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miércoles, 21 de marzo de 2012

21 de Marzo: Día Mundial de la Poesía

Hoy es el Día Mundial de la Poesía. Y si el año pasado me limité a celebrar este día compartiendo uno de mis poemas favoritos de Cernuda, Si el hombre pudiera decir lo que ama, esta vez voy a poner más de mi parte y voy a intentar reseñar un poquito uno de los poemarios escritos por una persona que se confiesa también admiradora del poeta sevillano, Koncha Morales. 

Difícil se me hace reseñar la poesía. Difícil transmitir todo lo que un poema hace que sientas. Y difícil que un poema nos haga sentir a todos lo mismo. Por eso me cuesta hablar de los poemarios que leo. Por eso me suelo limitar a compartir. Para que cada uno lea y descubra la magia de los versos. Pero esta vez voy a hacer una excepción. Porque A la hora del pan con chocolate de Koncha es de esos poemarios que te tocan el alma, de los que se hacen por derecho propio, con un espacio en tu memoria. Porque, como el El reloj de arena de Mayte Esteban, hace trabajar tu propia memoria, tus propios recuerdos. Te lleva atrás en el tiempo. Y te ves sentada, de nuevo, en el salón de tu abuela, con tu pan con aceite (no era yo muy de chocolate...), con azúcar, con tu vasito de leche... Con la tele en blanco y negro que aún conservaba tu abuela... Rivalizando con tu hermano por moler el café en el molinillo y así, de vez en cuando, creyendo que nadie se daba cuenta, tomarte un granito... Y es que esa es la magia de Koncha. No te importa ni la métrica ni la rima. Son las sensaciones que te causa su lectura lo que lo convierte en tan especial.

A la hora del pan con chocolate es un poemario escrito con sencillez, con ternura y con mucho amor. El amor que Koncha siente por su abuela Jacinta, a quien está dedicado todos y cada uno de estos poemas.. Un amor que sabe transmitirnos en todos y cada uno de sus versos. Un amor por su abuela, por su familia, por esos instantes de la niñez en los que uno se sentía siempre seguro y todo se veía con los ojos de la inocencia. Una niñez a la que cada uno de los poemas de Koncha te hace volver.

Difícil acudir a las viejas fronteras
con tus ojos detrás
del horizonte
siempre grises y aislados
ahogados por la pena
por los velos sin luz del arrepentimiento
Escogiste gritar en la penumbra
¿o te eligieron los azares
para habitar en tu isla sin fuego
sin una palmera blanca
sin yerba dulce junto a la orilla?

Y mi pequeña también quería participar un poco en esta entrada. Que también ha disfrutado de los versos de Koncha y tiene claro cuál es su favorito:

Un caballito negro
me mira con ternura.
Un caballito negro.
No le veo los ojos
porque aún estoy asustada
de subirme a su grupa.
Mi padre frunce el ceño
por detrás de la cámara
y me anima a dejar de llorar.
El caballito negro
se confunde entre mi llanto
y el traqueteo del tranvía
que cruza como una exhalación
limpiando sus ventanas con mis lágrimas.