Me da pena hacer ya esta reseña
porque supone el fin de esta actividad organizada por El Escalpelo Literario.
Me lo he pasado pipa preparando estas entradas. Y creía yo que me iba a costar,
pero no. Me he divertido mucho. Me ha traído muy buenos recuerdos este libro y
he podido compartirlos con tod@s vosotr@s estas semanas. Ha sido una iniciativa
fantástica y desde luego si organizas otra parecida, seguro que puedes contar
conmigo. ¡Gracias Escalpelo!
Empecemos ya a hablar del libro.
Un libro que se desarrolla en un pueblo, con un ambiente plenamente rural. Sus
personajes, como corresponden a este tipo de ambientes, son sencillos. Y la
mayoría son niños. Los adultos en esta historia están casi de paso.
Descripciones físicas apenas hay, pero lo que sí queda claro es el carácter de
cada uno de estos niños. Unos niños que se enfrentan a otros niños, pero que
también se enfrentan a los adultos de esta historia: unos adultos que no les
comprenden y a los que ellos tampoco comprenden. Pero la visión que domina a lo
largo de toda la novela es la de los niños. Así que nos inclinamos de su parte
a lo largo de todas sus páginas.
El lenguaje... Aquí está la clave
del libro. Por su lenguaje fue declarado un libro polémico e incluso fue
censurado. Es un lenguaje completamente vulgar, lleno de tacos, insultos,
expresiones soeces... Pero un lenguaje absolutamente necesario. Porque es así
como realmente habla un niño. Y más si está en guerra con otros niños. Este
libro no sería lo mismo si utilizara un lenguaje más edulcorado. Y
evidentemente ya no plasmaría fielmente la vida de unos niños en un pueblo.
La violencia también está muy
presente. No se andan con chiquitas estos pilluelos en sus batallas. Se zurran
y se zurran de lo lindo y se sirven de todo lo que pueden para hacerse bastante
daño. Y todo vale. Y cuando digo todo vale, es todo... Aquí sí que me ha asombrado
muchísimo este libro. Y en estas batallas está la explicación del título de la
novela. Cada vez que un bando consigue apresar a alguien del bando contrario,
se hace con todos sus botones, sus ojales, sus cordones... Cualquier cosa que
sirva para amarrarse la ropa. Es el botín de guerra. Más de un culito se dejará
ver por estas páginas...
Y a pesar de este lenguaje tan
soez, a pesar de tanta violencia, hay también en este libro valores que se
ensalzan, como la amistad, la fidelidad, la valentía, el compañerismo, el
respeto... Y más de una colleja se
llevarán algunos por ayudar al compañero que se ha quedado rezagado o sin
botones...
Todo está narrado de una forma
sencilla y con cierta dosis de humor. No es un humor que te arranque la
carcajada pero sí que te deja la sonrisa en la cara página tras página.
Un libro que recomiendo si tienes ganas de volver a ser niñ@ otra
vez. Y recordar aquellos momentos en los que una herida en la rodilla no
importaba. Al contrario, estábamos hasta orgullos@s de ellas. Y llevar la ropa
sucia tampoco nos importaba, aunque luego nuestros padres nos castigaran...