Un mundo que parece tener sus días contados... Ese es el mundo que aparece reflejado en este libro de Eva López García. Y todo por culpa, como no, del hombre. Consigue la autora reflejar ese caos en el que se se está viviendo. Y nos explica muy bien y consigue hacernos comprender las causas de esa catástrofe que están provocando que el mundo sea tan distinto al que nosotros conocemos. E incluso nos da algunas posibles soluciones para que esto no llegue a ocurrir. Porque lo peor de todo es pensar que ese futuro que nos plantea la autora tiene mucho de realidad. Que ese futuro puede llegar si no hacemos algo por evitarlo.
Bajo esta situación nos presenta la autora a sus personajes. Roberto y Julia, dos hermanos gemelos, son los protagonistas. Con ellos inicia esta historia situándolos en la actualidad, en el momento en que se quedan huérfanos al morir sus padres en un accidente. En ese doloroso momento realizan la promesa de no separarse nunca, de cuidarse siempre.
Tras este triste inicio, la autora realiza un gran salto temporal y nos lleva a mediados del siglo XXI. Nos presenta un mundo que está sufriendo las terribles consecuencias del cambio climático. Los dos hermanos están separados no sólo por la distancia, también en el plano sentimental. Llevan años sin verse, sin tratarse. Malentendidos que vamos descubriendo poco a poco los han distanciado.
Roberto vive en el sur de España, un sur totalmente distinto al que hoy conocemos. Ya no hay playas. El nivel del mar ha subido tanto que éstas han desaparecido. Hay ciudades que han desaparecido. Marbella, que es donde vive nuestro protagonista, aún resiste. Aunque han tenido que construir un horrible muro para frenar los avances del mar. Un muro que ahora empieza a debilitarse y a poner en peligro la vida de mucha gente. Y Roberto tendrá que huír junto a su hija, Valeria. Una hija a la que empezará a acercarse en ese momento, a la que empezará a conocer y a querer realmente. Porque hasta ese momento parece que ella sólo suponía un estorbo en su vida. Una vida en la que parece que los roles están cambiados, porque Valeria muestra la madurez y sensatez que a su padre le falta. Es él quien va todas las noches a beber con sus amigos, mientras ella permanece en casa y tiene que asistir en muchas ocasiones a la llegada de su padre borracho. No es la mejor vida para una hija. Pero el peligro del derrumbe del muro les da una nueva oportunidad para empezar de cero, para empezar a conocerse y a quererse. Y Roberto acudirá buscando ayuda a la única persona que cree que no podrá decirle que no a pesar de los años que llevan sin verse, su hermana Julia.
Julia vive en L'Arandanu, en un pequeño pueblo, o mejor dicho, en una pequeña ecoaldea, fundada hace años, junto a su marido, Emile, y varias personas más. Ahí se vive en perfecto equilibro con la naturaleza. Todos se implican en las labores agrícolas y ganaderas. Los jóvenes sólo se dedican a estudiar profesiones que sean productivas para el pueblo. Todo parece estar perfectamente organizado. Es el pueblo perfecto. Consiguen sobrevivir con lo justo y necesario. No hay concesiones para los caprichos. Todos tienen lo mismo. O al menos esa es la pretensión... Luego suceden cosas que alteran este orden y que causarán problemas en el pueblo. Julia y Emile tienen dos hijos, Mara, una niña caprichosa y egoísta y Juan, un joven que tiene que empezar pronto sus estudios universitarios, aunque no es lo que realmente le apetece.
Y estas dos tramas son las que se desarrollan en la novela. Van discurriendo de forma paralela hasta que se produce el encuentro entre Julia y Roberto. Pero si en la primera trama los personajes están mejor desarrollados, en la segunda, al haber tantos personajes, este desarrollo se diluye. Son muchos personajes, cada uno con sus problemas, con sus intereses y no llegamos a entenderlos tan bien como a Valeria y Roberto, con los que empatizamos más. Los personajes son más tópicos. El matrimonio entre Emile y Julia parece no atravesar una buena época, Mara es una niña consentida que no logra todo lo que quiere, y Juan, es un joven que se siente incomprendido.
Cuando Roberto y Julia se encuentran la pregunta está en si serán capaces de olvidar el pasado y empezar de nuevo, si serán capaces de perdonarse y darse una nueva oportunidad. Si Roberto será capaz de dejar de pensar en sí mismo, si olvidará los placeres de la vida de ciudad y será capaz de adaptarse a la vida en esa pequeña ecoaldea donde todos y cada uno de sus habitantes tienen que trabajar y cooperar para que todo siga en orden. Pero su llegada coincidirá con unos robos y él se convertirá en el principal sospechoso.
Con algunas cositas que pulir, ha conseguido Eva conseguir una buena primera novela, que resulta amena y entretenida, ligera de leer y que nos invita a reflexionar sobre el incierto futuro de nuestro planeta. Una nueva autora a la que hay que tener en cuenta.
Y estas dos tramas son las que se desarrollan en la novela. Van discurriendo de forma paralela hasta que se produce el encuentro entre Julia y Roberto. Pero si en la primera trama los personajes están mejor desarrollados, en la segunda, al haber tantos personajes, este desarrollo se diluye. Son muchos personajes, cada uno con sus problemas, con sus intereses y no llegamos a entenderlos tan bien como a Valeria y Roberto, con los que empatizamos más. Los personajes son más tópicos. El matrimonio entre Emile y Julia parece no atravesar una buena época, Mara es una niña consentida que no logra todo lo que quiere, y Juan, es un joven que se siente incomprendido.
Cuando Roberto y Julia se encuentran la pregunta está en si serán capaces de olvidar el pasado y empezar de nuevo, si serán capaces de perdonarse y darse una nueva oportunidad. Si Roberto será capaz de dejar de pensar en sí mismo, si olvidará los placeres de la vida de ciudad y será capaz de adaptarse a la vida en esa pequeña ecoaldea donde todos y cada uno de sus habitantes tienen que trabajar y cooperar para que todo siga en orden. Pero su llegada coincidirá con unos robos y él se convertirá en el principal sospechoso.
Con algunas cositas que pulir, ha conseguido Eva conseguir una buena primera novela, que resulta amena y entretenida, ligera de leer y que nos invita a reflexionar sobre el incierto futuro de nuestro planeta. Una nueva autora a la que hay que tener en cuenta.




























