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viernes, 8 de marzo de 2019

La dependienta de Sayaka Murata

La dependienta
Sayaka Murata
Trad: Marina Burnas
Duomo, 2019

Keiko Furukura tiene 36 años y está soltera. De hecho, nunca ha tenido pareja. Desde que abandonó a su tradicional familia para mudarse a Tokio, trabaja a tiempo parcial como dependienta de una konbini, un supermercado japonés abierto las 24 horas del día. Siempre ha sentido que no encajaba en la sociedad, pero en la tienda ha encontrado un mundo predecible, gobernado por un manual que dicta a los trabajadores cómo actuar y qué decir. Ha conseguido lograr esa normalidad que la sociedad le reclama: todos quieren ver a Keiko formar un hogar, seguir un camino convencional que la convierta, a sus ojos, en una adulta.
Con esta visión hilarante de las expectativas de la sociedad hacia las mujeres solteras, Sayaka Murata se ha consagrado como la nueva voz de la literatura japonesa.
La dependienta es una breve y sencilla novela que refleja, a través de la vida de Keiko Furukura, la mentalidad del pueblo japonés. Una mentalidad machista, lo que me ha sorprendido y no sé por qué. Pensaba que este país había evolucionado un poco más. Pero parece ser que no. Una mentalidad que tampoco difiere mucho de la nuestra. Que todavía aquí parece que tenemos que justificar por qué no nos casamos o por qué no tenemos hijos. 

Así, vemos como Keiko es juzgada por todos y como ella, en cierto momento, va a intentar hacer lo que se espera de ella. O al menos aparentarlo. Y si Keiko, con su sencillez y su inocencia, con un comportamiento que, a veces, nos puede hacer pensar que tenga síndrome de Asperger,  se va ganando nuestro cariño, no lo hará su "pareja", que más que un rebelde del sistema es el típico caradura que quiere vivir a costa de todo el mundo. 

Hay mucha crítica en esta novela. A esos convencionalismos que nos atan; a esas personas que, con sus opiniones, pretenden condicionar la vida de los demás; a esa falta de libertad para poder decidir qué vida llevar. Sí, es una novela sencilla, pero, cuando la terminas, te das cuenta de que encierra mucho en sus pocas páginas. Y tiene un personaje, Keiko, con el que no nos vamos a reír a carcajadas, pero sí va a arrancar nuestra sonrisa en algún momento y se va a ganar nuestro aplauso al llegar al final.