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miércoles, 21 de diciembre de 2016

Harriet de Elizabeth Jenkins


Harriet
Elizabeth Jenkins
Traducción: Catalina Martínez Muñoz
Alba Editorial, colección Rara Avis 

Harriet empieza como si de una novela de Austen se tratara. La protagonista es una mujer de treinta y dos años, soltera, rica, pero con una discapacidad psíquica importante. De ahí la razón de su soltería. Ha vivido toda su vida a las faldas de su madre, rodeada de lujo, colmada de caprichos. Hasta que aparece en su camino el joven, atractivo y pobre Lewis Osman, quien acabará pidiéndole matrimonio. Pese a la oposición de su madre, la joven decidirá casarse, completamente enamorada como está. Y todo será decir "sí, quiero" y Lewis empezará a mostrar su verdadera cara. Y empezará a convertir su vida en un infierno, con la ayuda de su hermano Patrick y de su esposa Elizabeth, y de la hermana de ésta, Alice, quien se convertirá en su amante. 

Si en las primeras páginas parecía que nos íbamos a encontrar con la típica novela victoriana, en estas páginas el cambio de tono es brutal y la asfixia, la angustia, la impotencia, la desazón empieza a apoderarse de nosotros a medida que vamos avanzando las páginas. Imposible no horrorizarse ante tanta crueldad, ante tanta maldad. Y más asusta al saber que todo esto sucedió realmente. Y no sabes qué es lo que te asusta más. Si lo que hacen o la falta de culpa que demuestran todos. La falta de conciencia por lo que están haciendo. No ver el daño que cometen, no ver al ser humano que están destruyendo poco a poco. Como si no importara, como si no valiera nada. Porque ellos creen que sus actos están plenamente justificados. ¿Por qué Lewis, Patrick y Elizabeth tienen que vivir en la pobreza mientras a Harriet no le falta nada? ¿Por qué Harriet puede tener todos esos vestidos y Alice, que sí puede lucirlos, no? Y así justifican sus humillaciones, sus vejaciones a Harriet. Y son tantas que nos cuesta creerlas. Que nos cuesta pensar que todo lo que está contando es verdad, que sucedió...

La gran virtud de esta novela es el tono empleado por la autora. De forma fría, distante, con un tono neutro, va exponiendo los hechos tal y como fueron. No le hace falta recrearse en el dolor ni en las humillaciones para crear una atmósfera cada vez más opresiva, cada vez más asfixiante. Ya la historia de por sí nos angustia, nos asfixia, nos abruma. 

Si os gusta pasarlo mal, una novela absolutamente recomendable.