Sobre el fango negro de Auschwitz que todo lo engulle, Fredy Hirsch ha levantado en secreto una escuela. En un lugar donde los libros están prohibidos, la joven Dita esconde bajo su vestido los frágiles volúmenes de la biblioteca pública más pequeña, recóndita y clandestina que haya existido nunca.
En medio del horror, Dita nos da una maravillosa lección de coraje: no se rinde y nunca pierde las ganas de vivir ni de leer porque, incluso en ese terrible campo de exterminio, «abrir un libro es como subirte a un tren que te lleva de vacaciones».
Una emocionante novela basada en hechos reales que rescata del olvido una de las más conmovedoras historias de heroísmo cultural.
La protagonista de esta durísima historia es Dita Adlerova, una niña de 14 años.
"¿Una niña? ¡De eso nada, señora! Para ser niña hay que tener una infancia."
Su misión en el bloque es encargarse de la biblioteca. Una biblioteca que se reduce a tan sólo ocho libros viejos, pero que ella se encargará cada día de cuidar y distribuir entre varias personas, siempre a escondidas, para poder seguir enseñando a los niños que viven en Auschwitz.
Pero no sólo conocemos a Dita en esta novela. Hay grandes personas, que como ella, son todo un ejemplo de coraje y de valor. Personas como el profesor Morgenstern:"Habrá quien no comparta esa fascinación por que algunas personas se jugaran la vida para mantener abierta una escuela secreta y una biblioteca clandestina en AuschwitzBirkenau. Habrá quien piense que es un acto de valentía inútil en un campo de exterminio, cuando hay otras preocupaciones más perentorias: los libros no curan las enfermedades ni pueden utilizarse como armas para doblegar a un ejército de verdugos, no llenan el estómago ni quitan la sed. Es cierto: la cultura no es necesaria para la supervivencia del hombre, únicamente lo es el pan y el agua. Es verdad que con el pan para comer y el agua para beber sobrevive el hombre, pero sólo con eso muere la humanidad entera. Si el hombre no se emociona con la belleza, si no cierra los ojos y pone en marcha los mecanismos de la imaginación, si no es capaz de hacerse preguntas y vislumbrar los límites de su ignorancia, es hombre o es mujer, pero no es persona; nada lo distingue de un salmón, una cebra o un buey almizclero."
"El profesor Morgenstern pasa haciendo reverencias ridículas vestido con su traje remendado y sus lentes rotas. Al llegar a la altura de Dita, sin detenerse ni perder el paso para no molestar a los de atrás, se pone serio de repente y le guiña un ojo. Después continúa adelante, y vuelve a hacer su número de las reverencias y a desplegar esa risita suya de viejo chalado. Han sido sólo un par de segundos, pero mientras la miraba, Dita ha visto que al profesor le cambiaba el gesto y su cara era otra, como si se hubiera levantado por un momento una careta y le hubiera permitido ver su verdadero rostro. No era la mirada ida de un viejo atolondrado sino el gesto templado de alguien profundamente sereno. Y entonces Dita ya no tiene dudas."O como Fredy Hirsch, un luchador incansable:
"—Escúchame bien: en Auschwitz nada es lo que parece. Pero habrá un momento en que se abrirá una rendija para la verdad, ya verás. Ellos creen que la mentira está de su parte, pero nosotros encestaremos la canasta en el último segundo porque se confiarán. Creen que estamos derrotados, pero no lo estamos. —Y, al decirlo, se queda un momento pensativo—. Yo no podré estar ahí para ayudaros a ganar el partido. Has de tener fe, Dita, mucha fe. Todo irá bien, ya verás. Confía en Miriam. Y, sobre todo —y entonces la mira a los ojos con la más seductora de sus sonrisas—, no debes rendirte nunca."
Aunque no todos serán valientes. Porque es Auschwitz, un lugar que destroza a la gente, no sólo física sino también mentalmente. Personas que han soportado tanto horror que serían capaces de cualquier cosa por una pequeña mejora en su vida: por una manzana, por una simple castaña... Aunque signifique traicionar a su compañero de cama...
Un libro duro, sobrecogedor, desde la primera hasta la última página. No se logra comprender todo este horror, no se logra comprender que el hombre fuera capaz de hacer tanto daño al hombre... Cuesta trabajo entender cómo ocurrió todo esto, cómo no se pudo evitar, qué locura se adueñó de todos, cómo la maldad llegó a estos extremos... Tantas preguntas y ninguna respuesta convincente.
Y es lo que encontramos en este libro, muchas preguntas y ninguna respuesta...
"—La guerra ha terminado.
Y la bibliotecaria del 31 empieza a llorar. Llora por todos los que no han podido llegar hasta ahí para verlo: su abuelo, su padre, Fredy Hirsch, Miriam Edelstein, el profesor Morgenstern..., por todos los que no están allí para ver ese momento. Es la amargura de la alegría.
Un soldado se acerca a las supervivientes de su zona y les va gritando en un alemán con acento galés que el campo ha sido liberado, que son libres.
—¡Libres! ¡Libres!
Una mujer se arrastra hasta abrazar la pierna del soldado. Éste se agacha sonriente, dispuesto a recibir el agradecimiento de los liberados. Pero la mujer cadavérica le habla con un reproche áspero:
—¿Por qué habéis tardado tanto?"
Se sufre con este libro, nos duele cada historia, cada persona, cada niño que vemos aparecer en sus páginas. Nos duele tanto horror, tanto dolor... Pero no podemos dejar de leer. Escrita de una forma sencilla, sin grandes adornos, Antonio G. Iturbe consigue atraparnos con esta historia dura y conmovedora. Imposible soltar el libro sin conocer el desenlace de cada una de las historias que nos cuenta, en especial de la historia de Freddy y la de Dita, dos grandes ejemplos de coraje, de valentía, de amor por la vida. Una novela imprescindible. Gracias a O meu Cartafol y a Momentos de silencio compartido por esta lectura conjunta.