Gracias a la iniciativa de Tatty, de El universo de los Libros, y la generosidad de Rachel Antúnez, me he estrenado por fin con el chick-lit y desde luego puedo decir que la experiencia ha sido positiva. No es que vaya ahora a devorar todo lo que de este género está publicado, pero sí procuraré colocar más de una de estas novelas entre mis lecturas, porque si todas entretienen como ésta, voy a pasar un rato muy bueno leyéndolas y desconectando un poco de las preocupaciones cotidianas.
La lectura de esta novela se hace muy ligera, sobre todo gracias al modo en que está contado. Y es que es la propia Gea, la protagonista de la historia, quien nos la cuenta, en primera persona. Y lo hace de un modo muy sencillo, usando mucho el diálogo y con continuos toques de humor, que hacen que el libro se lea en un santiamén.
La adolescencia es una etapa que la protagonista ya ha dejado atrás. Trabaja, vive en un pisito con sus amigas Alice y Denise, está recién separada de su último novio... Así se presenta Gea. Y esa es la situación en que se encuentra cuando aparece Héctor, un antiguo amor de su su adolescencia que no tuvo precisamente un final feliz. Y es que estuvieron saliendo hasta que él se fijó en la típica chica guapa del instituto. Y Gea se sintió tan traicionada que ahora, incluso diez años después de todo eso, le cuesta volver a confiar en él. Pero es que, tal y como es presentado, es difícil resistirse a Héctor: guapo, atractivo, simpático, atento, familiar... Y tanta perfección acaba convirtiéndose en uno de los pequeños fallos de este libro. Porque si Gea se presenta como una chica normal, que trabaja, que tiene problemas con su familia, que vive con amigas porque el sueldo no le da para vivir sola, que tiene que preocuparse por esos kilitos que siempre quieren salir... Héctor es absolutamente perfecto. Se le olvidó ponerle algún fallito.
También me hubiera gustado conocer más a Alice y Denise, de las que sabemos que quieren mucho a Gea y no quieren volver a verla sufrir por nadie, pero poquito más. E incluso me hubiera gustado conocer más a la propia Gea, porque la relación con su familia no es que digamos muy buena. Pero deja este tema un poquito al aire. Aunque quizás sea que el chick-lit un género que tampoco pida mucha profundidad en los personajes.
Y a pesar de esos "peros", la lectura de Las tarántulas venenosas no siempre devoran a los dioses griegos me ha gustado y me ha hecho pasar unas horas de lecturas la mar de entretenidas. Ideal si buscas algo que te arranque la sonrisa y te haga desconectar de todo.
Si os interesa el libro, os recuerdo que Tatty está de sorteo. Así que no dejéis pasar esta oportunidad. Pinchad en la imagen si queréis saber más.

