Lo primero que me llama la atención de este libro es su título: Los girasoles ciegos. ¿Podría un girasol buscar los rayitos del sol que le dan la vida si estuviera ciego? Metafórico título, que anticipa el drama y el horror que en el libro va a haber. En él se recogen cuatro historias que se desarrollan todas justas al final de la guerra civil. En todas ellas, sus protagonistas son seres derrotados, perdedores, ya pertenezcan al bando de los vencedores o los vencidos.
Primera derrota:1939 o Si el corazón pensara, dejaría de latir. Es la primera historia que encontramos en el libro. El protagonista es Carlos Alegría, capitán del ejército de Franco, quien decide abandonar el ejército al saber que van a ganar la guerra. Y es que él no se siente ganador. No puede sentirse ganador después de haber visto tanta muerte, tanta vida malgastada innecesariamente. Esto sólo le hace sentirse un rendido. Por eso, se entrega al ejército enemigo. Y por eso, siempre recalca que él no es un desertor, sino un rendido.
"Aunque todas las guerras se pagan con los muertos, hace tiempo que luchamos por usura. Tendremos que elegir entre ganar una guerra o conquistar un cementerio."
Segunda derrota: 1940 o Manuscrito encontrado en el olvido. Es la historia que más me ha sobrecogido. Difícil que no se escape una lágrima con este triste relato. Nos narra la historia de un jovencísimo poeta, obligado a huir, junto a su también igual de joven esposa, que está embarazada. Ella da a luz y muere. Y el niño parece aferrarse a la vida con todas sus fuerzas. En un diario, el joven poeta va escribiendo todo lo que está sucediéndole, todo lo que está sintiendo. El contraste entre ese cuerpo con vida del niño y el cuerpo muerto de la madre sobrecoge. Como sobrecoge cuando el propio padre confiesa que su hijo va creciendo y no conoce ninguna muestra de cariño. De este relato tengo muchas citas subrayadas:
"¿Cómo se corrige el error de estar vivo? ¡He visto muchos muertos, pero no he aprendido cómo se muere uno!"
"No es justo que comience la muerte tan temprano ahora que aún no ha habido tiempo para que la vida se diera por nacida. He dejado todo como estaba. Nadie podrá decir que he intervenido. La madre muerta, el niño agitadamente vivo y yo inmóvil por el miedo. Es gris el color de la huida y triste el rumor de la derrota."
"¿Es este niño la causa de la muerte o es su fruto?"
Tercera derrota: 1941 o El idioma de los muertos. El protagonista es un preso que se ve obligado a contar toda una serie de mentiras porque descubre que, de este modo, va ganando un día más de vida. Y es que ha tenido la suerte de conocer al hijo del coronel que lo ajusticia. Pero no puede decirle la verdad. No es capaz de revelar a los padres que su hijo fue un ladrón, un asesino... Prefiere mentir y contarles a sus padres lo que ellos realmente quieren oír. Hasta que un día, su amigo es fusilado mientras él sigue con vida, gracias a sus mentiras. Y decide vengarse, decide morir, y para ello sólo tiene que retractarse de todas las mentiras que ha dicho.
Como curiosidad, en este relato aparece Carlos Alegría, el protagonista del primer relato.
"Aún estoy vivo, pero cuando recibas esta carta ya me habrán fusilado. He intentado enloquecer pero no lo he conseguido. Renuncio a seguir viviendo con toda esta tristeza. He descubierto que el idioma que he soñado para inventar un mundo más amable es, en realidad, el lenguaje de los muertos."
Cuarta derrota: 1942 o Los girasoles ciegos. Es la última historia y es la que da título a la novela. En este relato se nos narra la historia de una familia que se ve obligada a ocultar al padre para que no le fusilen. Un detalle curioso: ellos son la familia de la joven que huyó con el poeta del segundo relato.
Desde que acabó la guerra, el padre no sale de casa y cada vez que alguien viene, tiene que esconderse en el armario. No puede salir, ni asomarse a las ventanas, ni hacer ruido... No puede hacer nada que delate su presencia. Para el resto del mundo, él está muerto. El problema viene cuando en el colegio, el Hermano Salvador, uno de los profesores de su hijo, empieza a sentir algo por su madre, Elena. Y por la forma en que habla, más que amor, parece lascivia. No es un sentimiento puro el que él siente. Y empieza a hacer preguntas, a interesarse por la familia, a seguir, a acosar a Elena. Él es el culpable del trágico desenlace.
Me gusta mucho la forma en que está narrado este último relato. Por un lado, tenemos al narrador omnisciente, que nos va contando la historia. Por otro, tenemos los recuerdos de Lorenzo, el hijo, ya mayor. Y por último, tenemos la confesión del Hermano Salvador, quien es incapaz aún de comprender por qué Elena lo rechazó.
"Pero, de todos los recuerdos, el que por encima prevalece es que yo tenía un padre escondido en un armario."
"Hablar siempre en voz baja es algo que, poco a poco, disuelve las palabras y reduce las conversaciones a un intercambio de gestos y miradas. El miedo, como la voz queda, desdibuja los sonidos porque el lado oscuro de las cosas sólo puede expresarse en silencio."
Es un libro que se lee muy rápido, pero no por ello es apto para todos los lectores. Su crudeza, el drama que se atisba en todas y cada una de sus páginas, no lo hace factible para aquellas personas que lo pasen mal con este tipo de libros. Y es que, lo más trágico de todo es saber que historias como éstas pudieron suceder, que la guerra destrozó a muchas familias, que no sólo en el bando de los perdedores hubo derrotados, que también los hubo en el bando de los vencedores.
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