Matthew G. Lewis
Traductor: Francisco Torres Oliver
Valdemar, 2003
Leí este libro hace por lo menos quince años y me gustó muchísimo. De esos libros que tal y como cerré, sabía que volvería a leer. Y le llegó su momento. Y he disfrutado tanto o más que la primera vez.
Recordaba mucho la historia, y es que ésta me impactó mucho. Lo que no recordaba tan bien era su lento inicio. Un inicio que sirve para ir presentándonos a todos los personajes, que no son pocos, y que se hace un poco lioso. El autor va desarrollando a la par dos tramas, que al principio cuesta seguir, pero luego va poco a poco perfilando bien las historias, poniendo todas las piezas en el tablero para terminar encajándolas perfectamente. Y si el principio ya he dicho que cuesta, también os tengo que decir que es sólo eso, el principio. Porque luego engancha irremediablemente.
En esta novela encontramos todos los elementos claves del género gótico. Casi todas las escenas se desarrollan de noche. Y casi siempre en iglesias, castillos, cementerios… Hay apariciones o sucesos paranormales, hay maldiciones... Y encontramos ese amor enfermizo tan típico de este género. Ese amor que conduce a pasiones desenfrenadas, que nunca terminan bien. Desde luego esta novela tuvo que ser una auténtica revolución en su momento.
Aunque son muchos los personajes que aparecen en esta historia, sobresale uno. Ambrosio. Él es el prior del Monasterio, conocido por todos como El hombre Santo. Famoso por sus infinitas virtudes y por su maestría para la oratoria, pero también temido por la falta de compasión que muestra hacia los que no son tan virtuosos como él. No es capaz de perdonar ni él más mínimo error. Así es Ambrosio en las primeras páginas. Pero os aseguro que no es el mismo personaje al final. El modo en que Ambrosio poco a poco va cambiando es brutal. Sí, es una lectura totalmente predecible, y más para nosotros, lectores del siglo XXI, pero es que el desarrollo de este personaje es absolutamente impresionante y merece mucho la pena su lectura sólo por verlo. Y la crítica que el autor hace al catolicismo a través de este personaje es constante a lo largo de toda la novela. No lo deja en muy buen lugar, no…
Y el final es increíble, abrumador. Sucede todo demasiado rápido. Si el principio se caracteriza por su lentitud, el final es todo lo contrario. Dinámico, con un ritmo vertiginoso, el autor parece tener prisas por terminar la historia. ¡Y cómo la termina! Absolutamente brutal. Imposible parar de leer en este tramo de la historia.
Un libro totalmente recomendable. Y que nadie desista porque piense que va a haber terror, porque no lo hay. No se pasa miedo en ningún momento en esta historia. Un poquito de angustia, un poquito de desazón… pero miedo, no.