Lo bueno de tener niños es que son la excusa perfecta para poder ver estas películas. Porque si mi hija se lo pasó bien, yo es que me lo pasé genial. Hacía tiempo que no veía una película que me hiciera disfrutar tanto. Y es que tiene de todo: acción, drama, comedia, suspense....Y todo tan magistralmente engarzado... que no pude evitar salir del cine sin pensar que había visto una auténtica obra maestra. Los primeros minutos son geniales, pero los últimos quince son sublimes. Tenía un nudo en la garganta y hasta alguna lagrimita se me escapó. Y esa es la virtud de esta película, que quienes lloramos somos los adultos, no los niños. Porque empezamos a recordar nuestra infancia y a pensar en aquellos juguetes con los que tanto jugábamos, y nos preguntamos dónde estarán.
En definitiva, hay que ver esta película (atención al Buzz Ligthyear andaluz, tronchante).