Cuidadísima introducción tiene esta antología, que nos permite conocer la vida de Horacio Quiroga y nos ayudan a comprender mejor su obra.
Una vida marcada por la tragedia. La muerte es una constante en su vida. El suicidio en su familia estuvo presente durante su niñez; mató accidentalmente de joven a un buen amigo; y él mismo acabó su vida suicidándose.
Siendo la muerte tan habitual en la vida de Quiroga, inevitable que ésta sea la gran protagonista en su obra. Protagonismo que comparte con la selva, tras un viaje que el autor realiza a Misiones, donde la ve por primera vez y queda fascinado por ella. Estos dos temas son fundamentales en toda su obra y los encontramos también en esta antología.
En casi todos los cuentos, Quiroga enfrenta al hombre a una naturaleza que se revela poderosa, destructiva, imprevisible. Una naturaleza que siempre sale victoriosa. Una naturaleza que considera al hombre un invasor y se rebela contra él. Sabe mostrarnos una naturaleza agresiva, que espera su
momento para atacar, sabe hacernos sentir que nos encontramos en un
territorio inhóspito, que no nos va a tratar muy bien, que nos advierte,
que nos amenaza...
Porque el terror que Quiroga nos hace sentir no es el típico de castillos deshabitados, de fantasmas, de vampiros... No, el terror de Quiroga es aún peor: es el miedo, la angustia que se siente cuando tu hijo pequeño desaparece y no lo ves; es el miedo, la angustia que se siente cuando estás herido en la selva y no te puedes mover ni nadie viene en tu ayuda... Porque la muerte puede hacer acto de presencia en cualquier momento. No avisa. Es traidora...
Y todo contado con mucha sencillez, que hace que devores un relato tras otro sin darte cuenta, aunque lo pases un poquito mal. Y acompañado cada historia con las fantásticas ilustraciones de Alejandro Santos. Una cuidada edición la que de nuevo nos ofrece la editorial Traspiés.