Stefan Zweig
Traducción de María Daniela Landa,
Acantilado, 2001
¿Usted no encuentra, pues, odioso, despreciable, que una mujer abandone a su marido y a sus hijas para seguir a un hombre cualquiera, del que nada sabe, ni siquiera si es digno de su amor? ¿Puede usted realmente excusar una conducta tan atolondrada y liviana en una mujer que, además, no es ya una jovencita y que siquiera por amor a sus hijas hubiese debido preocuparse de su propia dignidad?
Vuelve a sorprenderme Zweig por el modo tan prodigioso con el que juega con las palabras. Increíble como describe la pasión de la protagonista. Una pasión que anulará totalmente su voluntad. Una pasión que llevará a sacrificarlo todo: su posición, su familia, su dignidad, su honor... Hubiera renunciado a todo. Por un joven desconocido. Por un joven polaco adicto al juego. Un joven con el que sólo pasará veinticuatro horas. Pero vividas con tanta pasión, con tanto ardor... Que volverá a sentirse viva. Pero será un día del que no se atreverá a hablar durante veinte años. Porque teme la condena, el rechazo, el desprecio... Porque teme que no van a entender qué le llevo a hacer lo que hizo. Porque se teme a sí misma. Porque no sabe que hubiera hecho si de nuevo se enfrentara a la misma situación...
…Si aquel hombre me hubiera abrazado y me hubiese pedido que le siguiera hasta el fin del mundo, no habría vacilado en deshonrar mi nombre y el de mis hijos; hubiera partido con él, indiferente a todas mis amistades y a todas las conveniencias sociales…, hubiera partido con él, como acaba de hacerlo Mme. Henriette con el joven francés a quien, el día antes, no conocía aún…, y no hubiera preguntado hacia dónde ni por cuánto tiempo, ni hubiera dirigido una sola mirada hacia mi pasada existencia…; y mi fortuna, mi honor, mi reputación, todo lo hubiera sacrificado por aquel hombre…, incluso me hubiese prestado a pedir limosna y probablemente no existe bajeza en el mundo que no hubiera cometido por él. Todo lo que llamamos pudor o respetabilidad entre los hombres, lo hubiera arrojado lejos de mí si él, sólo con una palabra, con un gesto, hubiese intentado llevárseme… ¡Tan seducida me sentía por él en aquellos instantes!
Increíble también como describe la adicción al juego. Es un auténtico mago de las palabras, del detalle... Detalles que pasan desapercibidos para otros autores, pero que él describe y con tanta maestría, que te deja con la boca abierta y rendida absolutamente a su talento.
Nunca (lo repito aún de nuevo), nunca había visto un rostro en el cual se reflejara tan abiertamente, tan impúdicamente, la pasión, el instinto; yo permanecía inmóvil, atraída por la locura de su expresión, tan intensamente como él lo estaba por los movimientos y los saltos de la bolita. A partir de ese momento no vi ya otra cosa en el salón; todo se me antojó vago, sordo, borroso, oscuro en comparación con el fuego que emanaba de aquel rostro; habiéndome olvidado de la gente que me rodeaba observé quizá durante una hora únicamente a aquel hombre y cada uno de sus menores gestos
Mucha crítica a la clase burguesa de la época hay en este libro. Crítica por la doble moral con que juzgan las cosas. Si no dudan en condenar a la mujer que abandona a su familia sin conocer sus razones, no sucede lo mismo con el hombre que tira su dinero en el juego, que sólo se dedica a tirar su vida por la borda sin aportar nada en este mundo.
Solo un defensor encontrará la protagonista de su acción. El propio narrador.
"Encuentro más digno que una mujer ceda a su instinto, libre y apasionadamente, que no, como ocurre por lo general, engañe al marido en sus propios brazos y a ojos cerrados".
Será a él a quién revele su historia. Porque sabe que éste no va a condenarla, no va a juzgarla. Y luego será él quien nos lo cuente a nosotros. Este secreto que ha sido revelado a él en la intimidad. Algo de traición hay por su parte. ¿O no? Y en todo momento se limitará a escuchar, a comprender.
"No veo por qué he de adoptar el papel de juez –dice-; prefiero actuar de defensor. Personalmente, me causa mayor satisfacción comprender a los hombres que condenarlos".
Otra pequeña obra maestra de Zweig que hay que leer.





































