Una auténtica joya la edición que Traspiés ha hecho de este pequeño relato de Robert L. Stevenson. Un relato que cumple perfectamente su finalidad de evadirnos, de escapar de nuestra realidad durante un rato y disfrutar muchísimo de su historia.
Ya el título nos seduce. Y cuando comenzamos la historia es imposible no recordar el cuento de Aladino y la lámpara maravillosa. Aquí, en vez de una lámpara, tenemos una botella, en la que permanece encerrada el diablo, quien concede deseos sin límites a su dueño. Pero hay un problema. Quien muera con la la botella en su poder, condenará su alma al infierno... Así que para que esto no pase, su dueño tendrá que venderla, pero siempre por menor valor del precio que pagó cuando la compró.
Y aquí situa el autor a Keawe, el protagonista de este relato, quien compra la botella para conseguir cumplir los sueños de toda su vida: la casa que siempre soñaba, en el lugar que más le gustaba y con la mujer que amaba, Kokua. Pero el tiempo se le viene encima. Tiene que vender la botella. Y la compró tan barata que es imposible venderla por un precio menor... ¿O sí? Y aquí nos plantea Stevenson la tragedia de este relato, del que no voy a revelar nada más, porque hay que leerlo y disfrutarlo. Que se devora en un santiamén.
Una lectura corta, ligera, muy dinámica. Su historia nos atrapa y nos hace sufrir por sus personajes, a quienes el amor les hace cometer los más grandes sacrificios. Tememos en todo momento por su futuro, por su vida. Y Stevenson no nos permite el descanso. Es tan cortito el libro que es imposible soltarlo sin saber el desenlace, sin conocer el destino de esta pareja protagonista. Y es un placer también disfrutar de este mundo que recrea el autor, con ciertos toques exóticos, que aporta cierta frescura y magia al relato. En definitiva, una pequeñísimo pero gran relato de Stevenson que no hay que dejar pasar, tanto por su historia, como por la maravillosa edición que de nuevo la editorial Traspiés ha hecho.