John Katzenbach
Trad: Laura Paredes
Ediciones B
El día de su 53 cumpleaños, el doctor Starks, un psicoanalista con una larga carrera a sus espaldas, recibe un misterioso e inquietante anónimo. Starks tendrá que emplear toda su astucia para, en quince días, averiguar quién es el autor de la misiva. De no conseguirlo, deberá elegir entre suicidarse o ser testigo de cómo, uno tras otro, sus familiares y amigos van siendo asesinados por un psicópata que promete llevar hasta el fin su venganza.
Y con este argumento, ¿cómo no engancharse a esta lectura? Tenemos que averiguar quién está detrás de esa amenazante misiva y el por qué de esa venganza. Y aunque a mediados de la novela nos imaginamos ya su identidad, esto no evita que sigamos con la lectura con las mismas ganas. Porque si al principio es saber quién lo que nos motiva a leer y leer, luego es el cambio que se produce en el protagonista, el doctor Starks lo que nos lleva a devorar el libro. Él es la absoluta estrella de este libro. La evolución que sufre es brutal. Y no quiero contar mucho para no fastidiar a futuros lectores, pero el desarrollo psicológico de este personaje es buenísimo. Pasa de ser un hombre sencillo, tranquilo, dedicado sólo al trabajo a ser una persona totalmente distinta, capaz de cosas que antes ni siquiera habría imaginado. Se convierte totalmente en otra persona.
La historia está muy bien desarrollada. Aunque tengo que admitir que a veces el ritmo decae. Tanto se recrea el autor en perfilar a su protagonista que en ocasiones la trama se ralentiza. Sí, con unas cuantas páginas menos, esta novela sería de diez. Al menos para mi gusto.
Donde no decae es en las últimas páginas. Estas son frenéticas y cuesta soltarlas hasta llegar al final. Un final que cierra bien toda la historia, sin dejar ningún cabo suelto.
En definitiva, una novela que, pese a esos baches en el ritmo, cumple su cometido de entretener con creces.