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lunes, 15 de octubre de 2012

Quevedo: Represéntase la brevedad de lo que se vive y cuán nada parece lo que se vivió


«¡Ah de la vida!»... ¿Nadie me responde?
¡Aquí de los antaños que he vivido!
La Fortuna mis tiempos ha mordido;
las Horas mi locura las esconde.

¡Que sin poder saber cómo ni adónde,
la salud y la edad se hayan huido!
Falta la vida, asiste lo vivido,
y no hay calamidad que no me ronde.

Ayer se fue; mañana no ha llegado;
hoy se está yendo sin parar un punto;
soy un fue, y un será, y un es cansado.

En el hoy y mañana y ayer, junto
pañales y mortaja, y he quedado
presente sucesiones de difunto.


Foto: https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjpMH8fNesGRez49wLK-eM_o9V_g8vKAbYXohACbNcEZTE1hkY2GvzJqU-VT2tHS8Wsu8PJbMCP7lVHJ-HHs5XpYkq8FgnuKhKzpcMEMm8BmfldkD-oQnrMXSstuI3y7PdC4LsAGyXdiCs/s400/0d8f2ae0.jpg

lunes, 26 de septiembre de 2011

Definiendo el amor de Francisco de Quevedo




Es hielo abrasador, es fuego helado,
es herida que duele y no se siente,
es un soñado bien, un mal presente,
es un breve descanso muy cansado.
Es un descuido que nos da cuidado,
un cobarde con nombre de valiente,
un andar solitario entre la gente,
un amar solamente ser amado.
Es una libertad encarcelada, 
que dura hasta el postrero parasismo,
enfermedad que crece si es curada.
Éste es el niño Amor, éste es tu abismo:
mirad cuál amistad tendrá con nada
el que en todo es contrario de sí mismo.



miércoles, 4 de agosto de 2010

Francisco de Quevedo: Amor constante más allá de la muerte

Debo reconocer que no soy capaz de leer libros de poesías de un tirón, aunque sean muy cortos. La poesía la leo poquito a poquito. Hoy leo un par de poemas, mañana otros dos... Y así. Lo que ocurre es que cuando encuentro poemas que me llegan a esa parte que llaman alma, necesito releerlas una y otra vez, hasta que logro descifrar todas y cada una de sus palabras. No sé cuantas veces he podido leer este poema de Quevedo. Como soy andaluza a lo mejor peco de "exagerá", pero considero este soneto la mejor declaración de amor en toda la historia de nuestra literatura. ¡Toma ya!

 
 Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra que me llevare el blanco día
y podrá desatar esta alma mía
hora a su afán ansioso lisonjera; 
mas no, de esotra parte, en la ribera,
dejará la memoria, en donde ardía:
nadar sabe mi llama la agua fría,
y perder el respeto a ley severa.
Alma a quien todo un dios prisión ha sido,
venas que humor a tanto fuego han dado,
médulas que han gloriosamente ardido,
su cuerpo dejará, no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrá sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado.