Suite Francesa
Irène Némirovsky
Traductor: José Antonio Soriano Marco
Letras de Bolsillo, Salamandra, 2015
Los días previos a la invasión alemana, en París se respira un clima de
incertidumbre e incredulidad. Tras las primeras bombas, miles de
familias se lanzan a las carreteras en coche, en bicicleta o a pie;
ricos burgueses angustiados, amantes abandonadas, ancianos olvidados en
el viaje, todos padecen los bombardeos y deben de recurrir a todo tipo
de artimañas para conseguir agua, comida y gasolina. A medida que los
invasores van tomando posesión de país, se vislimbra un desmoronamiento
del orden social imperante y el nacimiento de una nueva época.
Némirovsky era una autora que no dejaba nada al azar. Que tenía las ideas muy claras sobre lo que quería escribir y cómo hacerlo. Así, empezó Suite Francesa con la intención de que tuviera cinco partes. Pero solo tuvo tiempo de escribir dos y de dejar algunas anotaciones de la tercera. Después de leer el libro no puedo evitar preguntarme una cosa. Si la autora hubiera sobrevivido al campo de concentración, ¿la historia sería la misma?
Némirovsky fue testigo directo de la invasión de París por los alemanes. Y nos lo cuenta en Suite Francesa de forma objetiva, sin mostrar odio ni ira hacia el invasor. No muestra interés por los episodios bélicos. No se detiene en los personajes históricos. A ella le importa la gente, le importa cómo el pueblo está viviendo esta guerra de la que no ha querido formar parte.
"Los hechos históricos solo hay que rozarlos, mientras se profundiza en la vida cotidiana y afectiva, y sobre todo, en la comedia que eso ofrece."
En la primera parte, "Tempestad en Junio", el interés de la autora se centra en reflejar cómo la sociedad francesa se comporta ante la invasión. Todos huyen, todos marchan de Paris para refugiarse en las aldeas. Miedo, dolor, angustia, desesperación... Todos comparten los mismos sentimientos, tanto el burgués como el obrero. Y aquí Némirovsky aprovecha para criticar a la burquesía, que aún sigue dándole más valor a las cosas materiales que a la vida propia, propiciando situaciones totalmente absurdas, que entre tanto horror, nos va a arrancar alguna sonrisa. Como cuando una de las protagonistas se da cuenta que se lo ha llevado todo de su casa... excepto a su suegro...
Y en medio de esta huída, en medio de este caos, no existen las normas. Sólo la ley del más fuerte. Y roban los unos a los otros todo lo que sea necesario en su huida: agua, comida, gasolina... Lo que sea para sobrevivir. Lo que sea para alejarse lo más rápido posible de París. Lo que sea, aunque sea a costa de los demás.
En la segunda parte, "Dolce", la acción transcurre en un pequeño pueblo, Bussy, que está ocupado por los alemanes. Estos vivirán durante tres meses en el pueblo. Y en este tiempo veremos como los sentimientos hacia el invasor empiezan a ser contradictorios. Si al principio sólo era miedo y odio lo que inspiraban, la convivencia hará que empiecen a mirar a los alemanes con otros ojos. Que empiecen a darse cuenta de que también son personas. Que también son víctimas, como ellos, de la guerra. Porque están ahí, en un pueblo en el que no son bien recibidos, lejos de sus casas, de sus familias, arriesgando siempre su vida, de un lado a otro. Némirovsky los describe sin odio alguno en sus palabras. No ve en ellos al enemigo. Sólo ve otras víctimas de esta guerra tan absurda. Y esto es lo que me lleva a pensar que si la autora hubiera tenido la oportunidad de terminar su novela tras su paso por el campo de concentración, ¿hubiera seguido tratando igual a los alemanes?
No me extiendo más en esta reseña. Sólo decir que es una lectura magistral, aun siendo incompleta. Por su calidad literaria, por el modo en que trata este horrible episodio de nuestra historia y por el impecable análisis que hace de la condición humana. Imprescindible.