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domingo, 31 de mayo de 2015

La verdad sobre el caso Savolta de Eduardo Mendoza

La verdad sobre el caso Savolta
Eduardo Mendoza
Editorial, Seix Barral
"Le tengo un gran cariño porque recuerdo su elaboración como una época especialmente intensa de mi vida literaria, llena de ilusiones, de esfuerzos angustiosos y resultados sorprendentes, de decisiones que en mi inexperiencia eran trascendentales. Podría decir que me jugaba el todo por el todo, o que puse toda la carne en e l asador, dos frases hechas cuyo significado no acabo de entender muy bien". Eduardo Mendoza En un período de neutralidad política (Barcelona 1917-1919), una empresa fabricante de armas abocada al desastre económico por los conflictos laborales es el telón de fondo del relato de Javier Miranda, protagonista y narrador de los hechos. El industrial catalán Savolta dueño de ese negocio que vendió armas a los aliados durante la Primera Guerra Mundial, es asesinado.El humor, la ironía, la riqueza de los matices y de las experiencias, la parodia y la sátira, el pastiche de la subliteratura popular, la recuperación de la tradición narrativa desde la novela bizantina, la picaresca y los libros de caballerías hasta el moderno relato detectivesco, convierten esta novela en una tragicomedia inteligente y divertida, que situó a Eduardo Mendoza entre los narradores más destacados de las últimas décadas.

Con la de novelas que me queda aún del autor por leer y el otro día, que estuve haciendo limpieza en las estanterías, que ya tocaba, se me quedó pegado este libro de nuevo a mis manos. No pude evitar leer las primeras páginas y ya no pude devolverlo a su sitio sin terminarlo. Con este libro me estrené con Mendoza hace años y tanto me gustó que fueron varias las novelas que cayeron del autor casi de seguido. Y con todas siempre me ha hecho disfrutar. Pero esta novela, junto a La ciudad de los prodigios, están, por ahora, entre mis favoritas del autor. 

La verdad sobre el caso Savolta es una novela que, quizás para el lector de hoy, no sorprenda. Pero en su momento tuvo que hacerlo y mucho. Y es que la técnica que emplea para contar la historia que desarrolla entre sus páginas no era nada común en aquellos años y se convierte, sin duda, en el mayor atractivo de este libro. Y es que la historia la conocemos a través de documentos policiales, declaraciones en juicios,  cartas, artículos periodísticos...  Y esto no era un recurso habitual en ese momento en nuestra narrativa. Eduardo Mendoza lo utiliza en esta novela y además lo emplea de una forma magistral. Ningún pero se le puede poner. Quizás al principio pueda descolocarnos un poco y nos cueste entrar en la historia. Pero una vez que entras en la novela y en el juego del autor, ya es imposible salir de él. Además, la historia no es contada de forma cronológica. Continuamente el autor nos va llevando hacia delante o hacia atrás, dependiendo de los recuerdos de Javier Miranda, que es quien, casi todo el tiempo, nos va contando la historia. Y nos va dejando piezas sueltas, que nosotros tenemos que ordenar, como si de un puzzle se tratara. Y esta dependencia de la memoria de este personaje, sus continuas indecisiones, sus continuos saltos temporales, cada vez que recuerda algo, aportan mayor realismo, mayor verosimilitud a la novela.

Otro de los principales atractivos de esta novela es Barcelona, que se convierte en la gran protagonista de esta historia. Con gran acierto Mendoza refleja cómo era la vida en esos difíciles años y las distintas clases sociales que habitaban sus calles, desde la alta burguesía hasta la clase más pobre. Y las consecuencias de estas grandes diferencias. Los conflictos entre ambas clases se suceden y son continuas las huelgas, los mítines, los atentados...  Todas las clases tienen su representación en la novela. Si a la alta burguesía pertenecen Savolta o Lepprince, representando a la clase media aparecen el abogado Cortabanyes, el comisario Vázquez o Javier Miranda. El proletariado está también presente, a través de varios personajes, pero ninguno tiene un fuerte protagonismo. Esta clase está representada, sobre todo, por las continuas referencias a sus reivindicaciones, a sus manifestaciones. 

Entre todos los personajes que aparecen en este libro sobresale, Lepprince, un personaje que acapara toda nuestra atención desde su primera aparición:
“El escurridizo y pérfido Lepprince, de quien poco o nada se sabe, salvo que es un joven francés llegado a España en 1914, al principio de la terrible conflagración que tantas lágrimas y muertes ha causado y sigue causando al país de origen del mencionado y desconocido señor Lepprince, que pronto se dio a conocer en los círculos aristocráticos y financieros de nuestra ciudad, siendo objeto de respeto y admiración en todos ellos, no sólo por su inteligencia y relevante condición social, sino también por su arrogante figura, sus maneras distinguidas y su ostentosa prodigalidad.”
Reseña que participa en la Yincana Criminal.
 Y destaca también Javier Miranda, un personaje indeciso, que parece estar entre dos aguas, entre la clase obrera y la burguesía. Pero quiere salir de la pobreza. Y para ello se dejará guiar, sobre todo por Lepprince. Y aunque sospeche algo de los turbios asuntos que éste tiene entre sus manos, elegirá finalmente mirar hacia otro lado. Elegirá la ignorancia a saber demasiado...

Sin duda, recomiendo este libro. Al menos merece que se le dé una oportunidad. No es la trama lo que realmente lo hace interesante, aunque logra captar también todo nuestro interés.  Lo que hace especial este libro es la forma en que está contado.