En marzo de 1936 Madrid es una ciudad convulsa tras la reciente victoria en las elecciones del Frente Popular. En un céntrico callejón aparece una niña de catorce años estrangulada, cuyo cadáver muestra un decoro inusual: un lazo perfecto en el cabello, las manos cruzadas sobre el pecho, el vestido bien estirado sobre las piernas rígidas. Y no será la última. Julián Fierro, inspector del cuerpo de Investigación y Vigilancia, se enfrentará a estos casos de asesinato en una ciudad crispada, donde los atentados y enfrentamientos son el preludio de un inminente golpe militar. Al acecho es una novela sobre el compromiso con los otros y la deserción egoísta, sobre pesadillas y secretos, sobre el hombre al acecho del hombre. Todo en un Madrid «que se disuelve, que no es real», y en el que la sospecha es «una flor salvaje que prende en cualquier suelo».
Decidí por fin sacar este libro de mi estantería aprovechando el reto que Kayena nos ha propuesto para este mes. Y me he encontrado no sólo con una buena novela negra, que era lo que esperaba, sino también con una mejor novela histórica. Sobresale en este aspecto esta novela: la manera de plasmar cómo era el Madrid de la época; los momentos difíciles que se estaban viviendo, con dos partidos políticos que luchaban por el poder y que estaban dispuestos a todo para alcanzarlo... Todo esto nos lo narra Noemí Sabugal con absoluta maestría. No sólo nos hace ver cómo fueron estos días, sino que nos hace sentir el miedo, la angustia, el malestar, el pesimismo...
Acierta también la autora con su personaje protagonista, Julián, un inspector de policía encargado de resolver los asesinatos de varias niñas en esos días tan convulsos. Pero la investigación se convierte casi en un pretexto para recorrer Madrid y mostrarnos cómo el pueblo estaba viviendo, o mejor dicho, cómo estaba sobreviviendo... El miedo está presente en todos lados, sin importar de qué lado se está. Porque la inmensa mayoría del pueblo lo que quiere es vivir tranquilo. Y no puede... Y en medio de todo está Julián, quien se mantiene al margen de todo, quien no se posiciona ni en uno ni en otro bando. Para él, ambos partidos están llevando al país a la ruina. No cree en nada, no tiene esperanzas. En su propia vida no encuentra razones para tenerlas. Vive solo, aunque mantiene una relación con Adela, una exprostituta, que tiene un hijo pequeño. Casi forman una familia. A él le gustaría estar enamorado de ella, pero en los sentimientos nadie manda. Y sí siente algo por Juanita, la camarera del bar donde para, pero en este caso es ella quien no le corresponde. Quien en un determinado momento, sólo le busca para aprovecharse de su condición de policía y sentirse un poco segura. Y conocemos también a la madre de Julián, pero está muy enferma. Su muerte parece inminente.
No es el punto fuerte de este libro el desarrollo de la investigación. Casi está ausente. Y la solución se hace previsible. Quizás lo más interesante son los monólogos que incluye la autora, donde el asesino es quien nos habla y pretende hacernos comprender el por qué de sus actos, las razones de sus crímenes.
Un aspecto muy positiva de la novela es la prosa de la autora, sencilla, ágil, con mucho ritmo. Es de esos libros que empiezas a leer y pasas páginas y páginas sin apenas darte cuenta. El tiempo pasa volando, así que tened cuidado si tenéis puesto algo en la cocina...
En definitiva, un libro que he disfrutado mucho al combinar dos géneros que me gustan mucho, como son la novela histórica y la novela negra. Aunque tiene más de la primera que de la segunda, cosa que a mí me gusta mucho, pero puede que a otros lectores, más deseosos de encontrarse con los rasgos más típicos de la novela negra, les pueda cansar un poco.
