Mostrando entradas con la etiqueta Bernhard Schlink. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Bernhard Schlink. Mostrar todas las entradas

martes, 19 de julio de 2011

El lector de Bernhard Schlink


Una obra inmensa es que la que Bernhard Schlink nos ofrece con El lector. En ella nos cuenta la historia de un joven de unos 15 años, Michael Berg, quien descubre el amor gracias a Hanna, una mujer 20 años mayor que él. Una mujer de la que sabe poco y que desaparecerá de su vida sin saber nada de ella. Hasta que siete años después vuelve a reencontrarse con ella cuando es juzgada por haber colaborado con los nazis al haber trabajado como guardiana de los campos de concentración. 
La novela está dividida en tres partes. En la primera parte se nos cuenta como se inició esta relación de amor. Y el elemento más importante de toda la novela aparece ya en esta parte: antes de hacer el amor ella le obliga a que le lea un libro. Un detalle: el título de la novela en alemán, Der Vorleser, significa "el lector en voz alta" ( no sé alemán, que conste, es que el google es fabuloso). Pero esta relación está destinada a no terminar bien. Él es joven, y pronto empieza a sentir necesidad de estar con gente de su edad. Empieza en parte a rechazar a Hanna. Y en este momento de la novela ella desaparece.
“El verano fue el vuelo sin motor de nuestro amor. O, mejor dicho, de mi amor por Hanna; de su amor por mí no sé nada.
“Cuando empecé a tomar parte de la vida social con gente de mi edad, la vida ya no giraba en torno a ella. Empecé a preguntarme si prefería estar con mis amigos o con ella. Hanna advirtió este cambio y no le gustó y me ignoró. Y eso tampoco me gustó a mí y me sentí lleno de rencor”.
“La mirada fría de la piscina se convirtió en el símbolo de mi desinterés, que me había hecho negarla y traicionarla. Y ella, para castigarme, se fue”.

La segunda parte tiene lugar 7 años después. Michael está terminando sus estudios de Derecho cuando acude a un juicio y encuentra a Hanna, acusada de haber trabajado para los nazis como guardiana de los campos de concentración. Los sentimientos de Michael son indecisos. Por un lado, sus sentimientos hacen que quiera comprender a Hanna, pero por otro, lo monstruoso de los hechos hace que no pueda comprenderlo.

Quería comprender y al mismo tiempo condenar el crimen de Hanna. Pero su crimen era demasiado terrible. Quería tener sitio en mi interior para ambas cosas: la comprensión y la condena. Pero las dos cosas al mismo tiempo no podían ser”…

Y en esta parte Hanna se nos revela como un personaje difícil de comprender. Hay otro secreto en ella, que Michael también descubre, que puede ayudarla en el juicio pero que no usa. Y es para ella este detalle parece ser peor que su pasado nazi. Y Michael se debate entre revelar esa verdad o no. No contaré que hace al final porque sería revelar demasiado del libro, pero sí encontramos en esta parte fragmentos  que te hacen reflexionar mucho.  
"-¿Y, concretamente, qué es lo que quieres entender? ¿Entiendes, por ejemplo, que se mate por pasión, por amor, por odio, por honor, por venganza?
Asentí con la cabeza.
-¿Entiendes también que se mate por dinero o poder? ¿Que se mate en la guerra o en una revolución?
-Pero... -repliqué, asintiendo de nuevo con la cabeza.
-Pero los que murieron asesinados en los campos no les habían hecho nada a sus asesinos, ¿verdad? ¿Es eso lo que quieres decir? ¿Que no había ningún motivo para el odio, que no estaban en guerra los unos con los otros?
Esa vez no asentí. Lo que aquel hombre estaba diciendo era inatacable, pero no me gustaba la manera en que lo decía.
-Tienes razón. No estaban en guerra ni tenían ningún motivo para odiar. Pero tampoco los verdugos odian a los condenados a muerte, y sin embargo los ejecutan. Se lo han ordenado así. ¿Piensas que lo hacen porque se lo han ordenado así? Seguramente piensas que estoy hablando del tema de la obediencia debida y que en cualquier momento voy a salir con aquello de que los guardianes de los campos de concentración sólo eran unos subordinados que tenían que obedecer.
Rió con tono despectivo.
-No, no estoy hablando de la obediencia debida. El verdugo no obedece órdenes. Simplemente hace su trabajo; no odia a las personas a las que ejecuta, no lo hace por venganza, no las mata porque se interpongan en su camino o lo amenacen o lo ataquen. Le son completamente indiferentes. Tan indiferentes, que le da lo mismo matarlas que no matarlas."
 La tercera parte transcurre unos años después. Hanna está cumpliendo condena, pero a pesar de ello Michael decide retomar en parte su relación. Decide nuevamente leer para ella, así que decide grabarse en cintas y enviárselas. Nunca le escribe nada. Su relación se basa en estas cintas de cassettes. Nada más. Y nada más voy a revelar de esta parte que ya sería decir mucho de la trama. 

Me ha resultado curioso que, a pesar de ser un libro que he disfrutado mucho, ninguno de sus personajes me han caído bien. Michael, porque de adolescente me parece un joven inmaduro y caprichoso; y de mayor me sigue pareciendo igual de inmaduro. No es capaz de superar un desamor del pasado y el sentimiento de culpa le persigue. En la primera parte se sentía culpable de la huida de Hannah; en la segunda, se sentía culpable de haber querido y de seguir queriendo a alguien como ella; y en la tercera...¡uys! Que por poco lo cuento. 
Y Hannah tampoco es de mi agrado porque durante su aventura con Michael, sin saber aún nada de ella, tiene momentos en los que es irascible, violenta... Luego, cuando descubres quién es realmente, no puedes simpatizar con ella absolutamente en nada, obviamente. 
Pero es una novela que sorprende porque, a pesar de su brevedad, nos cuenta muchas cosas. Nos hace reflexionar constantemente. Y no por ello deja de ser una lectura fácil. Consigue engancharte página tras página, queriendo saber más de la historia, pero cada vez que terminas un capítulo tienes que detenerte y pensar en todo lo que te ha revelado.

“Hoy, cuando pienso en aquellos años me pregunto algo que ya por entonces empecé a cuestionarme: ¿cómo debíamos interpretar la segunda generación, la mía, la información que recibíamos sobre los horrores del exterminio de los judíos? No podemos aspirar a comprender lo que en sí es incomprensible, ni tenemos derecho a comparar lo que en sí es incomparable, ni a hacer preguntas. ¿Debemos asumirlo, pues, como algo ante lo que sólo se puede enmudecer, presa del espanto, la vergüenza y la culpabilidad? Sólo me pregunto si las cosas debían ser así: unos pocos condenados y castigados, y nosotros, la generación siguiente, enmudecida por el espanto, la vergüenza y la culpabilidad.”
"¿Por qué? ¿Por qué lo que fue hermoso, cuando miramos atrás, se nos vuelve quebradizo al saber que ocultaba verdades amargas? ¿Por qué se oscurece el recuerdo de unos meses felices de matrimonio cuando nos enteramos que el otro tuvo un amante durante todo ese tiempo? ¿Acaso porque en semejante situación no se puede ser feliz? Y, sin embargo, ¡era feliz! A veces un final doloroso hace que el recuerdo traicione la felicidad pasada, aunque no haya llegado aun ese final, ¿o sí?. A lo mejor es que la única felicidad verdadera es la que dura siempre. Porque sólo puede tener un final doloroso de por sí, aunque no fuéramos conscientes de ello, aunque lo ignorásemos. Pero un dolor inconsciente e ignorado... ¿es dolor?"