"Dicen que la diferencia entre un escritor y el que no lo es, radica en la mirada. Donde el que no escribe sólo ve un suceso cotidiano, el que fabrica historias descubre, en el mismo hecho, el germen de una historia única, diferente, digna de ser contada. Para los que nos gusta escribir, la calle, las gentes son el mejor alimento de nuestra imaginación. Hasta ir a la compra puede convertir una mañana normal en algo extraordinario".
Son muchas las ocasiones en las que no nos hace falta grandes historias para disfrutar de un libro. Que son las historias sencillas, las cotidianas, las que nos mantienen pegadas a sus páginas. Ésta es una de esas ocasiones.
Con una prosa sencilla y ligera, la gaditana Emilia Luna nos ofrece un libro de relatos sorprendente. Unos relatos que no son del todo independientes, sino que tienen un nexo en común: los recuerdos que Emilia tiene de su infancia. Unos recuerdos que tienen la virtud de transportarnos en el tiempo y en el espacio. Y volvemos a ser niñas otra vez, volvemos a correr como cuando éramos pequeñas, sin cansarnos, volvemos a saltar, volvemos a recordar a nuestros mejores amigos de aquellos momentos, volvemos a jugar a todos aquellos juegos con los que llenábamos nuestras tardes, volvemos a recordar esas canciones que nos acompañaron durante nuestra infancia...
Y nos hace ver, nos hace sentir ese cielo azul sobre el mar, oler esa brisa marina, notar incluso el viento en la cara... Sentimos todas las emociones de la niña protagonista de todos estos relatos, la propia autora, porque son emociones que nosotros también hemos sentido. Es la gran virtud de esta novela. Que nos hace recordar la inocencia de cuando éramos niños, nos hace recordar la ilusión que nos hacía las cosas más sencillas, nos hace recordar la aventura que suponía cualquier acto que se apartara del día a día cotidiano...
Pero en los últimos relatos deja de ser la niña la protagonista. Y Emilia nos habla de su madre, de su padre... De su amor incondicional hacia ellos. Y termina regalándonos un hermoso poema dedicado a su hijo que nos deja un nudo en la garganta.
Muchísimas gracias a la Editorial El desván de la memoria por el ejemplar. Y si sentís curiosidad por el libro, aquí podéis leer un poquito.