Cuando acabé de leer Contra el viento del norte sabía que, tarde o temprano, leería su continuación, Cada siete olas, a pesar de lo mucho que me había gustado el increíble final de la primera novela.
En esta novela volvermos a fisgonear en los correos electrónicos que Emmi y Leo se siguen mandando, continuando su particular relación. Una relación que, a momentos parece que se afianza y a momentos parece desaparecer. Y una relación que guarda una diferencia importante con respecto a la primera novela, y es que ahora, llegan a verse. Pero nunca somos testigos directos de estos encuentros. Sólo somos testigos de las impresiones que estos encuentros causan en ellos a traves de los emails. Aquí es donde reside el mayor encanto de esta novela. Y es que toda ella está contada a través de estos correos, lo que hace que la lectura sea rápida, fluida, y que seas capaz de leer la novela de un tirón sin apenas darte cuenta.
Sigue siendo una historia bonita, emocionante, pero no tanto como la primera. Los personajes, como ya los conocemos, parecen haber perdido parte de su encanto, de su picardía. Además, en ciertos momentos cae en la cursilería, cosa que no pasaba en Contra el viento del norte. Y el final no es tan sobrecogedor y emotivo como el de esta novela. Pese a todo, es una lectura amena y ligera. Pero si aún no la has leído, y te gustó el final de la primera, lo mejor que haces es saltar y dejar pasar esta séptima ola.
"Una semana después
Asunto: La séptima ola
Hola, Leo.
Estoy sentada en mi balcón de Playa de Alojera, en la isla de La Gomera, y más allá de la bahía rocosa, con sus oscuras manchas de arena y sus blancas lenguas de sal espumosas, mi mirada se adentra en el mar hasta la línea horizontal que divide el azul claro del oscuro, el cielo del agua. No sabes lo bonito que es esto. Tenéis que venir a conocerlo sin falta. Este sitio es ideal para los enamorados. ¿Por qué te escribo? Porque me apetece. Y porque no quiero esperar en silencio la séptima ola. Sí, aquí cuentan la historia de la indómita séptima ola. Las primeras seis son previsibles y equilibradas. Se condicionan unas a otras, se basan unas en otras, no deparan sorpresas. Mantienen la continuidad. Seis intentos, por más diferentes que parezcan vistos de lejos, seis intentos... y siempre el mismo destino.
Pero ¡cuidado con la séptima ola! La séptima es imprevisible. Durante mucho tiempo pasa inadvertida, participa en el monótono proceso, se adapta a sus predecesoras. Pero a veces estalla. Siempre ella, siempre la séptima. Porque es despreocupada, inocente, rebelde, barre con todo, lo cambia todo. Para ella no existe el antes, sólo el ahora. Y después todo es distinto. ¿Mejor o peor? Eso sólo pueden decirlo quienes fueron arrastrados por ella, quienes tuvieron el coraje de enfrentarla, de dejarse cautivar."



















