Mostrando entradas con la etiqueta Albert Camus. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Albert Camus. Mostrar todas las entradas

viernes, 13 de diciembre de 2013

Calígula de Albert Camus

Camus, Albert, Calígula (Caligula), Alianza Editorial, Biblioteca Camus, , Madrid, Trad. Javier Albiñana, 2003.

Calígula: Te parece que dos hombres que tienen igual grandeza de alma, igual orgullo, puedan hablarse al menos una vez en la vida con el corazón en la mano como si estuvieran desnudos uno frente a otro, despojados de sus prejuicios, de sus intereses particulares y de las mentiras en que viven?
Quereas: Me parece posible, Cayo, pero te creo incapaz de hacerlo.
Calígula: Tienes razón. Tan solo quería saber si pensábamos lo mismo. Por lo tanto pongámonos las mascaras y utilicemos nuestras mentiras. Hablemos como se combate, cubiertos hasta el puño. Quereas, por qué no me amas?
Quereas: Porque nada hay en ti que sea amable. Porque esas cosas no pueden exigirse . Además, porque te entiendo demasiado y nadie le gusta ver en los demás el rostro que trata de esconder en sí.
Calígula: ¿Por qué me odias?
Quereas: Te equivocas en esto, Cayo. Te juzgo nocivo, cruel, egoísta y vanidoso. Pero no puedo odiarte porque no te creo feliz. Tampoco puedo despreciarte porque sé que no eres cobarde.
Calígula: Entonces, ¿por qué me quieres matar?
Quereas: Ya te lo he dicho. Te considero nocivo. Me gusta la seguridad y me es necesaria. Casi todos los hombres son como yo. Son incapaces de vivir en un mundo en cuyo seno pueden instalarse de repente las ideas mas extrañas y en el que, las más de las veces, ese pensamiento penetra en la realidad como un cuchillo en el corazón. No, yo tampoco quiero vivir en un mundo así. Prefiero saber por dónde piso.
Calígula: La seguridad y la lógica no van a la par.
Quereas: Es cierto. No es lógico, pero es sano.
Calígula: Continúa.
Quereas: No tengo nada más que decirte. No quiero entrar en tu lógica. Tengo otra idea de mis deberes de hombre. Sé que la mayoría de tus súbditos piensa como yo. Eres molesto para todos. Es natural que desaparezcas.
Calígula: Todo eso es muy claro y muy legítimo. Para la mayoría de los hombres hasta sería evidente. No para ti, sin embargo. Eres inteligente y la inteligencia se paga cara o se niega. Yo pago, pero tú, ¿por qué no la niegas y no quieres pagar?
Quereas: Porque tengo ganas de vivir y de ser feliz. Creo que no es posible ni lo uno ni lo otro llevando lo absurdo hasta sus últimas consecuencias. Soy como todo el mundo. Para sentirme liberado de ello, deseo a veces la muerte de aquellos a quienes amo, codicio mujeres que las leyes de la familia o de la amistad me vedan. Para ser lógico, debería entonces matar o poseer. Pero juzgo que esas ideas vagas no tienen importancia. Si todo el mundo se metiera a realizarlas, no podríamos vivir ni ser felices. Una vez más lo digo: eso es lo que me importa.
Calígula: Así que necesitas creer en alguna idea superior.
Quereas: Creo que unas acciones son más bellas que otras.
Calígula: Yo creo que todas son equivalentes.
Quereas: Lo sé, Cayo, y por eso no te odio. Pero eres molesto y tienes que desaparecer.


Buscando libros de Camus en la biblioteca para completar otro de los retos en los que he participado este año, tropecé con éste. Y no pude resistirme. Tengo debilidad por Roma. Así que sentí mucha curiosidad por ver cómo manejaba Camus a este personaje tan conocido de la historia romana. Puedo decir que este año he disfrutado leyendo El extranjero, he disfrutado leyendo La peste...  Pero lo que he disfrutado con Calígula... Ha sido increíble. Una de mis mejores lecturas del año. 

El argumento gira en torno al personaje que da nombre a esta pieza teatral. Calígula lleva desaparecido unos días. Todos están preocupados por él. Su desaparición está motivada por la muerte de su hermana, Drusila, con quien Calígula mantenía relaciones incestuosas. Hasta la muerte de su hermana, Calígula había sido una persona buena, tranquila, generosa, amable... Un buen gobernante. Pero cuando retorna, cuando Calígula aparece, parece otro. Se convierte en un absoluto tirano, al que todos temen. Empieza a pedir imposibles, como la luna.
No soporto este mundo. No me gusta tal como es. Por lo tanto, necesito la luna, o la felicidad, o la inmortalidad."
Empieza a matar sin razón alguna, a irse con las mujeres de otros, a romper con toda lógica, con todo equilibrio. Esto motivará que los que le rodean empiecen a planear su asesinato.  No será hasta cuatro años después cuando puedan llevar a cabo este plan. El miedo los paraliza. Calígula ha sabido implantar el miedo, el terror en todos los que le rodean.
"El miedo lo anula todo."
 Un miedo que incluso él llegará a sentir en sus últimos momentos:
"Tengo miedo. Que rabia después de haber despreciado a los demás sentir la misma cobardía en el alma."
Calígula es un personaje totalmente absurdo: sus pretensiones, su actitud, sus actos... Nada tiene lógica. Y es que, para Calígula, nada tiene sentido. La vida carece de sentido, está vacía, solo hay sufrimiento. La muerte de Drusila lo sumerge en la desesperación. 
"Creía como todo el mundo, que era una enfermedad del alma. Me duele la piel, el pecho, los miembros. Tengo la cabeza vacía  y el estómago revuelto. ¡Qué duro y amargo es hacerse hombre!"
Para olvidar su dolor, para aislarse de su sufrimiento, empieza a comportarse como un tirano. Cree que de este modo será insensible al sufrimiento, como los dioses.  Empieza a considerarse invencible, empieza a pensar en sí mismo como un dios, un dios cruel e implacable.Un dios que destruye todo lo que le rodea, todo ese mundo lleno de orden que hay a su alrededor para sumergirlo en el caos. Así, le quita a los patricios todo sus privilegios y los obliga a actuar como esclavos, limpiando, sirviendo las mesas. Mientras, serán los esclavos quienes estarán sentados a estas mesas, a su lado...
"He comprendido que la única manera de igualarse a los dioses es ser tan cruel como ellos."
Calígula rompe con todo. Comportándose con la mayor crueldad que podamos imaginar, cree lograr su libertad,  una libertad por la que está obsesionado:
"El poder brinda una oportunidad a lo imposible. A partir de hoy y en lo sucesivo, mi libertad dejará de tener límites."
 Pero este abuso, este mal uso de la libertad conducirá a Calígula a la soledad más absoluta:
"¿Qué gano con una mano firme, de qué me sirve tan tremendo poder si no puedo cambiar el orden de las cosas, si no puedo hacer que se ponga el sol por el este, si no puedo evitar que haya tanto sufrimiento y que los seres mueran...?"
La crítica a la sociedad de su tiempo que hace Calígula es una crítica que también podemos  aplicar a nuestra sociedad:
"Gobernar y robar son una misma cosa. Esto es del dominio público."
"Se necesitan veinte personas para convertir a un senador en un trabajador."
Absurdo, cruel, cínico se mostrará Calígula hasta su último aliento. Sus últimas palabras serán:
"¡Pero todavía estoy vivo! "
Hasta el último segundo de su vida, él quiso ser el dueño de su vida, de su destino. Quiso reclamar su libertad para morir cuando él quisiera, no cuando lo quisieran sus enemigos. 

http://lacasadesanjamas.blogspot.com.es/2012/12/reto-centenario-albert-camus-2013.html



"Esto me ha permitido contemplaros a vosotros los virtuosos. Y he visto que tenéis un aspecto repulsivo y un olor triste, el olor insulso de los que no han sufrido ni se han arriesgado nunca."





viernes, 24 de mayo de 2013

La peste de Albert Camus

 La peste narra las consecuencias del aislamiento de toda una ciudad, lo cual pone de manifiesto lo mejor y lo peor que cada uno de sus ciudadanos lleva dentro: sus miedos, traiciones, individualismo, pero también la solidaridad, la compasión, el espíritu de colaboración con el prójimo en tareas comunes... Novela apasionante, de gran densidad de pensamiento y de profunda comprensión del ser humano, se ha convertido en uno de los clásicos más indiscutibles de la literatura francesa de todos los tiempos y en uno de los más leídos.

Vuelvo a reencontrarme con Camus gracias al reto que nos planteó Pepe y vuelvo a sorprenderme con la narrativa de este autor.

Y si en El extranjero, la primera obra que leí de este autor, me encontré con una visión muy pesimista de la condición humana, aquí vuelvo a encontrarla, pero con un añadido. Hay un rayito de esperanza. En una ciudad asolada por la enfermedad, por la muerte, la solidaridad entre algunos de sus habitantes para hacer frente a estos terribles momentos que están viviendo, nos devuelven nuestra fe en la humanidad.

Son tres los personajes principales de esta historia, tres personajes que luchan juntos hasta el final para vencer a la peste. Pero por cada día que pasa, sus esperanzas van disminuyendo. Y a pesar de eso, siguen luchando. Rieux, el médico, casi obligado por su profesión, luchará hasta el final. Paneloux, el cura, aunque muestre en ocasiones dudas en sus creencias, al final su fe se verá fortalecida y será la que le ayude a superar todos los obstáculos. Y Tarrou, que estará luchando y alentando a sus amigos hasta el final. 

Pero esta solidaridad presente en el libro no evita que Camus nos deje escenas algunas angustiosas. Parece que nadie va a salvarse de esta cruel enfermedad. Si no es la propia muerte, es la muerte de un ser querido. Es la pérdida de la ilusión, es la pérdida de las ganas de vivir, es la resignación ante un final  que parece inevitable. Camus logra que nos sintamos en Orán, que suframos esa peste, que nos desesperemos, que nos asfixiemos, que luego aceptemos y aprendamos a vivir con esta terrible enfermedad. Aprendamos a vivir una vida que parece carecer de sentido. Se va viviendo día a día, pretendiendo recuperar una normalidad que no hay. Todos intentan volver a sus actos cotidianos pero sabiendo que, hagan lo que hagan, la peste está ahí, esperando... Sabiendo que si logran salir de ésta, su vida ya no será igual. Que la peste ya ha destrozado la vida de todos... Que rehacer sus vidas ya no va ser fácil...



miércoles, 20 de febrero de 2013

El extranjero de Albert Camus

 Por fin descubro la obra de Camus, gracias a la iniciativa que José Hervás nos propuso desde su blog y desde luego mi estreno no podía haber resultado mejor. Elegí para empezar El extranjero, una obra de la que había leído muy buenas reseñas y las expectativas no sólo las ha cumplido sino que también las ha superado.

Destaca esta novela sobre todo por su protagonista, Meursault,  que es quien ejerce de narrador a lo largo de toda la historia. Un protagonista con el que es imposible simpatizar. ¿Cómo hacerlo ante un hombre frío, carente absolutamente de emociones, carente absolutamente de valores? Un personaje que más que vivir, se dedica simplemente a estar, sin sentir, sin opinar, sin mostrar ningún sentimiento. Que no siente, que no padece, que no piensa en ningún momento en el alcance de sus decisiones, de sus acciones... Ni siquiera muestra un atisbo de tristeza ante la muerte de su madre. Sólo le supone un estorbo, una molestia, por tener que desplazarse hasta la residencia donde ella pasó los últimos días de su vida. 

Tampoco siente amor por una compañera de trabajo con la que pasa algunos días. Sólo siente atracción sexual, simple y llanamente. No muestra ningún sentimiento hacia ella. Se limita a estar y pasar los días con ella. No notaría su ausencia si ella desapareciese de su vida. 

Y así transcurre la vida de Meursault hasta que un día comete, casi sin querer, un asesinato con una absoluta frialdad. No siente nada en el momento de cometer el crimen. No tenía ninguna razón para cometerlo. Sólo lo hizo porque alguien se lo dijo. Y no se planteó en ningún momento si estaba bien quitar una vida. Como si para él el límite entre el bien y el mal no existiera. Como si no comprendiera el horror de quitar una vida humana...

La segunda parte de la novela trata ya de su estancia en prisión y el juicio. Un juicio que tiene perdido desde el momento en que él mismo afirma que no tenía motivos para el crimen, que no estaba enajenado por la muerte de su madre como pretendía hacer ver su abogado. Los testigos que aparecen tampoco le hacen un gran favor. Todos están de acuerdo en que es una persona absolutamente fría, carente de emociones, carente de sentimientos. Y con todo el tiempo del mundo ahora que está en la cárcel, Meursault se detiene un momento a pensar en sí mismo, en su vida. Se da cuenta de que va a ser condenado, no tanto por el crimen en sí como por la imagen que de él se está dando. Y es que no llorar a una madre... ¿Qué ser humano es capaz de hacerlo? Es su humanidad lo que realmente se está juzgando, una humanidad que en él parece estar totalmente ausente. Aunque al final hay casi un intento de presencia...

En definitiva, estamos ante una visión horriblemente pesimista del ser humano. Apenas hay sitio para la esperanza. No hay sitio para la humanidad. Pero lo describe Camus de una forma tan concisa y magistral, que su lectura es un auténtico placer.  Un pequeño libro muy recomendable.