Hubo un tiempo en que corsarios británicos, bucaneros franceses y filibusteros holandeses eran los amos del Caribe. Pero poco se ha contado de piratas españoles como Íñigo Santa Cruz, forzado a convertirse en caballero de fortuna por una patria que desampara a sus propios hijos y los obliga a vagar por el mundo. En aquella misma época también había tesoros fantásticos como el de la Dama del mar, por el que Henry Morgan organizará la mayor flota de filibusteros jamás conocida, ciudades como Panamá, que se dicen inexpugnables y encienden la codicia de los hombres, y mujeres como Elena, capaces de provocar la pasión y la ternura del corsario más insensible. El príncipe de los piratas es la historia de Íñigo Santa Cruz ¿llamado Lefthand por los ingleses¿, tan falsa como todas las leyendas y tan cierta como cualquier historia de piratas.
Ésta es una de esas ocasiones en que tenía que haber cerrado el libro y dejarlo para un mejor momento. Y lo hubiera hecho si no me hubiera comprometido a esta lectura conjunta. Que una vez que he dicho que sí, ya no me gusta fallar. Así que, a pesar de leer las primeras páginas y no lograr conectar con la historia, seguí leyendo. Y aunque la historia pareció ponerse mejor, no pude disfrutarla como creo que realmente se merece. Y es que hay veces que, por más que una quiera alejarse de las preocupaciones, éstas están ahí para amargarte una buena lectura.
A pesar de no haber logrado meterme de lleno en esta historia, sí puedo reconocer que es un buen libro. Un libro que cumple con lo que promete. Promete entretenimiento y lo ofrece. Aquí hay aventuras, aventuras y más aventuras. El autor sabe mantener el equilibrio y nos ofrece la dosis justa de acción, misterio, intriga... Aunque algo previsible el final, todo hay que decirlo. Los personajes que van apareciendo en las páginas de este libro tienen poco desarrollo. Son un tanto planos, como tiene que ser en toda buena literatura de evasión. Para encontrar personajes más profundos, acudimos a otro tipo de libros... La historia mezcla a la perfección sucesos históricos con sucesos ficticios, logrando, sobre todo en su segunda mitad, un muy buen ritmo. Donde cojea esta historia es en su parte romántica, un tanto forzada. Como si tuviera la obligación el autor de introducir una historia de amor. Y me ha resultado poco creíble, poco real.
En definitiva, no se va a convertir en mi libro del año, pero es un buena opción si buscas sólo un buen libro con el que entretenerte y no le pides nada más. Si lo lees en el momento adecuado...

