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viernes, 12 de octubre de 2018

El jardín de los Finzi-Contini de Giorgio Bassani

El jardín de los Finzi-Contini 
Giorgio Bassani
Trad: Juan Antonio Méndez
Acantilado, 2007
En la ciudad de Ferrara, cuando la comunidad judía vive amenazada por el antisemitismo del gobierno fascista, los Finzi-Contini—una familia judía de abolengo—llevan una vida apartada en una lujosa villa, rodeada por un jardín majestuoso. Alberto y su hermana Micòl, los hijos de la familia, deciden invitar a algunos amigos a su casa, después de que a muchos de ellos los hayan expulsado del club de tenis de la ciudad. El protagonista de la historia, un joven judío de clase media, accede así a esta hermética comunidad—aparentemente inmune a las leyes raciales—, en cuyas reuniones convergen la política y la vida privada, y aflora el amor entre el muchacho y la joven Micòl. Sin embargo, el curso de la historia parece arrastrarlos hacia un destino funesto y abocarlos a precipitarse al abismo que se abre bajo sus pies. Pocas novelas italianas del siglo XX han ocupado un lugar tan especial en el corazón de los lectores como El jardín de los Finzi-Contini, una conmovedora historia que entrelaza la suerte individual y colectiva de Italia en los albores de la Segunda Guerra Mundial. 

A veces me pregunto qué tiene que tener una buena novela para que te llegue. Y no lo sé. Porque me encuentro con libros como éste,  que lo tiene todo para ser una novela redonda, pero no. No me ha llegado, no me ha calado. ¿Por? Pues no sabría decirlo. Creo que es algo totalmente subjetivo, ¿verdad? Hay novelas la mar de sencillitas que te llegan directas al corazón. Y otras que, por más que se empeñe el autor y por más que se empeñe una, se desvían del camino. 

El jardín de los Finzi-Contini tiene todos los ingredientes para ser una buena novela. Y lo es. Pero el tono con el que es narrado la historia me ha resultado demasiado frío. Pese a la magnífica ambientación, en la que resulta imposible no sentir el miedo ante el auge del fascismo en Italia. Pese a la tragedia que se intuye en cada página de la novela. Sabes que algo va a ocurrir, que no se puede evitar. Y que no va a ser bueno para casi nadie. Pese a esa historia de amor sobre la que gira la novela. El protagonista, un joven judío de clase media, se enamora de Micol, una bella judía que pertenece a una de de las mejores familias del país. Primer obstáculo: la diferencia de clases.  Un obstáculo que a nuestro protagonista le resulta imposible de salvar. Le cuesta acercarse a ella, hablarle, confesarle sus sentimientos. Pero es que ni él se los confiesa pero es que tampoco sabemos a qué juega ella. ¿De verdad no se da cuenta de los sentimientos de él hacia ella? A veces parece que sí se da cuenta y se aprovecha de él, juega con él. En otras parece que no. Y dudamos de si ella siente lo mismo por él. Es mucha la ambigüedad en esta relación. Es un quiero y no puedo constante, que termina cansando un poco. 

Y es que sobran descripciones y faltan emociones. Y aunque conocemos bien a los personajes, me han resultado un tanto lejanos. Y quería acercarme a ellos, pero parecía haber una barrera que me lo impidiera. Y no he podido sentir empatía por el protagonista y su amor no correspondido. Ni por el trágico destino de los distintos personajes que van apareciendo en esta novela. Y me ha dado pena. Porque es que tiene cosas muy buenas. 

¿A vosotros os pasa? ¿Estar leyendo una novela, daros cuenta de que es buena, pero no lográis conectar con ella?