Privado temporalmente de obligaciones y con dinero de sobra en los
bolsillos, Alex decide lanzarse a un viaje por Europa con el pretexto de
reunirse con dos viejos amigos. Su travesía le llevará por las ciudades
de Toulouse, Paris, Brujas y Ámsterdam, entre otras, acompañado siempre
por un pequeño cuaderno en el que va registrando sus impresiones. Por
contraposición a la belleza y cultura que estos lugares pueden
ofrecerle, descubre huellas de la degradación y decadencia más extremas,
pero también conoce a personajes singulares que irradian afecto y
humanidad. En su accidentado periplo junto a sus compañeros de viaje, no
faltarán escenas cargadas de un humor en ocasiones desencantado y
cínico, en otras más abierto y desenfadado, todo ello aderezado con
atropelladas correrías nocturnas, místicos encuentros con la naturaleza,
abundantes jarras de cerveza, algunos gramos de la mejor hierba
holandesa, y una buena dosis de amistad.
El Cuaderno Chino es una novela que, a medida que la lees, va despertando recuerdos. Recuerdos de aquellos días de juventud en los que se vivía sólo el presente, sin importar el futuro. Recuerdos de aquellos días en lo que la única preocupación era poder salir un sábado por la noche...
Su protagonista es Alex, un joven que decide, al quedarse en paro y tener un trabajo a la espera, darse un capricho e ir de viaje por Europa al reencuentro de viejos amigos. Y todas sus experiencias, todas sus reflexiones las irá volcando en un cuaderno chino que se compra al inicio de este viaje. Viaje que se convertirá quizás en su último viaje de juventud. Recorreremos con Alex diferentes ciudades europeas: Málaga, Barcelona, París, Toulousse, Brujas... Y no sólo nos enseñará la parte hermosa e idílica de estas ciudades, sino que también nos descubrirá su parte menos turística, su parte más sórdida...
No sólo nos dejará su opinión sobre las ciudades que va dejando atrás. También nos acercará a sus amigos, que ya o no son tan libres y despreocupados como antes, o no llega a comprender ciertas actitudes que no considera apropiadas para la edad que ya tienen. Y es que el tiempo pasa para todos. Y la juventud parece querer abandonarlos... Por eso, muchos de estos reencuentros no serán tan felices como el propio Alex esperaba. Y muchos se limitarán a querer recuperar esos días que ya quedaron atrás. Pero no será lo mismo...
Si hay un rasgo que caracteriza a este libro es su naturalidad, su sencillez... Nos cuenta las cosas como si el lector fuera un amigo, un confidente... Así que no hay frases rebuscadas, ni palabras complicadas... Y como cuando charlas con un amigo, las divagaciones se van sucediendo y Alex nos habla de todo: de cine, música, arte... No hay acción en esta novela. Si es lo que buscas, no lo vas a encontrar en este libro. Sólo nos limitamos a acompañar a Alex por su paseo por Europa y ver cómo son los reencuentros con sus amigos. No hay más historia. Y esto hace que a veces el ritmo caiga un poquito. Pero al ser tan sencillo, tan ligero de leer y tan corto, no cuesta terminar esta novela. Una novela que te hace recordar a aquellos amigos con los que compartiste tantas cosas y hace tiempo no ves. No es un libro imprescindible, pero se deja leer muy bien.
