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miércoles, 8 de octubre de 2014

El arte de escuchar los latidos del corazón de Jan-Philipp Sendker

El arte de escuchar los latidos del corazón 
Jan-Philipp Sendker
Traducción: Beatriz Galán Echevarría
Editorial Grijalbo, 2008

La neoyorquina Julia Win solo tiene una pista de su padre desaparecido: una carta de amor escrita por él 40 años atrás y que la conduce hasta un remoto pueblo de Birmania. Allí conoce a un anciano que dice saber la historia de su padre: ciego desde pequeño, se enamoró de una joven minusválida de quien tuvo que separarse cuando fue enviado a Estados Unidos para ser operado de los ojos y estudiar. La familia que creó allá no fue suficiente para apagar la llama de ese primer y verdadero amor. En Birmania, Julia siente a su padre más cerca que nunca, pero ¿será capaz de encontrarlo?

Una novela que se deja leer lentamente, para disfrutar de esta especial y mágica historia de amor que nos cuenta.  La historia de Tin Win y Mi Mi. Tin Win es un joven que se quedó ciego de niño, tras el abandono de su madre. Su ceguera hizo que adquiriera una habilidad especial: la de escuchar incluso el latido del corazón del más pequeño pajarito... Gracias a esta habilidad, sabía incluso cuál era el estado emocional de la persona con la que hablaba. Y esta habilidad fue la que sorprendió a Mi Mi cuando le conoció. Mi Mi, una bellísima joven, que por culpa de una malformación en sus piernas, no podía caminar.  Ella  se convirtió en su gran amor, en el amor de su vida. Ella será sus ojos, y Tin Win será sus piernas. Su historia de amor es una historia de superación, una historia en la que tendrán que superar muchos obstáculos, muchas pruebas. Incluso la separación. Sus cartas de amor son preciosas, emotivas, tiernas. Cartas que ambos escribirán aunque ninguna de ellas llegarán a su destinatario. Pero ellos seguirán escribiéndolas. 
"...que estás conmigo desde el momento que me levanto hasta el instante en que me duermo, que te siento cuando el viento me acaricia, que te oigo en el silencio, que te veo cuando cierro los ojos, que me haces reír y me pides que cante cuando no tengo a nadie cerca. Cómo puedo explicarles que lo que significas para mi, lo que me das no depende del lugar del mundo en el que te encuentres, que no es necesario coger la mano del otro para sentir el tacto de su piel?"
Precioso y emotivo final el que tiene este libro. Quizás predecible, pero no por ello menos conmovedor. Porque, al menos en mi caso, me he sentido totalmente atrapada por la sensibilidad que demuestra el autor página tras página. Porque me va a costar olvidar a los dos grandes personajes que ha creado. Quizás el único pero que puedo ponerle es que me hubiera gustado conocer un poco más a Julia, la hija de Tin Win. Me parece que su personaje queda un tanto diluido y podría haberle aportado más a la historia. 
- ¿La muerte de sus padres cambió en algo su vida?
U Ba reflexionó.
- Pasé mucho tiempo con mi madre, así que ahora me siento más solo. Por lo demás, casi todo sigue como siempre. 
- ¿Cuánto tiempo necesitó para superarlo?
- ¿Superarlo? No sé si podría expresarlo de este modo. Cuando superamos algo quiere decir que seguimos adelante y dejamos eso atrás, en el camino. ¿Dejamos a los muertos o los llevamos con nosotros? Yo creo que los llevamos con nosotros. Nos acompañan. Siguen con nosotros, aunque de otra forma. Debemos aprender a vivir con ellos, con la muerte.



martes, 17 de abril de 2012

El susurro de las sombras de Jan-Philipp Sendker

Entre mis últimas lecturas se ha encontrado esta novela. Que la he ido leyendo lentamente, al principio por las lecturas conjuntas. Luego, porque no me apetecía ir más rápido. La estaba disfrutando así, conociendo a sus personajes, con toda la historia que cada uno tiene detrás. Cada uno con sus propias tragedias. Cada uno con una explicación de por qué son así y por qué actúan del modo en que lo hacen. 

Difícil se me hace encuadrar esta novela dentro de un género. Si el principio invita a pensar que nos encontramos con una novela dramática, poco a poco va convirtiéndose en una novela policíaca. Y también hay espacio para la denuncia social. Porque no nos ofrece ninguna imagen idílica de China. Al contrario, nos muestra una imagen muy real de la China que nos podemos encontrar. Y también hay hueco para el amor. 



Paul Leibovitz es un hombre de mediana edad que sufre la pérdida de su hijo de ocho años a causa de una leucemia en un hospital de Hong Kong. Y esta muerte supone el principio del fin de su matrimonio. Porque si su mujer logra superar esa pérdida, Paul no podrá aceptarla:
- Justamente eso es lo que no quiero hacer - había replicado Meredith-, y justamente eso es lo que Justin no querría. Paul, la vida sigue.
Odiaba esa frase. En ella estaba contenida la indecible injustica, la absolutamente indignante y monstruosa banalidad de la muerte. Todo en Paul se rebelaba contra eso. Había días en que sentía cada inspiración como una traición a su hijo. Días en que el sentimiento de culpa del superviviente amenazaba con aplastarle, en los que no estaba en condiciones de hacer nada que no fuera quedarse tumbado en su hamaca en la terraza.
El miedo a olvidar algo. El rostro adormilado de Justin por la mañana. Sus grandes ojos azules, que podían ser tan luminosos... Su sonrisa, su voz. (...)
Para evitar este desvanecimiento de los recuerdos quería protegerse, en la medida de lo posible, de todo lo nuevo. Olvidar habría sido una traición. El olvido es pariente de la muerte.
Y así transcurre la vida de Paul tras la muerte de su hijo. Viviendo sólo, recluido en su casa, aislado con sus recuerdos. Sólo irá a Hong Kong dos veces al año, el día del nacimiento y de la muerte de su hijo. Y después de tres años, en uno de sus salidas, conocerá a Elizabeth Owen, una mujer americana que cree ver en Paul al hombre que necesita para descubrir el paradero de su hijo, que lleva desaparecido varios días. Aunque al principio Paul querrá no saber nada del tema y el marido de Elizabeth tampoco le causa una buena impresión, la desesperación en los ojos de Elizabeth le es tan familiar que será incapaz de decirle que no. Pero no sabe ni por dónde empezar. Así que acudirá a su único amigo, David Zhang  Lin, la única persona que ha llegado a comprenderle. Que sabe hablar cuando hace falta y callar cuando es necesario. Pero también él tiene sus secretos...
Había cosas de su vida sobre las que no podía hablar, ni siquiera después de más de treinta años. Ni con su mejor amigo ni con su mujer. ¿Cómo iban a entender ellos que, para él, una comida nunca era sólo una simple comida? ¿Que envidiaba a la gente para la que las cosas eran tan sencillas? ¿Que no podía meterse en la boca un pedazo de tofu, un muslo de pollo, y ni siquiera un minúsculo grano de arroz, sin pensar en Li, en Wu, en Hong y en todos los otros compañeros de su brigada de trabajo que, como él, habían sido enviados de niños a las montañas durante la Revolución Cultural para ayudar a los campesinos en la cosecha y habían tenido que trabajar allí seis años condenadamente largos? Seis años en los que creyeron que sus padres y el resto del mundo los había olvidado, en los que se alimentaban casi exclusivamente de arroz...(...) Seis años en los que, a veces, durante días solo podía pensar en las campanadas que preparaba su madre. No en su madre, sino en las empanadas, recordó David Zhang.
Para él, cada comida era una fiesta. Un pequeño y silencioso triunfo de la vida sobre la muerte. Del amor sobre el odio. De la belleza sobre la fealdad. De la bondad sobre la maldad.
 Y Paul acude a David porque él es un policía. Un policía atípico en un cuerpo que está practicamente corrupto. Sigue siendo honrado, sigue resistiéndose a ser comprado. Un caso raro... Lo que le provoca la desconfianza entre sus propios compañeros. Ayudará a Paul a resolver la desaparición de Michael, el hijo de los Owen. Y lo seguirá ayudando cuando esta desaparición se convierta en un asesinato. Una investigación que parecerá sencilla, pero que se irá complicando a medida que avanza en sus descubrimientos y que pondrá en grave peligro a nuestros protagonistas. Y  que dejará al descubierto también muchas de las miserias y de los engaños del gran país asiático. Y conoceremos cuál es ese terrible secreto del que David Zhang se avergüenza y que pondrá en peligro su amistad con Paul. 

¿Y la historia de amor? Que sí, que también la hay. Paul mantiene una peculiar relación con Cristine Wu, una mujer que no quiere saber nada de China por los crímenes que este país cometió en Hong Kong. Porque entre sus víctimas estaban sus padres... Así que Cristine no ve con buenos ojos la participación de Paul en esa investigación que tropieza con la investigación paralela que está llevando a cabo la policía. Además, su relación al principio no tiene una base muy sólida. Se ven, quedan, comparten momentos... Pero nada más, por culpa de Paul:
... No quería una relación. Ya no era capaz de amar. No quería decepcionar ni volver a sentirse decepcionado. Quería estar solo.
Y me estoy extendiendo mucho ya, así que voy terminando. Me ha sorprendido muchísimo esta novela. Tiene una historia que está muy bien contada y muy bien elaborada. Tiene unos personajes que están muy bien construidos, muy reales, muy humanos. No encontramos héroes. Encontramos gente de carne y hueso, que buscan darle un sentido a su vida. Y que defienden valores tan necesarios en este mundo como la amistad, la honestidad, la sinceridad.... Y sobre todo, la capacidad de perdonar.