Manuel Vázquez Montalbán
Editorial Planeta, 2004 (1977)
Un hombre aparece muerto con unas bragas de mujer en el bolsillo. La viuda encarga la investigación del caso a un «huelebraguetas» gallego, un detective privado de complejo pasado. Lo que parecía ser un ajuste de cuentas sexual se convierte en un ajuste de cuentas político que tiene como fondo la sociedad española a medio camino entre la muerte de Franco y el intento de consolidación democrática. Carvalho trata de compensar sus angustias e inhibiciones guisando un salmis de pato a las dos de la madrugada o haciendo el amor con la pasividad de un animal caliente pero escéptico.
Si Tatuaje me gustó, La soledad del mánager es aún mejor. Y desde luego, cuando pase un tiempo, seguiré con esta saga, que Carvalho se está haciendo, poco a poco, de mis personajes favoritos. Me recuerda mucho a Marlowe, ese gran personaje de Chandler. Como él, es cínico, irónico, un tanto pesimista y muy crítico con la sociedad en que le ha tocado vivir. Y es que son años difíciles. La muerte de Franco aún está muy cerca y España parece todavía no asimilarlo. Le cuesta despertar, le cuesta aceptar esa reciente democracia, esa libertad a la que no está acostumbrada.
La investigación está perfectamente narrada. Ningún pero puedo ponerle. Pero lo mejor está realmente en su ambientación. Los pasos de Carvalho le llevarán a conocer a esa clase burguesa que hizo su riqueza en la dictadura franquista y no quiere que la democracia le impida seguir acumulando más dinero, más poder. Y para ello cambiarán sus ideales. Si antes eran franquistas, ahora serán demócratas. Porque el único ideal que ellos realmente siguen es el del poder del dinero. Y si para seguir manteniéndose ahí arriba, tienen que meter el miedo en la gente, lo harán, sin problemas. Mira que han pasado años, pero aún sigue describiendo la situación actual...
Creas la sensación de que el poder no controla la situación y de que el sistema político no sirve para garantizar el orden (...) Casi siempre en favor del propio poder, que así obtiene coartadas y cheques en blanco para hacer lo que le pasa por los cojones y como le pasa por los cojones.
No le tiembla la mano a Montalbán a la hora de denunciar y hacernos ver cómo fueron esos años de transición. Años llenos de corrupción, porque todo era válido para que en la cúspide del poder siguieran los mismos.
Y tampoco le tiembla a la hora de reflexionar sobre la cultura:
"Llenó el bidet y luego buscó en las páginas literarias y en ellas el escrito de Fernado Monegal, el mejor crítico español de teatro polaco, predilecto de Carvalho no sólo por la capacidad absorbente del papel sino por la no menor capacidad absorbente de lo impreso. Diríase que se establecía una síntesis inestimable entre el papel y el artículo en la función de dejar el año preparado para el definitivo lavado en el bidet."
Una novela para leer y releer, porque no sólo encontramos unos buenos personajes y una buena trama, sino que también hallamos una valiente visión de los acontecimientos de estos años. Y todo acompañado por una prosa de gran calidad que convierte la lectura de esta novela en un auténtico deleite.