Esta es mi primera experiencia dentro del mundo de las lecturas conjuntas y ha sido muy positiva. No conocía esta obra mucho pero había visto algunas reseñas positivas y tenía ganas de lanzarme a ella. Así que aproveché la lectura conjunta organizada por Jesús y Tatty para poder hacerlo.
Un árbol crece en Brooklyn no tiene un comienzo espectacular, que atrape de forma inmediata al lector. Más bien es al contrario. Desde el comienzo el ritmo es lento, pausado, sereno. La historia de la familia Nolan se va desgranando poco a poco. Al principio con anécdotas sueltas de todos y cada uno de los miembros de esta familia, que nos hacen pensar que la novela no tiene hilo narrativo y que va a limitarse a ser solamente eso. Una sucesión de anécdotas sin orden ni concierto. Pero a medida que avanzas en la lectura te das cuenta de que, de este modo, la autora ha conseguido que tengamos una visión bastante amplia de la familia Nolan. Conocemos sus humildes orígenes. Son una familia más de inmigrantes, con raíces irlandesas y austríacas, que buscan la oportunidad de rehacer su vida en América. Y lo hacen instalándose en un Brooklyn muy distinto al que conocemos actualmente. Es la primera década del siglo XX, y Brooklyn, como se suele decir, está naciendo todavía.
La historia de la familia Nolan podría ser la historia de muchas de estas familias que poblaron este famoso barrio en sus inicios. Familias que vivían al día, que comían hoy pero no sabían si mañana lo iban a poder hacer, que tenían que estar luchando a diario para ganarse el pan de cada día... Pero todas estaban unidas también por un mismo sueño: lograr salir, lograr escapar de esa mísera vida.
"Son mágicos los instantes en que un niño se entera de que puede leer las palabras impresas. Durante un tiempo, Francie sólo sabía pronunciar las letras una a una, para luego juntar los sonidos y formar una palabra. Pero un día, mientras hojeaba un libro, la palabra "ratón" le apareció entera y de inmediato adquirió sentido. Miró la palabra y la imagen de un ratón gris se estampó en su cabeza. Siguió leyendo y cuando entrevió la palabra "caballo", oyó los golpes de sus cascos en el suelo y vio el sol resplandecer en sus crines. La palabra "corriendo" la golpeó de repente, y ella empezó a jadear, como si de verdad hubiese estado corriendo. La barrera entre el sonido de cada letra y el sentido de una palabra entera se había caído. Ahora, con un simple vistazo, la palabra impresa le revelaba su sentido. Leyó rápidamente unas páginas y estuvo a punto de desmayarse por la emoción. Quería gritarlo al mundo entero: ¡sabía leer! ¡Sabía leer!"
Y Francie se convierte en una auténtica apasionada de los libros. Sus visitas a la biblioteca serán continuas. Y su afición no sólo se quedará en la lectura. También tiene deseos de ser escritora. Sus redacciones en el colegio siempre cuentan con el beneplácito de su profesora, siempre y cuando toque temas que no sean "feos", es decir, que reflejen la cruda realidad que le rodea. Una gran crítica a la hipocresía de la sociedad americana, que se niega a ver sus propias miserias, sus propios problemas. En América, la tierra de las oportunidades, todo tiene que ser bonito.
El personaje de Katie, la madre de Francie, sobresale entre los demás. Porque es su entrega, su lucha, su afán por sacar a su familia de la miseria totalmente admirable. Sólo el favoritismo que siente hacia Neeley hace que no sea perfecta.
Realmente las mujeres ocupan los papeles principales de las novelas. El papel del hombre está un poco relegado. Todas las mujeres que aparecen están dotadas de una fortaleza extraordinaria. Sisy, la hermana de Katie, es uno de los mejores personajes. Su carácter liberal, que la lleva a casarse varias veces, sus continuos embarazos malogrados, el modo peculiar en que su "hija" nace, su alegría por la vida... Todo esto la convierte en un personaje inolvidable. Y Evie, la otra hermana, también destaca por su fuerte carácter, siendo incluso capaz de desempeñar el trabajo de su marido mejor que éste.
En definitiva, un libro que me ha atrapado, sobre todo, por el carisma de sus personajes y por el fiel retrato que hace de la vida de estos inmigrantes que llegaron a América buscando una oportunidad para mejorar su futuro. Un libro que habla de esperanza, de superación... Y que invita a seguir luchando por nuestros sueños.
"Dios amado -suplicó-, permíteme ser algo cada minuto de cada hora de mi vida. Permíteme ser alegre. Permíteme ser triste. Que tenga frío. Que esté abrigada. Que tenga hambre, que tenga demasiado para comer. Permíteme andar andrajosa o bien vestida. Que sea sincera o falsa. Que sea franca o mentirosa. Honorable o pecadora. Pero permíteme ser algo en cada bendito minuto. Y cuando duerma, permíteme soñar todo el tiempo para que no se malgaste la más mínima porción de vida".
Otras reseñas: