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viernes, 3 de agosto de 2012

Monstruos cotidianos de Cristina Gálvez

  "No me refiero a los escritores visibles, los que tienen nombre y títulos de sobra para que les reconozcan. No, yo hablo de los otros, los que me cruzo en bares, en funerarias y en oficinas del paro. Los que tienen la mesa de su despacho llena de manuscritos furtivos. Esos que nunca saben qué responder cuando alguien les pregunta a qué se dedican.

No hay semana en que no los encuentre, y en esas felices ocasiones nada me parece tan emocionante como ir a hacer fotocopias o a comprar cien gramos de mortadela. Sé que, en el sitio más inesperado, puedo acabar aconsejando nombres de autores rusos o sicilianos, escuchar agudas críticas sobre la obra de Faulkner o intercambiar endecasílabos escritos en pedazos de servilletas, y el saberlo me hace caminar con más desenvoltura y menos peso sobre los hombros. En esos días el mundo es, después de todo, un lugar imprevisible, y yo, un poco menos culpable de no ser lo que parezco o de no parecer lo que siempre he sido.

Porque yo, ésa es la verdad, no siempre he querido escribir. De pequeña soñaba más bien con los aviones o el trapecio. En la adolescencia me incliné por el violín. Luego vinieron el ecologismo, los anticuarios, la restauración y la artesanía. La literatura fue en todo este tiempo un pequeño vicio del que muy pocos llegaron a saber, una especie de latir continuo que según la época y mi grado de estabilidad emocional podía manifestarse con más o menos evidencia pero que nada tenía de especial o destacable. Cualquiera de mis múltiples vocaciones resultaba, después de todo, mucho más excitante que aquella.

Al final me acostumbré a ocultarlo y hasta le cogí el gusto al anonimato. He sido escritora de incógnito en todos los escenarios posibles, y he de confesar que disfruto como una niña de mi doble o triple (en ocasiones cuádruple) identidad. A veces lo he usado como una artimaña para parecer interesante, pero al poco me acabo cansando, o se cansan los demás, lo cual es mucho más humillante. Por eso, igual que otros se desesperan por no poder ser reconocidos, yo siento a veces una pena tremenda imaginando el día en que alguien me reconozca.

Tan sólo cuando me cruzo con uno de ellos, de los otros, mudo sin querer la sonrisa y una absurda felicidad me recorre desde la punta de los pies hasta la raíz del pelo. Es en esos momentos cuando constato con alivio que no soy yo la única infiltrada."


Con tantas buenas sorpresas como me he llevado este año con el género del relato, cuando fuí una de las ganadoras del concurso que organizó Traspiés, entre mis libros elegidos no podía faltar uno donde pudiera disfrutar de nuevo con este género. Observando su catálogo,  Monstruos cotidianos me llamó muchísimo la atención incluso sin saber que pertenecía a este género. Ya ese título me sugería muchas cosas. Así que fue uno de los libros que más claros tuve desde el principio que quería leer.

Y acerté por completo. Porque he vuelto a disfrutar y mucho. Cristina Gálvez ha logrado cautivarme con una prosa sencilla, simple, ausente de adornos, elegante... Con esa magnífica prosa logra plasmar momentos de nuestra realidad, escenas que podrían estar pasándonos a nosotros mismos o al lado nuestra... Tan naturales, tan reales, que es imposible no meterte de lleno en cada una de sus historias: problemas de pareja, problemas de comunicación, de adaptación... Problemas tan comunes en la vida diaria  y en los que hay en más de una ocasión un monstruo encubierto. Y de estos monstruos nos habla la autora.  Sus personajes son tan cercanos, tan reales, que es imposible no verlos, que es imposible no creer que conocemos a más de uno de ellos. Personajes que tendrán que enfrentarse a la resignación, a la rutina, a la dureza del día a día, a la decepción, a la escasez de talento, a la falta de futuro, al temor de que el amor un día desaparezca.... Terribles monstruos cotidianos en nuestras vidas.

Y podría parecer que con esta temática, el tono de estos relatos sería sombrío. Pero ocurre todo lo contrario. El humor y la ironía están presente a lo largo de casi todo el relato. Es ligero, dinámico, fresco... Porque estos temas también pueden abordarse sin caer en el pesimismo. Y Cristina Gálvez lo logra a la perfección. Y de este modo logra captar nuestra atención y hacer que leamos relato tras relato sin apenas darnos cuenta. Al menos es lo que a mí me ocurrió. 

En definitiva, un libro de relatos muy recomendable si os gusta el género y una autora a la que acabo de descubrir y a la que voy a estar muy pendiente a partir de ahora.