El infalible comisario Adamsberg tendrá que
enfrentarse a una terrorífica leyenda medieval normanda, la del Ejército
Furioso: una horda de caballeros muertos vivientes que recorren los
bosques tomándose la justicia por su mano... Una señora menuda,
procedente de Normandía, espera a Adamsberg en la acera. No están
citados, pero ella no quiere hablar con nadie más que con él. Una noche
su hija vio al Ejército Furioso. Asesinos, ladrones, todos aquellos que
no tienen la conciencia tranquila se sienten amenazados. Esta vieja
leyenda será la señal de partida para una serie de asesinatos que se van
a producir. Aunque el caso ocurre lejos de su circunscripción,
Adamsberg acepta ir a investigar a ese pueblo aterrorizado por la
superstición y los rumores. Ayudado por la gendarmería local, por su
hijo Zerk y por sus colaboradores habituales, tratará de proteger de su
macabro destino a las víctimas del Ejército Furioso.
Mi estreno con Fred Vargas no ha podido ser mejor. Y desde luego me deja con muchas ganas de repetir. Pero espero en mi próxima parada con esta autora empezar por el principio y seguir el orden en las historias de este atípico comisario. Que últimamente parece que empiezo siempre la casa por el tejado...
La historia de El ejército furioso se desarrolla entre Normandía y París. Si en Normandía el comisario Adamsberg se topa con ese "ejército furioso" que se menciona en la sinopsis, en París, en su jurisdicción, nuestro comisario está investigando un asesinato que parece implicar a gente de muy alta posición. El problema que tiene es que no tiene pruebas de nada. Y para buscarlas, tendrá que alejarse de la capital parisina. Y por esa razón aprovecha la presencia de ese ejército de muertos vivientes. Mejor oportunidad no se le puede presentar para irse de París. Y también tiene que reconocerlo finalmente: siente curiosidad...¿Muertos vivientes...? Así que las dos investigaciones van avanzando a la par, sin quitarle importancia la una a la otra. Y encima da tiempo para investigar asuntos menores, como quién ha podido ser el criminal que le ha atado las patas a una paloma... En esta comisaría no hay tiempo para el aburrimiento. Y es una de las cosas que más me han gustado de esta novela. Que el caso principal convive con otros casos menores. Que los delitos se siguen cometiendo. Como en la vida misma... Por desgracia...
Lo mejor de esta novela son sus personajes. Conocer al comisario Adamsberg y sus peculiaridades ha sido todo un acierto. Se aleja totalmente de la típica imagen de un comisario en una novela de estas características. Un hombre bajito, con un físico nada destacable y con un peculiar modo de investigar. Un modo que a los ojos de los demás parece torpe, parece no avanzar nada en su investigación, parece ir dando pasitos para atrás... Pero todo lo contrario. Que si no, no habría saga.
El problema de no empezar por el principio es encontrarte con el pasado de los protagonistas. Y aquí es evidente. Con el comisario Adamsberg conociendo ahora a un hijo que tiene ya 27 años. Un hijo que apareció por lo visto de forma sorpresa en el anterior libro, ya que ni el propio comisario sabía de su existencia. Así que aún guardan muchos secretos el uno para el otro.
Todos los personajes de la comisaría tienen su particular encanto. Danglard, el erudito, que aprovecha la mínima ocasión para demostrar sus conocimientos; Veyrenc, con sus versos malos, pero con una rigidez en su conducta y un respeto a las normas intachable; Retancourt, una chica con aspecto de grandota, que sirve para todo, para la lucha o para cuidar con mimo a la paloma... Un equipo inusual en el que todos saben cuál es la función que tienen en él.
Humor y mucha ironía hay en esta novela, entretenida de principio a fin, y que tiene en sus personajes su mejor arma. Y es que la terminas y deseas ponerte con otras no sólo para resolver otro crimen, sino porque quieres conocer un poquito mejor a todos los protagonistas que desfilan por sus páginas, porque todos tienen aún mucho que decir.

