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martes, 3 de agosto de 2021

Minireseñas: Las huellas de la vida de Tracy Chevalier, La buena suerte de Rosa Montero y Las manos de mi madre de Karmele Jaio

Las huellas de la vida

Tracy Chevalier

Duomo, 2019

Antes de que Darwin escandalizara al mundo entero con sus teorías sobre el origen de las especies, hubo alguien que ya dudaba, buscaba, hacía preguntas
En las playas llenas de fósiles de la costa inglesa, Mary Anning, una muchacha pobre y sin educación, y la huraña Elizabeth Philpot, una solterona de clase media, trabarán amistad, unidas por una misma pasión: el deseo de buscar las huellas de la vida en los fósiles y revelar así la historia secreta de nuestro pasado.

Las huellas de la vida es una novela narrada por dos voces diferentes, por dos mujeres diferentes, que pertenecían a clases sociales diferentes, pero a las que una pasión en común, la paleontología, unió. Es la historia de su amistad, de su lucha en un mundo de hombres, de sus esfuerzos por intentar que sus logros les fueran reconocidos. Es una historia de ritmo lento, pausado, pero  que te va atrapando poco a poco. Porque llegas a conocer a fondo a las protagonistas, porque te encariñas con ellas, porque te cuesta despedirte de ellas. Increíble como la autora lograr caracterizar a estos dos personajes y logra que las conozcamos tan profundamente. Como increíble es también la ambientación histórica. No nos cuesta nada viajar a otro país, a otro siglo y sentirte parte de él. Me ha encantado esta novela, con la que he disfrutado y aprendido mucho. 

 

La buena suerte

Rosa Montero

Alfaguara, 2020

¿Qué impulsa a un hombre a bajarse anticipadamente de un tren y ocultarse en un pueblo de mala muerte? ¿Quiere recomenzar su vida o pretende acabar con ella? Tal vez esté huyendo de alguien, o de algo, o incluso de sí mismo, y el destino le ha traído a Pozonegro, un antiguo centro hullero que ahora agoniza. Por delante de su casa pasan trenes que pueden ser salvación o condena, mientras los perseguidores estrechan el cerco. La perdición parece estar más próxima cada día.

Pero este hombre, Pablo, también conoce gente en aquel lugar maldito, como la luminosa, incompleta y algo chiflada Raluca, que pinta cuadros de caballos y tiene un secreto. Allí todos arrastran algún secreto, algunos más oscuros y peligrosos que otros. Y algunos simplemente ridículos. También hay humor en ese pueblo triste, porque la vida tiene mucho de comedia. Y gente que finge ser quien no es, o que oculta lo que planea. Es el gran juego de las falsedades.

Pablo y Raluca son los dos protagonistas de esta novela. Dos personajes con un pasado duro, un pasado que les persigue, y al que van a tener que enfrentarse.  Pero mientras Pablo se enfrenta a él con pesimismo, Raluca hace todo lo contrario. Ella siempre tiene una sonrisa, ella siempre mira con optimismo, ella siempre mantiene la esperanza. Y poco a poco va consiguiendo que Pablo salga de ese pozo en el que él mismo se ha metido. Poco a poco iremos descubriendo el pasado de cada uno y comprenderemos por qué actúan como actúan. Y Rosa Montero tiene la habilidad para crear unos personajes muy humanos, muy reales, muy cercanos, lo que hace que te metas de lleno en la historia y que sufras con sus personajes, y que te alegres por ellos también. Y con una narración sencilla, fluida y llena de reflexiones nos va atrapando poco a poco y llegamos al final sin apenas darnos cuenta. 

Una novela magnífica en la que Rosa Montero nos habla de ese bien y ese mal que siempre está presente, que todos llevamos a cuestas. Porque no somos perfectos. Simplemente humanos, simplemente complejos.  

 


Las manos de mi madre

Karmele Jaio

Booket, 2021

Una mujer yace en la cama de un hospital con la memoria a la deriva y su hija observa impotente sus manos, posadas en las sábanas. La enfermedad de su madre acaba por desequilibrar por completo su vida, que transcurría ya sobre un fino alambre, con un trabajo estresante y sin apenas tiempo para compartir con su marido y su hija. Además, los fantasmas del pasado están a punto de acecharle. En este asfixiante magma se mueve Nerea, la protagonista de esta novela.

Las manos de mi madre es una novela de una sensibilidad exquisita. Una novela que duele, que emociona, que te  deja tocada… Porque es una historia tan real que es imposible que no te pongas en el lugar de Nerea y sientas todas las emociones por las que ella pasa. Ese dolor, esa tristeza, ese sentimiento de culpabilidad que siempre le acompaña… Culpabilidad por no haber sido esa hija perfecta que hubiera podido ser, por no haber estado y haber aprovechado cada momento con su madre creyendo que siempre iba a estar ahí. Porque nos creemos eternos y no lo somos. Pero actuamos como si lo fuéramos. Y culpabilidad por la vida que lleva en ese momento, siempre con prisas, siempre sin tiempo para estar con su marido y hablar con él, para aprovechar los momentos con su hija, a la que muchos días solo ve cuando ya está dormida… Ese sentimiento de hacerlo todo mal pero querer solucionarlo sola, porque pensamos que pedir ayuda sería reconocer nuestra derrota, cuando lo que realmente significa es que para lograr la victoria, a veces, muchas veces, es necesaria esa ayuda. Y a veces todo se soluciona dialogando, pero con las prisas nunca tenemos tiempo para ese diálogo tan necesario. Aunque a veces se convierte en excusa para evitar ese diálogo que no queremos hacer...

Lectura imprescindible, como ya dijo Marisa C en su reseña y a la que agradezco enormemente que me presentara esta novela. Absolutamente maravillosa. 


miércoles, 15 de abril de 2020

Las mujeres de Winchester de Tracy Chevalier

Las mujeres de Winchester
Tracy Chevalier
Trad: Catalina Ginard Ferrón
Duomo, 2020
La joven Violet Speedwell parece inexorablemente destinada a una existencia como mujer soltera. La Gran Guerra le ha arrebatado a su prometido, como a otras mujeres que, con los soldados, han visto partir su posibilidad de contraer matrimonio. Solo tiene una salida: ahorrar lo suficiente para dejar la casa familiar y establecerse por su cuenta. Pronto llega a Winchester, una ciudad del sur de Inglaterra donde encuentra trabajo como mecanógrafa y el amparo de un grupo de mujeres: la comunidad de bordadoras de la catedral. Junto a ellas aprende que aunque la vida es efímera, los tejidos que crea con sus propias manos perduran y que, a veces, una sola hebra es suficiente para cambiar la trama de una vida.
La protagonista indiscutible de esta novela es Violet Speedwell. Se acerca peligrosamente a los cuarenta y aún no está casada. En una época en la que la única aspiración de la mujer es formar una familia. Y son tiempos difíciles para "cazar" marido además. Tras la Primera Guerra Mundial, son más las mujeres que los hombres. "Mujeres sobrantes" las llamaban. No conocía yo esta forma de hablar de estas mujeres y me pareció muy curioso. Además, Violet perdió al hombre que amaba en esa terrible guerra. A su prometido y a uno de sus hermanos. Y esta última muerte afectó mucho a su madre. Una madre con la que aún vive. Aunque la conocemos en el momento en que decide vivir ya su propia vida. Independizarse. 
Violet había leído muchos artículos en los periódicos sobre "mujeres sobrantes" -esa era la etiqueta que les habían puesto-, que se quedaban solteras debido a la guerra y que difícilmente se casarían, algo que se consideraba una tragedia, una amenaza, en una sociedad preparada para el matrimonio. Los periodistas parecían disfrutar de la etiqueta que colgaban como quien clava un broche con un alfiler en la piel.

Y se muda a Winchester, donde encontrará trabajo como mecanógrafa y donde decidirá unirse al grupo de bordadoras de la Catedral. Pero no tendrá una vida fácil. Su sueldo es tan bajo que pocos caprichos puede darse, ni siquiera comer bien. Sus compañeras de trabajo sólo están ahí de paso,  hasta que consigan casarse. Su principal refugio será la comunidad de bordadoras que se reúnen en la Catedral.  Y aunque no sea una buena bordadora, disfrutará cada puntada que dé. Porque lo que ella quiere es hacer algo que perdure, que dure años y años ahí, entre los demás bordados que adornan el templo. Dejar su pequeña huella en el mundo. Y formar parte de esa comunidad le da también un sentido a su vida. Y también seguridad. 

Y aprenderá mucho en este tiempo. Y aprenderá, sobre todo, a no importarle lo que piensen los demás. A tomar sus decisiones sin que éstas estén sometidas al deseo de otros.  A respetar las distintas formas de vida, de familia, alejándose de la intolerancia que muestra la gran mayoría. Imposible no querer más a Violet a medida que vamos conociéndola.

Todo está contado con un ritmo pausado. No hay prisas. Es necesario ir lento para conocer mejor a la protagonista y ser testigos de su evolución. Y para conocer mejor esta época de transición entre guerras. El dolor de muchas familias que perdieron padres, esposos, hijos... Familias que ven con miedo como otra posible guerra está cerca y temen sufrir más pérdidas. Una época que está impecablemente desarrollada por la autora. 

Las tazas de té eran como puntos que le servían para marcar los momentos, establecían una separación entre el antes y el después: entre dormir y despertar, entre caminar hasta la oficina y sentarse a trabajar, entre almorzar y volver a mecanografiar, entre acabar un contrato complicado y empezar oro, entre el final del trabajo y el inicio de la noche.