Edith Nesbit,
Traducción: Nuria Reina
Berenice, 2013
Cuando Padre desaparece de forma inesperada, y en extrañas circunstancias, Roberta, Peter y Phyllis y su madre tienen que abandonar su feliz y holgada vida familiar en Londres para ir a vivir entre estrecheces a una pequeña casita -llamada Tres Chimeneas- en una aldea en el campo.
Allí los niños encuentran entretenimiento en una cercana estación de ferrocarril, y hacen amistad con el mismísimo Jefe de Estación, con Perks el Mozo o con el intrigante Anciano Caballero que les saluda puntualmente desde el tren de las 9,15. Pero no logran olvidar el misterio que ha producido tantos cambios en su vida. Madre no quiere decir nada y los chicos saben que es mejor no preguntar pero ¿dónde está Padre? ¿Volverá algún día?
Este libro comencé a leerlo junto a mi hija, pero tengo que reconocer
que ella, de nuevo, me abandonó... No logró atraparle esta historia. Así que la
dejé marchar en busca de otra lectura que le gustara más. Que leer
siempre tiene que ser un placer.
Pero yo continué sola. Me gustaba esta historia. Una historia quizás
demasiado dulce, demasiado idílica. Pero a veces me gusta perderme en
este tipo de historias, donde todo el mundo te ayuda, donde todo el
mundo siempre está ahí para aportar su granito de arena. Una historia
que sabes desde el principio que va a tener un final feliz.
Los absolutos protagonistas son los niños. Unos niños muy buenos, muy
educados y muy inteligentes. Quizás demasiado buenos, educados e
inteligentes... A veces cansan. Pero a pesar de tanta perfección, se les
termina cogiendo cariño.
Me ha gustado mucho también el personaje de la madre. Escritora, con la
desaparición del padre, ella tiene que hacerse cargo de la familia.
Recordemos que el libro fue publicado en 1906. Encontrarse con una madre
sola a cargo de toda la familia no tenía que ser muy común. Y a pesar
de todas las responsabilidades que tenía, a pesar de todas las
preocupaciones, siempre tenía momentos para estar con sus hijos y
contarle historias.
El resto de personajes que aparecen en la novela también aparecen
idealizados. Todos son personajes solidarios, siempre dispuestos a
ayudar, siempre generosos. Cuando alguno comete algún error, pronto se
da cuenta y procura enmendarlo. Una sociedad absolutamente ideal la que
refleja Edith Nesbit.
Me ha conquistado el estilo de la autora. Con una prosa sencilla,
ligera, poco duró este libro en mis manos. No me ha costado nada seguir
las aventuras de los niños, que suceden unas tras otra. Y también me ha
gustado encontrarme con un libro que nos recuerda lo importante que es
la solidaridad, la generosidad, la integridad, la honestidad...
También ha sido un auténtico placer disfrutar de la cuidada edición de
este libro. Un diez para la editorial, que ha tenido también el detalle
de incluir las ilustraciones originales de esta novela.
En definitiva, un libro muy recomendable, sobre todo si se lee sin tener
las expectativas muy altas. Y que creo que disfrutamos más el lector
adulto que el niño. Al menos por la experiencia que he tenido.