El guacamayo rojo
Manuel Machuca,
Editorial Anantes, 2014
Para conquistar un sueño, a veces es necesario arriesgarlo todo sin mirar atrás. En 1904 una familia campesina vende sus escasas pertenencias en Almería para embarcar todas sus esperanzas en una travesía incierta al Brasil de las grandes plantaciones. A principios del siglo XXI el mundo ha cambiado, pero la realidad no es tan distinta. Un joven arquitecto hace en avión el mismo recorrido en busca de las oportunidades que la crisis ha hecho desaparecer en España. Todos, sin saberlo, forman parte de una odisea que se extiende durante más de un siglo, fiel reflejo del afán por construir un futuro mejor en tierra extraña con todos sus éxitos, sus fracasos, sus dudas, sus secretos y sus olvidos.
Las expectativas son las que han motivado que no haya disfrutado de este libro como se merece. Porque me ha gustado. Pero no tanto como esperaba. ¿Qué me ha faltado? Quizás empatizar con el protagonista de la parte que se desarrolla en la actualidad, que no ha terminado de caerme bien. Y mira que parece tener todo de cara para que suceda lo contrario. Empieza siendo un personaje muy cercano, muy real. Un joven treinteañero, con carrera, pero sin futuro. ¿Os suena de algo esto? Y para colmo, su novia acaba de dejarle. Así que toma la decisión que cree más acertada. Emigrar a Brasil, donde cree que va a tener mejores oportunidades y empezar una vida nueva. Pero no lo tendrá fácil. Y después de muchos tropiezos, de muchos desengaños, empezará a ver algo de luz en su camino. ¿Por qué no me ha caído bien? Porque cuando crees que el personaje va a crecer, va a madurar tras todo lo que está pasando, parece dar nuevamente pasos para atrás. Muy quejica, con comentarios pocos oportunos en ocasiones, parece no valorar las cosas positivas que le está sucediendo, parece no darse cuenta... Reconozco que no me ha caído bien. Que incluso en determinados momentos me ha entrado ganas de darle un guantazo para que espabile.
¿Qué me ha gustado? La parte que se desarrolla en el pasado. Conocer a la familia Ortega. Y sí, digo familia, porque son varias generaciones de ella los protagonistas de esta parte. Desde que llegaron a Brasil, abandonando una España que pocas esperanzas le daba, hasta ir poco a poco haciéndose con un buen sitio en esta sociedad, con su propio esfuerzo, con su propio trabajo. Esta parte me ha gustado mucho. Y he disfrutado con cada personaje, en especial, con Gloria Rossi, una mujer de fuerte carácter y con mucha voluntad. Un personaje con el que me he quedado con ganas incluso de saber más. Perfecto también el trabajo realizado por el autor para ambientar este período. Consigue que nos traslademos a Brasil, y que sintamos las miserias del trabajo de los cafetales. Y también la vida en la ciudad, en Sao Paulo.
En definitiva, un buen libro, que no he disfrutado tanto porque había puesto mis expectativas demasiado altas. Si lo hubiera leído sin referencia alguna, estoy segura que lo hubiera disfrutado más.
"Era el último día de enero de 1904 cuando el barco que llevaba a Bernardo Ortega y a su familia atracó en el puerto brasileño de Santos. El calor del mediodía era intenso, pero Bernardo pudo sentir que la humedad era mucho mayor que la de su tierra almeriense. Él mismo se encargó de sacar a cubierta el equipaje mientras su esposa Dolores cuidaba de que no se perdieran sus cuatro hijos, entusiasmados como estaban con las imágenes que veían, tan diferentes a las de su Adra natal, que abandonaron hacía más de un mes. El muelle de carga olía a salitre, pescado y café."