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jueves, 17 de julio de 2014

La fuerza de los fuertes de Jack London

Jack London
Ilustraciones de Mar del Valle
Traducido por Rafael R. Vargas Figueroa
Ed. Traspiés, 2014

Jack London nos conduce, a través de la memoria del viejo Barba-Larga, por siglos de evolución humana. La fuerza de los fuertes es una parábola en la que, gracias a su capacidad de síntesis y su habilidad narrativa, London nos muestra cómo se van creando las relaciones entre individuos, en principio para defenderse de un enemigo exterior, luego por el bien de la comunidad, se van creando una serie de instituciones, económicas, comerciales, religiosas, que van sometiendo a sus integrantes en beneficio de unas élites gobernantes. Es un proceso mediante el cual una economía de subsistencia, propia de las primeras sociedades primitivas, evoluciona hacia una economía capitalista.
Jack London realiza en La fuerza de los fuertes un lúcido análisis sobre los orígenes de la riqueza y las desigualdades, sobre la violencia y su justificación, a la vez que nos ofrece una ácida e irónica crítica sobre los valores de la sociedad, un texto escrito a principios del siglo XX y que continúa de completa actualidad.
Me ha sorprendido mucho este pequeño relato de Jack London. No había leído nada de él hasta ahora, y las únicas novelas que conocía eran más bien aventureras, como Colmillo Blanco. No conocía esta faceta de él: preocupado por la realidad que le rodea, por la sociedad en que vive. La denuncia que hace con este libro aún puede aplicarse en nuestros días, por desgracia. Y es que no aprendemos. Un libro que, para lo pequeño que es, da para muchos reflexiones, para muchos debates. Como ya han dicho antes en algún blog, un libro que debería ser lectura obligatoria en los colegios.

London nos ofrece en esta parábola una  explicación sobre el origen de la sociedad y de sus instituciones. Y no deja ningún aspecto sin tratar: así vemos el surgimiento de las primeras  leyes, del comercio, del dinero, de la religión, de la política, del abuso de poder... Y sitúa su historia en la época de las cavernas para enfatizar el hecho de que los años han pasado y los problemas siguen siendo los mismos.. Seguimos enfrentándonos a las mismas injusticias y no somos capaces de superarlas. Porque no somos capaces de trabajar en grupo, porque los poderosos han sabido mantener al pueblo en la ignorancia...
-Algún día -dijo, limpiándose sus manos en sus costados -, todos los necios habrán muerto, y entonces, todos los que queden vivos avanzarán. La fuerza de los fuertes será de ellos, y unirán su fuerza de tal manera que ningún hombre del mundo luchará contra otro. No habrá vigías ni guardianes en el muro. Todos los animales salvajes serán aniquilados y, como decía Cara-Peluda, en todas las laderas podrán apacentar las cabras y podremos plantar maíz y raíces en todos los valles de altas montañas. Y todos los hombres serán hermanos, y ningún hombre que se dedique a holgazanear al sol será mantenido por sus semejantes.  Y todo ello ocurrirá cuando hayan muerto todos los necios...

Una prosa sencilla, directa, irónica es la que caracteriza a este relato. Buenísimo el trabajo realizado por Rafael R. Vargas Figueroa. Y también tengo que mencionar las hermosas ilustraciones de Mar del Valle, que se convierten en la perfecta compañía para esta historia.

viernes, 29 de noviembre de 2013

El alquimista de Granada de Washington Irving

Una deliciosa lectura ha supuesto esta brevísima novela. Un hermoso paseo por la Granada que tanto gusta a Irving, aunque en esta ocasión, nos muestre el autor  una Granada más sombría, más oscura, más lóbrega...

Ambientada en el medievo, el protagonista, Antonio de Castros, es un joven estudiante salmantino que decide pasar en Granada un tiempo descansando. No son los estudios el motivo por el que va a esta bella ciudad. Acude a Granada para conocerla, para disfrutarla, para vivirla.  Pero ello no quita que de vez en cuando cumpla un poquito con su vida estudiantil y acuda a la biblioteca. Allí conocerá a un extraño anciano. Poco hablador, siempre estará estudiando, siempre estará rodeado de libros. Y Antonio sentirá mucho interés por este personaje, por descubrir qué es eso que con tanto pasión estudia. Pero el anciano se mostrará siempre receloso, siempre esquivo a las conversaciones. Así que Antonio provocará encuentros y decidirá seguirlo hasta su casa, para averiguar qué es aquello que el anciano estudia con tanto fervor. Lo que no se imaginaba en ningún momento es que el anciano tenía una bellísima hija. Una hija que conquistará su corazón con solo mirarla. Así que la vigilancia a su casa será una constante. Y será esta vigilancia la que salve a la dama y al anciano de un grave aprieto. Ya en la casa, Antonio mostrará mucho interés por los estudios del anciano, estudios relacionados con la alquimia y, sobre todo, con la búsqueda de la piedra filosofal. Pero este interés será solo un pretexto para estar cerca de su hija, Inés. Aunque todavía hay un obstáculo que superar. El malvado Ambrosio, enamorado de Inés también. Será capaz de todo para conseguirla, hasta de secuestrarla y acusar al padre ante la Inquisición de brujería... ¿Podrá Antonio también salvarlos esta vez?

Una novelita muy breve, que no se lee... Se devora... Su lenguaje, quizás un tanto oscuro, con sabor a viejo, nos va seduciendo. Y la imagen que nos ofrece de Granada, siempre de noche, siempre oscura, siempre lúgubre, nos conquista. Un libro que cuando empiezas, no puedes parar de leer hasta que lo terminas. 

viernes, 3 de agosto de 2012

Monstruos cotidianos de Cristina Gálvez

  "No me refiero a los escritores visibles, los que tienen nombre y títulos de sobra para que les reconozcan. No, yo hablo de los otros, los que me cruzo en bares, en funerarias y en oficinas del paro. Los que tienen la mesa de su despacho llena de manuscritos furtivos. Esos que nunca saben qué responder cuando alguien les pregunta a qué se dedican.

No hay semana en que no los encuentre, y en esas felices ocasiones nada me parece tan emocionante como ir a hacer fotocopias o a comprar cien gramos de mortadela. Sé que, en el sitio más inesperado, puedo acabar aconsejando nombres de autores rusos o sicilianos, escuchar agudas críticas sobre la obra de Faulkner o intercambiar endecasílabos escritos en pedazos de servilletas, y el saberlo me hace caminar con más desenvoltura y menos peso sobre los hombros. En esos días el mundo es, después de todo, un lugar imprevisible, y yo, un poco menos culpable de no ser lo que parezco o de no parecer lo que siempre he sido.

Porque yo, ésa es la verdad, no siempre he querido escribir. De pequeña soñaba más bien con los aviones o el trapecio. En la adolescencia me incliné por el violín. Luego vinieron el ecologismo, los anticuarios, la restauración y la artesanía. La literatura fue en todo este tiempo un pequeño vicio del que muy pocos llegaron a saber, una especie de latir continuo que según la época y mi grado de estabilidad emocional podía manifestarse con más o menos evidencia pero que nada tenía de especial o destacable. Cualquiera de mis múltiples vocaciones resultaba, después de todo, mucho más excitante que aquella.

Al final me acostumbré a ocultarlo y hasta le cogí el gusto al anonimato. He sido escritora de incógnito en todos los escenarios posibles, y he de confesar que disfruto como una niña de mi doble o triple (en ocasiones cuádruple) identidad. A veces lo he usado como una artimaña para parecer interesante, pero al poco me acabo cansando, o se cansan los demás, lo cual es mucho más humillante. Por eso, igual que otros se desesperan por no poder ser reconocidos, yo siento a veces una pena tremenda imaginando el día en que alguien me reconozca.

Tan sólo cuando me cruzo con uno de ellos, de los otros, mudo sin querer la sonrisa y una absurda felicidad me recorre desde la punta de los pies hasta la raíz del pelo. Es en esos momentos cuando constato con alivio que no soy yo la única infiltrada."


Con tantas buenas sorpresas como me he llevado este año con el género del relato, cuando fuí una de las ganadoras del concurso que organizó Traspiés, entre mis libros elegidos no podía faltar uno donde pudiera disfrutar de nuevo con este género. Observando su catálogo,  Monstruos cotidianos me llamó muchísimo la atención incluso sin saber que pertenecía a este género. Ya ese título me sugería muchas cosas. Así que fue uno de los libros que más claros tuve desde el principio que quería leer.

Y acerté por completo. Porque he vuelto a disfrutar y mucho. Cristina Gálvez ha logrado cautivarme con una prosa sencilla, simple, ausente de adornos, elegante... Con esa magnífica prosa logra plasmar momentos de nuestra realidad, escenas que podrían estar pasándonos a nosotros mismos o al lado nuestra... Tan naturales, tan reales, que es imposible no meterte de lleno en cada una de sus historias: problemas de pareja, problemas de comunicación, de adaptación... Problemas tan comunes en la vida diaria  y en los que hay en más de una ocasión un monstruo encubierto. Y de estos monstruos nos habla la autora.  Sus personajes son tan cercanos, tan reales, que es imposible no verlos, que es imposible no creer que conocemos a más de uno de ellos. Personajes que tendrán que enfrentarse a la resignación, a la rutina, a la dureza del día a día, a la decepción, a la escasez de talento, a la falta de futuro, al temor de que el amor un día desaparezca.... Terribles monstruos cotidianos en nuestras vidas.

Y podría parecer que con esta temática, el tono de estos relatos sería sombrío. Pero ocurre todo lo contrario. El humor y la ironía están presente a lo largo de casi todo el relato. Es ligero, dinámico, fresco... Porque estos temas también pueden abordarse sin caer en el pesimismo. Y Cristina Gálvez lo logra a la perfección. Y de este modo logra captar nuestra atención y hacer que leamos relato tras relato sin apenas darnos cuenta. Al menos es lo que a mí me ocurrió. 

En definitiva, un libro de relatos muy recomendable si os gusta el género y una autora a la que acabo de descubrir y a la que voy a estar muy pendiente a partir de ahora.