Carlos Bassas del Rey
Alrevès, 2018
La verdadera justicia debe ser fría, implacable, desapasionada. Y para
aplicarla, Dios decidió que cada generación contara con treinta y seis
Justos, los tzadik, hombres anónimos que mantienen el equilibrio entre
el Bien y el Mal sobre la faz de la Tierra. Justo Ledesma es uno de
ellos. Un viejo irascible que discurre por las calles de un barrio, el
de Sant Pere, Santa Caterina i la Ribera, que ya no es el suyo; de una
ciudad, Barcelona, que dejó de serlo hace tiempo. Un hombre cansado que,
consciente de que su fin está cerca, decide saldar cuentas con su
pasado; con un pasado que regresa de forma inesperada cincuenta años
después.
Escrito en una primera persona de estilo directo y peculiar, Justo
esconde un triple relato: el de una vida dedicada a una misión sagrada,
el de una venganza y el de la nostalgia por un tiempo cada vez más
lejano, por unas calles cada vez más ajenas, por una ciudad moribunda
que se desangra víctima de sus propios anhelos, de sus propios errores.
Novela negra, pura y dura. Narrada en primera persona, con frases cortas y rotundas, con un lenguaje sencillo pero al mismo tiempo muy cuidado, y con una tensión que va creciendo página tras página, de forma lenta, pero sin pausa, Carlos Bassas nos regala una corta pero impresionante novela negra. Aquí no hay dudas a la hora de encuadrar este libro en un género. El autor coge todos los elementos característicos del género negro y los mezcla y los utiliza a la perfección.
Uno de los grandes aciertos de esta novela es su personaje principal, Justo. Un nombre que su madre no eligió al azar. Un hombre ya mayor, que sabe que no son muchos los años que le quedan por vivir. Con las ideas muy claras, que sabe lo que quiere y lo que tiene que hacer para lograrlo. Y lo hace. Un hombre al que por su edad, ya no se le tiene en cuenta, menospreciando la experiencia, menospreciando la sabiduría que dan los años.
El otro gran acierto es, sin duda, Barcelona, la otra gran protagonista de esta novela. El autor nos hace pasear por sus calles, por sus plazas... El amor por esta ciudad se plasma en cada página.
En definitiva, un placer total haberme estrenado con el autor y haber conocido a Justo, "el hombre que barre la mierda de Dios".
