en un accidente de coche. Es a partir de ese momento cuando las cosas empiezan a torcerse. Anya ve como todo su mundo se desmorona cuando el comunismo se instala de forma brutal en China. Las represalías contra todo aquel que esté en contra de su ideología o hayan ayudado a los japoneses mientras estos ocupaban China no se hacen esperar.
Separada de su madre, Anya se refugiará en Shangai en casa de unos amigos de la familia. Ahí vivirá una vida de cuento, pero cuyo final poco parecido tiene con este tipo de relatos. Luego tendrá que huir, como muchos otros rusos, a la isla filipina de Tubabao. La vida ahí no será fácil, sobre todo, por las condiciones climatológicas, con continuas tormentas y tifones. Pero ahí conocerá a Ruselina e Irina, dos personas que se convertirán en una parte importante en su vida. Ellas se convertirán en su nueva familia. En la isla prepararán su posterior salida a Australia, donde por fin se asentará y empezará a construir una nueva vida. Una vida que le seguirá deparando sorpresas, unas agradables, otras no, pero que Anya será incapaz de disfrutar aún porque sólo tiene un deseo: encontrar a su madre.
Es un libro que me ha gustado mucho porque me ha permitido conocer una parte de la historia europea que conozco poco. Hasta ahora no me había parado a pensar en cómo sería la vida de esos rusos que, contrarios a Lenin, tuvieron que huir de su país y emprender una nueva vida en otros lugares. Y es lo que en este libro se refleja muy bien. Shanghai se convierte en el refugio de muchos, pero tendrán que huir de ahí desesperadamente cuando el régimen comunista se implanta en China. Familias se verán separadas porque los países que se ofrecen a acogerlos lo hacen con requisitos. Así Francia será el único país que acoja a gente que esté enferma y no pueda ser productiva para ningún país. El resto irán a Estados Unidos y Australia. Estados Unidos se convierte en la esperanza de muchos de una vida mejor mientras que Australia es un país que presenta aún muchas incógnitas. Aún virgen, aun salvaje, es un país nuevo casi por construir y necesita de mucha mano joven. Pero a pesar de esa necesidad, las dificultades de integración de los rusos serán muchas, por el idioma, porque serán marginados en muchas situaciones...
Pero, sobre todo, lo que encontramos en esta lectura es una bonita historia de esperanza, de perseverancia, de lucha y, sobre todo, de amor entre una hija y su madre.
