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martes, 31 de marzo de 2020

La inquilina de Wildfell Hall de Anne Brontë


La inquilina de Wildfell Hall

Anne Brontë
Trad: Waldo Leirós
Alba, 1997
La llegada de una joven desconocida, Helen Graham, y su hijo a la vieja mansión de Wildfell Hall despierta el interés, y luego las sospechas maliciosas, de los habitantes del tranquilo pueblo inglés en que se encuentra la casa. No saben que Helen huye de un turbulento pasado, como irá descubriendo el narrador del relato y enamorado de ella, Gilbert Markham, al leer su diario.

Me ha sorprendido muchísimo esta novela. Y es que no me esperaba la feroz y dura crítica a los convencionalismos y la hipocresía de la época. Es lo que subyace de fondo a lo largo de toda la lectura. Y lo consigue, sobre todo, gracias a la profundidad que la autora logra dar a los personajes. En especial en el caso de Helen, la protagonista. Un personaje que crece a lo largo de la novela de forma brutal. Un personaje que sufre de forma callada las continuas humillaciones de su marido. Un marido que incluso le echa la culpa de sus vicios, de su conducta, tanto cuando ella le reprocha su actitud o cuando opte por el silencio. Por desgracia, esto sigue pasando...


Pero ella aguanta a su lado, como "buena esposa", porque en esa época no se podía hacer otra cosa. Pero será por su hijo por lo que ella se rebela. Y no le importará que hablen de ella, pero no soportará que su hijo tenga como modelo a ese padre, cada vez más depravado. Así que decidirá irse e iniciar una nueva vida, con sus pocos ahorros y con el dinero que consiga con sus cuadros. Algo que en la época tampoco estaba bien visto. Así Helen se nos presenta como una mujer fuerte, decidida, hecha a sí misma. Una auténtica heroína en aquellos tiempos tan difíciles para la mujer. Una mujer que se merece una nueva oportunidad para ser feliz, pero, ¿la tendrá? Tendréis que leer esta novela para saberlo, porque ya he contado demasiado y no pienso decir más. Una auténtica joya este clásico, que va a estar entre mis mejores lecturas del año.

miércoles, 16 de mayo de 2018

Agnes Grey de Anne Brontë

Agnes Grey
Anne Brontë
Trad: Elizabeth Power
Alianza Editorial, 2017
Decidida a lograr su independencia económica y a ayudar en su casa, Agnes Grey, la hija menor de una familia venida a pique, se coloca como institutriz en la casa de la familia Bloomfield. Su juventud e inexperiencia, así como la crueldad de los niños con quienes le toca lidiar y la frialdad de sus padres, son una difícil piedra de toque. Pero su perseverancia la llevará a cambiar de casa en busca de mejores perspectivas. Con sus nuevos empleadores, los Murray, las condiciones tampoco son fáciles, pero Agnes, poco a poco, se abrirá camino...

Tras terminar esta novela, lo que no entiendo es por qué Anne Brontë es la hermana menos conocida de las tres. Porque no tiene que envidiarle nada a sus hermanas en cuestión de talento. Y además tiene un estilo propio. Muy distinta a Cumbres borrascosas, sí puede recordarnos algo a Jane Eyre, porque en ambas se toca el tema de las institutrices. Pero de forma muy diferente. Porque Anne le da un toque más realista a la historia, más cercano, más creíble. 

Con ella llegamos a aprender cómo era la difícil vida de una institutriz en el siglo XIX. No lo tenían fácil para encajar. Su relación con los señores de la casa se limitaba al trabajo. No podía haber amistad, no podía haber confianza. Ella para ellos era una simple trabajadora y no pertenecía a su status social. Y para los criados, ella estaba un puesto por encima, así que tampoco la trataban.  Esto lo refleja perfectamente Anne Brontë en su novela. Era un mundo que conocía muy bien, ya que ella también fue institutriz. Así que aprovecha, no sólo para exponer los hechos sino también para lanzar sus correspondientes críticas a la sociedad en que le tocó vivir. 

Y es que Agnes Grey no lo tuvo fácil. Y se encontró siempre con niños malcriados, insolentes y maleducados. Y ella poco puede hacer para corregirlos cuando los padres les consienten y le dan todo lo que piden, con tal de que no molesten, aunque eso deje su autoridad por los suelos. Así poco puede hacer. Pero Agnes nunca se amilana. Y seguirá siempre intentando educar a esos niños y en todo lo posible, llevarlos por el camino correcto. Pero no se lo pondrán fácil en ningún momento. 

El personaje de Agnes Grey sobresale entre todos. La conocemos cuando aún vivía con su familia, siempre sobreprotegida, pero ya mostraba muchos rasgos de su carácter. Decidida, valiente, inteligente, audaz, íntegra... Rasgos que se acentuarán aún más cuando empiece con su trabajo de institutriz. Y cuando conozca al Sr. Weston, de quien llegará a enamorarse. Pero  Anne Brontë no tiene prisas en contar esta historia. Aquí, todo va despacito, pasito a pasito, como en la vida real. Aquí no se producen situaciones extrañas ni hay secretos que ocultar. Aquí todos son personajes sencillos, creíbles, cercanos. 

Y la prosa de la autora es siempre sencilla, directa, concisa, sin adornos excesivos. En ocasiones se dirige directamente al lector, lo que agiliza aún más la lectura. Y aunque el ritmo es pausado y la historia se caracteriza por la ausencia de tensión, te resulta imposible abandonar su lectura. Porque Anne Brontë consigue trasladarnos a esa época y consigue también que empaticemos, desde el principio, con su personaje principal. 

En definitiva, una novela que me ha sorprendido mucho. Esperaba menos de ella al no ser tan conocida como las novelas de sus hermanas. Y me he encontrado con toda una joyita, que me deja con ganas de repetir con su autora.