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sábado, 3 de septiembre de 2011

Cada siete olas de Daniel Glattauer



Cuando acabé de leer Contra el viento del norte sabía que, tarde o temprano, leería su continuación, Cada siete olas, a pesar de lo mucho que me había gustado el increíble final de la primera novela.

En esta novela volvermos a fisgonear en los correos electrónicos que Emmi y Leo se siguen mandando, continuando su particular relación. Una relación que, a momentos parece que se afianza y a momentos parece desaparecer. Y una relación que guarda una diferencia importante con respecto a la primera novela, y es que ahora, llegan a verse. Pero nunca somos testigos directos de estos encuentros. Sólo somos testigos de las impresiones que estos encuentros causan en ellos a traves de los emails. Aquí es donde reside el mayor encanto de esta novela. Y es que toda ella está contada a través de estos correos, lo que hace que la lectura sea rápida, fluida, y que seas capaz de leer la novela de un tirón sin apenas darte cuenta. 

Sigue siendo una historia bonita, emocionante, pero no tanto como la primera. Los personajes, como ya los conocemos, parecen haber perdido parte de su encanto, de su picardía. Además, en ciertos momentos cae en la cursilería, cosa que no pasaba en Contra el viento del norte. Y el final no es tan sobrecogedor y emotivo como el de esta novela. Pese a todo, es una lectura amena y ligera. Pero si aún no la has leído, y te gustó el final de la primera, lo mejor que haces es saltar y dejar pasar esta séptima ola.

"Una semana después

Asunto: La séptima ola

Hola, Leo.

Estoy sentada en mi balcón de Playa de Alojera, en la isla de La Gomera, y más allá de la bahía rocosa, con sus oscuras manchas de arena y sus blancas lenguas de sal espumosas, mi mirada se adentra en el mar hasta la línea horizontal que divide el azul claro del oscuro, el cielo del agua. No sabes lo bonito que es esto. Tenéis que venir a conocerlo sin falta. Este sitio es ideal para los enamorados. ¿Por qué te escribo? Porque me apetece. Y porque no quiero esperar en silencio la séptima ola. Sí, aquí cuentan la historia de la indómita séptima ola. Las primeras seis son previsibles y equilibradas. Se condicionan unas a otras, se basan unas en otras, no deparan sorpresas. Mantienen la continuidad. Seis intentos, por más diferentes que parezcan vistos de lejos, seis intentos... y siempre el mismo destino.

Pero ¡cuidado con la séptima ola! La séptima es imprevisible. Durante mucho tiempo pasa inadvertida, participa en el monótono proceso, se adapta a sus predecesoras. Pero a veces estalla. Siempre ella, siempre la séptima. Porque es despreocupada, inocente, rebelde, barre con todo, lo cambia todo. Para ella no existe el antes, sólo el ahora. Y después todo es distinto. ¿Mejor o peor? Eso sólo pueden decirlo quienes fueron arrastrados por ella, quienes tuvieron el coraje de enfrentarla, de dejarse cautivar."

jueves, 14 de abril de 2011

Contra el viento del norte de Daniel Glattauer

En la vida diaria ¿hay lugar más seguro para los deseos secretos que el mundo virtual? Leo Leike recibe mensajes por error de una desconocida llamada Emmi. Como es educado, le contesta y como él la atrae, ella escribe de nuevo. Así, poco a poco, se entabla un diálogo en el que no hay marcha atrás. Parece solo una cuestión de tiempo que se conozcan en persona, pero la idea los altera tan profundamente que prefieren posponer el encuentro. ¿Sobrevivirían las emociones enviadas, recibidas y guardadas un encuentro «real»?








Podría incluirse este libro dentro del género epistolar, ya que el email ha sustituido casi por  completo la costumbre de echar cartas al buzón. ¿Quién escribe en estos días una carta? 
La novela comienza con Emma, enviando por tres veces un email a una dirección equivocada. Ya a la tercera vez, el destinatario de estos correos, Leo, decide contestar. Y con amabilidad, pero al mismo tiempo con ironía, contesta:
"Se ha equivocado de dirección. Ésta es mi dirección particular: woerter@leike.com. Usted quiere escirbir a woerter@like.com. Es la tercera persona que me pide que le dé de baja de la suscripción. La revista debe haberse vuelto francamente mala".

Nueve meses después, de nuevo por error, Emma le manda una típica felicitación navideña. Y la respuesta de Leo vuelve a demostrar esa ironía que va a caracterizar casi todos sus mensajes:
"Querida Emmi Rothner:
Aunque casi no nos conozcamos de nada, le agradezco su cordial y sumamente original correo colectivo. Sepa que adoro los correos colectivos dirigidos a una masa de la que no formo parte.
Atte., Leo Leike."
Es en este momento cuando empieza la relación epistolar entre Emmi y Leo. Sin darse cuenta, poco a poco, estos mensajes cada vez se vuelven más frecuentes y la necesidad que tienen ambos de estos mensajes se hace evidente. Es lo primero que ven cuando se despiertan por la mañana y se despiden dándose las buenas noches antes de irse a la cama. La dependencia que muestran, sobre todo Emmi, es total. 
"¡¡¡SÍ QUIERO!!! ¡QUIERO MENSAJES DE LEO! MENSAJES DE LEO, ¡POR FAVOR! ¡ESTOY ANSIOSA POR RECIBIR MENSAJES DE LEO!"
Lo que empezó como un juego, como una forma de desconectar de la rutina diaria, se convierte al final en una bella historia de amor. Pero no una historia de amor normal. No se conocen. Ambos quieren hacerlo, pero ambos tienen a su vez miedo. Se han enamorado de sus palabras, de la idea que tienen cada uno del otro, y temen que el encuentro acabe con todo. Magnífica la escena del bar, donde ambos intentan averiguar quién es el otro. ¿Habrán acertado?  ¿Llegarán a conocerse en algún momento? El miedo a la desilusión cuando se conozcan es más fuerte que el deseo de verse. No quieren perder lo que ya tienen. Sus correos. 
Pero en sus historias hay terceras partes que pueden ser dañadas. Sobre todo en el caso de Emmi, casada con Bernard, quien tiene dos hijos. Y esto hace que el drama, la tensión aumente poco a poco. Emmi insiste en estar felizmente casada varias veces. Bernard le da la estabilidad que necesita... Pero Leo es quien le ha devuelto la ilusión, quien rompe su monotonía, quien le dice lo que quiere escuchar... ¿Es realmente su matrimonio tan feliz?
Y al final, la tensión es brutal. El final es magnífico. Sé que leeré la continuación porque me he quedado enganchada a la historia de Emmi y Leo, pero si éste hubiese sido el auténtico final de esta historia no me hubiera importado. Magnífico. 

La novela es todo diálogo. Los correos se suceden continuamente. No hay nada más. Solo emails. Así que la lectura se hace rápida y, casi sin darte cuenta, eres capaz de leerte la novela de un tirón. Los personajes están tan bien perfilados a través de los mensajes, la historia tan bien contada, que te lees mensaje tras mensaje queriendo saber más. Queriendo saber si serán capaces de dar el gran paso de conocerse. 

"Hoy no he podido dormir: ¿Te he hablado alguna vez del Viento del Norte? No me siento el viento del Norte cuando tengo la ventana abierta. Sería bueno que me escribieras unas palabras. Escribe simples: Pues cierra la ventana. Entonces te contestaré: con la ventana cerrada no puedo dormir"