La sonata del silencio
Paloma Sánchez-Garnica
Planeta, 2014
Marta Ribas tenía un futuro prometedor cuando conoció a Antonio, pero
una lealtad mal entendida trastocará sus vidas. Cuando Antonio cae
enfermo, Marta se ve obligada a ponerse a trabajar, exponiéndose a las
murmuraciones del vecindario y a la indignación del esposo, humillado en
su hombría. Pero a Marta se le presenta una inesperada oportunidad que
le permitirá salvar su propia supervivencia y la de su hija, y
encontrar, por fin, su lugar en el mundo. La sonata del silencio es una
novela de pasión, celos y sueños anhelados. Es la historia de una España
de posguerra, de castañeras y carboneros, de cócteles en Chicote y de
medias de nailon de estraperlo. Es un edificio cualquiera donde la
riqueza y la pobreza, el triunfo y el fracaso solo están separados por
un tabique.
La sonata del silencio... Me va a costar trabajo hacer esta reseña... Porque he puesto empeño para que este libro me guste, he avanzado página tras página con la esperanza de que suceda algo que haga que me meta de lleno en la historia, con la esperanza de encariñarme con algunos de sus personajes... Pero por más empeño que he puesto, no ha habido manera.
Y es que me he saturado de desgracias. Demasiado drama, demasiada tragedia. Y siempre en torno a las mismas familias, a las mismas personas. Los ratitos de felicidad son muy escasos, no deja tiempo para saborearlos. Son tantas desgracias que llegado un momento me ha resultado todo demasiado forzado, poco creíble. Y no he logrado en ningún momento conectar con la historia, meterme en ella, sentir el dolor y la miseria de sus personajes.
Ni siquiera he logrado empatizar con Marta Rivas, la protagonista principal de la novela, a pesar de todos los sufrimientos por los que atraviesa. Me ha costado creérmela. Me ha costado creer que una mujer como ella, con la educación que ha recibido, con la vida que ha vivido... No sea capaz de tomar las riendas de su vida de una vez por todas. Y más con todas las oportunidades que la vida le da. Primero de la mano de Roberta Moretti, una mujer de negocios, que aparecerá en su vida como si fuera su hada madrina y le dará un trabajo muy bien remunerado (lo que no he logrado entender realmente es qué tipo de trabajo, pero me lo pido!). Y no sólo se conforma con eso. También le dará la información que le falta aún sobre sus padres y llegará a ayudarle con una herencia que aún no había recibido. También recibirá una gran ayuda por parte de una de sus vecinas, doña Fermina, una anciana que le tiene un gran cariño a Marta y a su familia y le ayudará siempre en todo lo posible. Si tuviera que quedarme con un personaje entre todos los que aparecen, sería con Roberta. Ella sí me ha parecido una mujer luchadora, con coraje, que se ha hecho a sí misma. Y por eso le da coraje cuando ve que Marta está desperdiciando los mejores años de su vida.
Y quizás otra de las razones por las que no he conseguido conectar con Marta es porque me ha parecido un personaje egoísta, como la gran mayoría que aparecen en esta novela. Tan obsesionada está con su desgracia, con sus problemas, que no llega a darse cuenta hasta casi demasiado tarde de los problemas de su hija. Hasta su piano parece en cierto momento más importante... Un piano que va a hacer que incluso pierda su dignidad.
Con tantas desgracias juntas, la lectura de la novela se me ha hecho muy lenta. Además, se recrea la autora tanto en cada una de ellas que la trama apenas avanza o al menos esa es la impresión que me ha dado a mí.
Lo mejor de la novela es la ambientación. El Madrid de la posguera, de la dictadura está perfectamente plasmado. El poder de la religión, el miedo a una posible denuncia, la hipocresía, la doble moral... Pero la autora quiere resaltar sobre todo la figura femenina. Una época en la que la mujer sólo tenía que ocuparse de su casa y de sus hijos. Una época en la que estaba mal visto que la mujer trabajase. Y para hacerlo, necesitaba el permiso de su marido. Necesitaba este permiso incluso para recibir tu propia herencia. Una época en la que si tu marido te pegaba, llevaba razón... Terribles tiempos...
Para los que no hayan leído aún libro, os aconsejo que no me hagáis mucho caso, que son muchas las reseñas positivas que hay por la blogosfera. Pero esta vez soy la nota discordante. Por mucho que he querido, no he logrado disfrutar con esta historia. Todo en esta vida es cuestión de gustos...