Siempre en
las viejas fábulas seduce la virtud de encarar los asuntos más hondos
del alma desde la sencillez de la vida de los animales. Una sombra en
Pekín hereda aquella trasparencia, la sorpresa y el candor de los
antiguos fabulistas para hablar, ahora, de la gran ciudad, de la soledad
y del paso del tiempo con personajes de carne y papel que tienen
nombres de animal: la tortuga, cuya fortuna arruinó a un tiburón, que
ama a una rana y desama a una paloma. En la época indefinida donde
ocurren los cuentos, en un país –China- tan lejano en los mapas como
inmediato en los sentimientos, un anciano afinador de pianos describe
con la caligrafía de su presente el vacío que ha sido su vida desde que
salió de su pequeña ciudad para emigrar a la metrópoli. Una fábula que
recurre a la ambientación más distante para dibujar con mayor exactitud
el retrato de nuestro tiempo.
Esta reseña está incluida en la lectura conjunta organizada por la propia editorial Traspiés y cinco blogs colaboradores: Cazando estrellas, De todo un poco, La caverna literaria, Libros que voy leyendo y El universo de los libros. Como tuve la suerte de ganar uno de los libros que se sorteaban, he podido participar en esta lectura conjunta y me he encontrado con un libro que me ha sorprendido muchísimo.
90 son las páginas que componen este libro. 90 páginas que he disfrutado al máximo. Y es que de este libro me ha gustado todo: su historia, su forma de estar escrita, sus preciosas ilustraciones... Un libro que desprende ternura, melancolía, dolor, sufrimiento...
Se inicia el libro presentándonos a su protagonista, Wu Guî, un afinador de pianos que regresa a su aldea tras pasar muchos años viviendo en Pekín, una ciudad a la que fue con la esperanza de un futuro brillante, pero de la que vuelve sin haber cumplido ninguno de sus sueños. Está herido. Un hilo de sangre corre desde la herida que tiene en la frente. Y para explicarnos el por qué de esa herida física, y para hablarnos también de la herida que tiene en su alma, empieza a escribir su historia en un cuaderno viejo de pastas de cuero. Un cuaderno que lo acompaña desde hace años pero en el que nunca ha escrito nada. Y esa ausencia de palabras, esas páginas en blanco... Nos dicen mucho de su vida. Nos hablan de su soledad, de sus frustraciones, de sus decepciones, de como el tiempo pasa y sus sueños se han desvanecido...
Y es que esta bellísima fábula me ha atrapado por su estilo poético. Sus palabras se deslizan suavemente y sin querer te sumerges en un mundo de fábula, un mundo casi irreal, en el que los personajes tienen nombres de animales, nombres que dicen mucho de su personalidad. Y en este mundo se desarrolla la vida de Wu Guî: una historia trágica, marcada por las traiciones, por las decisiones equivocadas, por las acciones que nunca realizó, por los arrepentimientos.
En definitiva, un libro absolutamente maravilloso, en el que destaca también las preciosas ilustraciones de Juan Gonzalo Lerma, que completan perfectamente esta bella historia. Un relato tremendamente original que destaca por la sencillez y la belleza de su prosa.
