En una remota y miserable aldea japonesa, aislada del mundo por el mar y
las montañas, un padre debe venderse como esclavo durante tres años
para alimentar a su familia. Deja entretanto sus responsabilidades a su
hijo Isaku, obligado por las circunstancias a aprender deprisa los
secretos de la vida
adulta. Pronto descubrirá que estos secretos van mucho más allá de las
artes de la pesca, sobre todo cuando sus mayores, en un tono a la vez
terrible y esperanzado, dejan escapar las palabras O-fune-sama. Detrás
de ellas se esconde la fuente de todas las fortunas del pueblo. Pero no
hay fortuna sin retribución.
Una historia absolutamente trágica, desgarradora es la que se narra en Naufragios. Contada desde la perspectiva de un niño de nueve años, que se ve obligado a crecer rápidamente con la marcha de su padre. En él recaerá la responsalidad del sustento de su familia. Tendrá que convertirse en adulto de un día para otro. Pero no puede obligar a su cuerpo a crecer. Y tendrá que enfrentarse a tareas que su cuerpo no podrá soportar. Tendrá que salir a pescar él solo al principio, luego tendrá que llevarse a su hermano menor, cuando su madre le dice que ya es hora de que también aprenda, empezará a participar en el ritual de fabricar sal en la playa... Tareas todas duras...
Será testigo del O-fune-sama. Un O-fune-sama esperado por todo el pueblo porque supone tener alimento para varios meses aunque sea a costa de la tragedia de otros... Y el O-fune-sama aparecerá dos veces. Y si la primera vez serán afortunados y conseguirán arroz para varios años, la segunda vez que aparece traerá consecuencias bastantes trágicas para el pueblo.
Una atmósfera asfixiante, agobiante, la que recrea Yoshimura en esta novela. La sensación de aislamiento del pueblo es plena. Y la angustia de Isaku ante la responsabilidad que tiene, su sentimiento de impotencia ante los sucesos trágicos de los que es testigo... Es plasmada de una forma maestra. Imposible no sentir su dolor, su angustia, su carga, su soledad...
Un libro duro pero bello. Yoshimura nos hace retroceder al medievo y nos retrata con un lenguaje sencillo y carente de adornos pero hermoso, la dura vida de ese pequeño pueblo japonés, aislado y sin recursos. Se palpa página tras página ese aislamiento, esa falta de recursos, esa necesidad... Una novela increíblemente sobrecogedora.
