La tragedia del girasol
Benito Olmo
Suma de Letras, 2018
«Lo que tenía ante él respondía
más bien a un sentimiento enfermizo, que colapsaba la parte más
racional de su cerebro y le nublaba el juicio y la capacidad de pensar
por sí mismo, convirtiéndolo en un títere en manos de aquella mujer.
"Como un girasol -se dijo-, condenado hasta el final de sus días a
seguir el movimiento del sol que le da la vida; el mismo sol que al
cabo de unas semanas se la quitará, achicharrándolo".»
Suspendido
de empleo y sueldo, el exinspector de policía Manuel Bianquetti se ve
obligado a malvender sus servicios como investigador privado hasta que
recibe un encargo aparentemente sencillo: proteger a un importante
empresario durante su estancia en la ciudad.
Sin embargo, lo que
parece un trabajo rutinario desembocará en un reguero de muertes que
obligará a Bianquetti a dar rienda suelta a su instinto de investigador
para sobrevivir, llevándole a descubrir que, a menudo, el sol que más
calienta también es el que más quema.
- ...
- Claro. Imposible hablar de esta novela sin hablar de ti. Si eres el motor principal, su gran acierto, su absoluta estrella...
- ...
- Si es que nos caes bien, pese a tu mal carácter, pese a tu brusquedad. Y desde luego no es por tu atractivo físico, que de esto escaseas un poquito bastante... Pero nos gustas, por tu sinceridad, por tu lealtad con los amigos, aunque estos sean pocos, por tu fortaleza, por tu forma de afrontar los problemas, siempre de frente. Y también por tu ternura.
- ...
- Sí, tu ternura. Esa parte que intentas esconder para que nadie vea tu debilidad, pero que también tienes. Y lo has demostrado con cada una de las mujeres que han ido apareciendo en esta historia. Con Belinda, con Regina, con Mary, pero, sobre todo, con tu pareja, Cristina, y con tu hija, Sol. Pero ellas están aquí no sólo para mostrar tu lado más vulnerable, Bianquetti. Ellas tienen mucho peso en esta historia. De ellas depende gran parte de su desarrollo. De sus actos, de sus decisiones... Están tan bien perfiladas que logramos conocer sus miedos, sus debilidades, sus ambiciones, sus deseos...
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- Pero tengo que volver a hablar de ti. Porque contigo sufrimos. Sufrimos con cada golpe físico y emocional que recibes, que no son pocos. Por cierto, dile a Benito que te trate un poquito mejor en la siguiente novela, que si no, poco futuro te veo... Sufrimos con todas esas noches sin dormir, siempre alerta, siempre vigilando. Sufrimos cuando te alejas de aquellas personas a las que más quieres, por miedo a que les hagan daño, por miedo a perderlas. Por creer incluso que no las mereces... ¿Por qué, Bianquetti?
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- Vale, dejo de hablar de ti un rato. Voy a hablar de la trama. Pero no voy a decir mucho. Porque quiero que los futuros lectores se sorprendan como me he sorprendido yo con cada giro que se produce en esta novela. Pero todo siempre bien hilado, bien explicado, sin sacarse nada de la manga. Todo está ahí delante nuestra, pero somos incapaces de verlo, hasta que se produce, dejándonos siempre con la boca abierta. Ahí estamos, expectantes, sin poder parar de leer hasta el final. Porque no tenemos ni idea de cómo va a acabar esta historia. Y cuando acaba, aún seguimos con la boca abierta y sin respiración. Porque, ¡vaya final!
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- La ambientación también me ha parecido fantástica. Pero aquí quizás no soy muy objetiva, que siendo de Cádiz, me resulta muy fácil imaginarte por sus calles, por sus plazas, por sus bares... Con su humedad, con su levante, con su poniente... Lo que a ti te gusta, Bianquetti...
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- Ya voy terminando
. Tu retorno, Bianquetti, no me ha parecido sobresaliente... Me ha parecido de matrícula de honor! Si con
La maniobra de la tortuga ya entraste con buen pie dentro de la novela negra, aquí has confirmado que no fue cuestión de suerte. Que a Benito, tu padre, le sobra talento. Y que ha llegado para quedarse mucho tiempo en este género. Así que, dime, Bianquetti, ¿para cuándo tu próximo caso?