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domingo, 2 de abril de 2017

El niño que quería construir su mundo de Keith Stuart

El niño que quería construir su mundo
Keith Stuart
Trad: María del Puerto Barruetabeña Diez
Alianza, 2017
Empezar a leer 
Alex es un padre de treinta y tantos años. Quiere a su esposa, Jody, pero ha olvidado cómo demostrárselo. Quiere a su hijo, Sam, pero no lo entiende. Su matrimonio va a la deriva.
Jody es una mujer cansada de educar sola su hijo. Recrimina a Alex que solo viva para su trabajo. La ruptura no tiene vuelta atrás.
Sam tiene ocho años. Es maravilloso, sorprendente..., pero para él, el mundo es un rompecabezas que tiene que aprender a montar solo. Sus problemas de comportamiento han provocado muchas tensiones entre sus padres que llegan a separarse.
La vida de Alex carece de sentido. Busca desesperadamente la manera de reconstruirla y de relacionarse con Sam. Para su sorpresa, descubre la pasión de Sam por el videojuego Minecraft. El juego les va a permitir encontrar a ambos un lugar en el que comunicarse y entenderse, redescubrirse cada uno; un lugar en el que establecer una relación más profunda entre los dos y cada uno consigo mismo.
¿Podrá esta familia fragmentada reconstruirse poco a poco, ladrillo a ladrillo? "El niño que quería construir su mundo" es una novela llena de emociones y muy divertida a la vez, a pesar del tema que aborda. Escrita con el corazón, inspirada en la experiencia personal del autor con su hijo, es una novela que hace reír y llorar al mismo tiempo.
Cuando empecé este libro, no pensé en ningún momento que fuera a disfrutarlo tanto. He reído, me he emocionado, he llorado... Pero no han sido lágrimas de tristeza, no. Han sido lágrimas de pura emoción. 

Y si este libro me ha llenado tanto, mucha culpa la tienen sus personajes. Aquí todos están tratados con el mismo mimo. Todos son tan humanos, tan cercanos, tan reales... Que resulta imposible no encariñarte con cada uno de ellos. No preocuparte por cada uno de ellos. Eso sí, las absolutas estrellas son Sam y  Alex, su padre. 

A Sam, un niño de ocho años  con trastorno del espectro autista,  le conoceremos a través de los ojos de Alex,  quien hasta el momento en que su esposa le echa de casa, se había negado prácticamente  a asumir sus responsabilidades como padre. Para él, éstas se basaban únicamente en trabajar y llevar dinero a casa. El problema vino cuando empezó a refugiarse en el trabajo para no enfrentarse a su hijo. Y se estaba perdiendo su infancia. Su propio hijo empezó a ser para él un gran desconocido. Y todo por su incapacidad para comunicarse con él, por no saber como enfrentarse a sus reacciones, a su conducta. Había dejado sola a su esposa, Jody, en la tarea de educar a su hijo. Hasta que ésta dijo "basta". 

Y cuando Jody le pone entre la espada y la pared, no tendrá más remedio que empezar a comportarse como un padre. Le costará. Porque sus miedos no se van de un día a otro. Pero encontrará en un juego, el minecraft, una gran ayuda. A través de él y compartiendo horas de juego con su hijo, empezará a conocerle. Y se dará cuenta de que Sam también tiene ambiciones. Que es consciente de sus limitaciones, pero esto no le impide tener también sueños. Y además, es capaz de grandes cosas. Y es entonces cuando Alex se da cuenta de todo el tiempo que ha perdido. 
Creo que es el discurso más largo que le le oído pronunciar. Nada de tartamudeos, ni interrupciones. Intento no mostrar ningún tipo de reacción, pero me parece revelador. Y esa es otra de las cosas raras que tiene el autismo: es siempre una montaña rusa de altibajos que te pone el estómago en la garganta. Un minuto se lanza contra mí de forma agresiva en el salón y al siguiente me habla con la mayor elocuencia que le he visto en la vida. Casa nunca hay término medio: es la paternidad con el volumen a tope. La paternidad a la enésima potencia.

Basado en parte en la propia vida del autor, éste ha sabido crear una historia absolutamente creíble, auténtica, muy real. Una historia con la que conectas desde la primera línea y que te mantiene totalmente enganchada hasta el final. Un final que cuando llega te entristece, porque no quieres despedirte de ninguno de sus personajes. Sin duda, este libro va a estar entre mis mejores lecturas del año. 

Es increíble lo fácil que ha sido pasar por alto eso entre todo lo que estaba pasando: la lucha con el autismo, las batallas diarias por el colegio, la comida o la ropa. Es una persona y quiere cosas, quiere entender su lugar en el mundo. Y lo que yo debería hacer es ayudarle. 
Sam no es solo algo que me ha pasado a mí.