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miércoles, 11 de marzo de 2015

La Morada de Dios de José Manuel Cuenca


La Morada de Dios
José María Cuenca
En Amazon
Paris, Nochebuena de 2006. Un hombre intenta apurar sus últimos minutos antes de consumar su suicidio encaramado al Puente del Arzobispado.

Cumple su destino. Un destino impuesto por los monjes de la abadía cisterciense de Cóbreces, su familia. Una orden religiosa que protege celosamente el que quizás es el último y más importante secreto de la cristiandad: “la Morada de Dios”.

Mientras descubre si ha consumado el suicidio y ha condenado su alma para toda la eternidad, inicia un viaje contrarreloj que le arrastrará por los senderos del Camino de Santiago y del Camino Lebaniego hacia el monasterio de Santo Toribio de Liébana, el quinto lugar santo del cristianismo.

En su devenir por tierras navarras y cántabras, el protagonista se enfrentará a peligros que escapan a toda lógica y entendimiento utilizando solamente su conocimiento del arte y de la arquitectura religiosa, su chispeante ingenio y sus dotes detectivescas. Entre otros desafíos, se verá obligado a rendir cuentas por sus acciones pasadas ante el Codex Peccatum (Libro de los Pecados). Compartirá aventuras y pesares con personajes peculiares de muy diversa índole y condición (Giordano de Ribalta, El Gran Guillermo de Aquitania, Francisco Fernández de Córdoba...). Y rendirá homenaje a los agotes, grandes arquitectos y artistas olvidados injustamente por la historia. Todo con el único objetivo de dar por cumplida la promesa sellada por los primeros monjes benedictinos-cistercienses a Dámaso I, primer papa español de la historia.
Me costó engancharme a esta novela. Sus primeras páginas me parecieron un tanto confusas y no sabía exactamente qué me iba a encontrar en esta historia. Pero poco a poco, la sucesión de aventuras, peripecias y acertijos que el protagonista se ve obligado a superar, empezaron a captar toda mi atención y ya no pude soltar el libro sin conocer el desenlace. Un protagonista cuyo nombre solo conocemos cuando llegamos al final de la historia (y por esta razón no voy a desvelar) y con el que me ha costado empatizar. Sobre todo porque no ha logrado convencerme la naturalidad con la que aceptaba todo lo que le estaba ocurriendo.  Pero esto no ha impedido que haya seguido con atención todas las pruebas por las que ha tenido que pasar para conocer quién es él realmente y cuál es su destino. Porque son muchas las cosas que él ignora, porque el misterio le rodea desde su nacimiento. 

Para superar estas pruebas, tendrá que valerse de su inteligencia y también de su fe. Se encontrará en su camino con personajes históricos ya fallecidos, que le ayudarán siempre a seguir avanzando. Cuando lleguemos al final comprenderemos mejor la presencia de todos estos personajes... Aunque uno de ellos seguirá manteniendo el misterio... También encontrará amigos que le ayudarán y enemigos que siempre estarán poniéndole obstáculos para que no llegue al final. Aunque llegará el momento en que dudará y no sabrá ya quién es su amigo y quién no. 

Uno de los grandes atractivos de esta novela es su ambientación. El autor sabe plasmar perfectamente el camino de Santiago y el camino Lebaniego, con todos sus misterios y leyendas. Se convierten en el escenario ideal para esta historia llena de secretos y de símbolos religiosos. Esto último quizás es lo que pueda echar para atrás a muchos lectores. La religión tiene mucha presencia en esta historia, pero está bien insertada y no hay ninguna pretensión por parte del autor de decir dónde está la verdad absoluta. Es otro elemento atractivo más de la novela. 

Una novela entretenida, contada con sencillez, bien documentada, en la que la acción es continua y tiene muchos giros que nos van a sorprender en más de una ocasión. No es imprescindible, pero se deja leer muy bien.