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miércoles, 11 de marzo de 2020

Los testamentos de Margaret Atwood

Los testamentos 
Margaret Atwood
Trad: Eugenia Vázquez Nacarino
Salamandra, 2019
Quince años después de los acontecimientos narrados en El cuento de la criada, el régimen teocrático de la República de Gilead se mantiene en pie, pero está empezando a mostrar signos de descomposición. En este momento crucial, las vidas de tres mujeres radicalmente diferentes convergen, con resultados explosivos. Dos de ellas han crecido en lados opuestos de la frontera: una en Gilead, como la hija privilegiada de un importante Comandante, y otra en Canadá, donde se manifiesta en contra del régimen mientras sigue por televisión las noticias de los horrores que allí acontecen. Ambas pertenecen a la primera generación que va a alcanzar la mayoría de edad desde que existe el nuevo orden, y sus testimonios están trenzados con una tercera voz: la de una de las mujeres más influyentes del sistema, que mueve los hilos del poder de manera despiadada. Sus caminos acabarán por encontrarse, forzando a cada una de ellas a colaborar, a enfrentarse consigo mismas y a decidir dónde pondrán los límites en la lucha por sus ideales.
Los testamentos de Margaret Atwood me ha gustado, aunque, al menos para mí, no está a la altura de su predecesora, El cuento de la criada. La carga crítica la he notado un poco menor y hay como un intento de justificar el comportamiento de algunos personajes. Y ha habido situaciones y personajes que me han resultado poco creíbles, sobre todo al final, propiciando un desenlace que, por fácil, no me ha convencido, restándole así calidad a la novela.  

Narrada en primera persona por tres voces distintas, encontramos primero al único personaje que repite, Tía Lydia. Aquí, ella va a recordar cómo vivió los orígenes de Gilead. Cómo vivió y cómo sobrevivió. Todo lo que perdió, todo lo que tuvo que sufrir, las duras pruebas por las que tuvo que pasar...Cómo acabo convirtiéndose en la Tía Lydia. Los capítulos protagonizados por ella son mis favoritos.

La segunda voz es la de una niña que ha nacido en la misma Gilead. No conoce otra vida. Sigue todos los preceptos que le marcan. Nunca se aparta de las normas y cumple fielmente sus obligaciones. No sabe hacer otra cosa. No tiene más aspiraciones. Obedecer y cumplir las reglas. 

La tercera voz es la de una joven que ha crecido en Canadá, lejos de Gilead. Un tanto rebelde, participa de forma activa en las revueltas que se producen en su país contra Gilead. Y no sé por qué, pero con este personaje no he llegado a conectar. Me ha costado creerme su actitud, sus acciones... Me ha faltado más realismo.

Si habéis leído El cuento de la criada o visto la serie, ya os estaréis imaginando quiénes son estos dos últimos personajes. Si la autora ha querido mantener intriga sobre sus identidades , confirmo  ya que no lo consigue. Y como la sinopsis revela demasiado, una está leyendo y deseando que se produzca el encuentro para ver la reacción de ambas. 

Y si hasta ese encuentro todo está bien contado y vamos conociendo en profundidad Gilead desde dentro y desde fuera, a partir de ese momento todo se precipita. Se vuelve predecible, un poco inverosímil y parece como si la autora estuviera deseando llegar al final e importarle poco cómo lo terminaba.  

En definitiva, que me quedo con una sensación un tanto agridulce. Porque estaba disfrutándola muchísimo y se estaba convirtiendo en una novela de diez. Pero ese final me ha parecido muy flojo. Tanto que lo dejo en un notable "raspadito".

miércoles, 8 de agosto de 2018

Alias Grace de Margaret Atwood

Alias Grace
Margaret Atwood
Trad:  María Antonia Menini Pagès
Salamandra, 2017
En 1843, Grace Marks, de dieciseis anos, es declarada culpable y sentenciada a cadena perpetua por participar en los asesinatos de Thomas Kinnear, a cuyo servicio trabajaba como sirvienta, y de Nancy Montgomery, ama de llaves y amante de Thomas. Anos mas tarde, el doctor Simon Jordan es contratado por un grupo de reformistas y espiritualistas que tratan de obtener el indulto de la muchacha. A partir de las nuevas tecnicas europeas, el joven medico entrevista a la reclusa y ella le cuenta su historia, desde su infancia en Irlanda y sus anos de pobreza y marginalidad.


La base de esta historia es real. Durante el verano de 1843, un granjero y su ama de llaves son asesinados por James McDermott, su mozo de cuadra, y Grace Marks, una joven criada. Ambos son condenados a muerte, pero en el caso de Grace, la pena es conmutada, quizás por su juventud, quizás por su condición de mujer, quizás por ambas cosas. 

No es una novela con un comienzo que enganche. Realmente tardé en meterme en la historia. Pero una vez que te metes, ya este libro se te escurre entre los dedos. Ya cuesta soltarlo. Y esto sucede, sobre todo, cuando Grace toma la palabra. En en ese momento cuando la historia empieza a cobrar fuerza, a coger brío. 

Grace no recuerda ( o dice no recordar) nada del día del crimen. En todo momento la autora juega con esta ambiguedad, juega con la duda. Hay quienes creen en su inocencia y quienes la consideran culpable. Tendremos que escuchar/leer a Grace para conocer la verdad. Sus conversaciones con el joven doctor Simon Jordan no tienen desperdicio. A través de ellas conoceremos la vida de Grace desde el principio, desde que tuvo que abandonar su Irlanda natal junto a su familia, buscando un futuro mejor. Y seremos testigos de la temprana muerte de la madre, de la crueldad de su padre, de su amistad con Mary, de cómo le afectó la muerte de ésta... ¿O no le afectó? Porque si por algo nos desconcierta Grace es por su falta de empatía. Realmente no sabemos  qué siente en cada momento. Si su vida nos hace sentir pena, porque no lo tuvo nada fácil, su actitud nos desconcierta y nos aleja de ella. Y así vamos durante toda la novela, acercándonos y alejándonos... Confiando y desconfiando... No sabemos si todo sucedió tal y como lo cuenta o si, igual que teje su colcha de patchwork, teje cada cuadro de su vida como le gustaría que hubiera sido. 

El final es completamente abierto, pero para mí es uno de los grandes aciertos de la novela. Así deja a la libre interpretación del lector la inocencia o la culpabilidad de Grace. Así deja a la interpretación del lector quienes son las verdaderas víctimas y quienes los verdaderos culpables... Quienes están cuerdos y quienes están realmente locos...

Soberbia, magnífica, sorprendente. Es la tercera novela que leo de Margaret Atwood este año y con todas me ha cautivado por completo. Por la aguda crítica que encierra todas sus novelas ( la situación de la mujer, la hipocresía que suele reinar en la sociedad...), por ese mundo que recrea  a la perfección, al que no le falta ni sobra ni un detalle; por esa forma de escribir, ágil, sencilla, que parece no estar contando nada y está contando mucho; por su imaginación desbordante... Sí, Margaret Atwood se ha convertido, por méritos propios, en una de mis autoras imprescindibles.

viernes, 9 de marzo de 2018

La semilla de la bruja de Margaret Atwood

La semilla de la bruja
Margaret Atwood
Trad. Miguel Temprano García
Lumen, 2018
Es un lunes cualquiera de enero de 2013 y Felix pasa el control de seguridad para acceder al centro correccional de Fletcher. Los guardias lo miran con simpatía y benevolencia; para ellos este hombre solo es el señor Duke, un cincuentón que en sus ratos libres se dedica a organizar funciones de teatro con los reclusos. El autor elegido siempre es Shakespeare, y este año el profesor les propone La tempestad.

Felix accede sin problemas al recinto de la cárcel, llevando consigo algo muy peligroso pero imposible de detectar a través de un escáner: son las palabras, aún vivas, robustas, sonoras, de una obra donde la venganza viaja a través del tiempo y se instala en el presente. De a poco, ensayo tras ensayo, los chicos de Fletcher, que quizá nunca antes habían oído hablar de Shakespeare, convierten la obra en algo muy personal. Ahí se encuentran con sus fantasmas y con algo de sí mismos que no sabían, pero hay más: Felix, ese profesor terco y a veces aburrido, el día del estreno de la obra también podrá vengarse de quien le arruinó en el pasado.

La semilla de la bruja de Margaret Atwood forma parte del proyecto Hogarth Shakespeare, un proyecto que nace con el fin de homenajear al célebre escritor inglés en el cuarto centenario de su muerte. En él participan grandes novelistas actuales que elijen una de las obras de Shakespeare y las adaptan a la actualidad.

Margaret Atwood escoge La tempestad y no sólo se limita a adaptarla a la actualidad sino que toma la obra y la representa en el desarrollo de su libro. Os cuento. El protagonista es Félix, un dramaturgo al que no le acompaña la suerte en el momento que le conocemos. Ha perdido a su esposa. Luego, a su hija, Miranda.  Y luego, es traicionado, perdiendo ya lo único que le quedaba, la única razón por la que seguía viviendo: su trabajo como director en el teatro. Y la oportunidad de representar, por fin, La tempestad.

Tras esto, Félix decide alejarse de todo y de todos. En este momento nos resulta fácil empatizar con él y con su dolor. Aunque llegará un punto en que temamos por su cordura, en que temamos por lo que pueda hacer. Porque ya, ¿qué tiene que perder? Encontrará un empleo como profesor en la cárcel y ahí verá de nuevo la oportunidad de volver a aquello que más ama: el teatro. El escenario está bien escogido por la autora por la importancia de las cárceles en La tempestad. Y será en la cárcel, con los presos como protagonistas, donde Félix, tras representar varias obras de Shakespeare, podrá, por fin, representar La tempestad. Y con la representación de este drama, que gira en torno a la venganza, Félix podrá llevar a cabo la suya propia. A partir de aquí nos damos cuenta de que nada es fruto del azar. Que la autora no da puntada sin hilo. Félix en la obra se convertirá en el duque Próspero, quien con ayuda del espíritu Ariel, ejecutará su venganza. Este elemento sobrenatural también está presente en la vida de Félix, pero me parece que ya estoy contando mucho y que si sigo contando, voy a estropear la lectura  a quien todavía no se ha animado. Así que aquí me quedo ya. 

Sólo decir que la autora respeta en todo momento la obra original, y sin cambiar su historia, consigue otra con un toque totalmente diferente y que se lee con mucha rapidez. La semilla de la bruja, además de un homenaje a la gran obra de Shakespeare, es un libro que nos habla de las segundas oportunidades. Segundas oportunidades que no sólo se presentan para Félix, sino para casi todos los personajes que aparecen en la novela. Y nos habla de las pérdidas. Esas pérdidas que nos hacen perder el rumbo y que son necesarias asumir para seguir adelante.  Sí es cierto que el desenlace me desconcertó un poco porque me resultó algo lioso y, llegado cierto momento, hasta poco creíble. Pero si conoces el desenlace de la obra original, lo comprendes todo mucho mejor.

Muy recomendable esta novela, aunque lo mejor sería leer La tempestad antes. Y así nos daremos cuenta del enorme trabajo que hay detrás y el enorme respeto que Margaret Atwood siente por la obra de Shakespeare. Y el enorme talento que tiene. 
«Cuando eres joven, crees que todo es posible. Te mueves en el presente, jugando con el tiempo como si fuera un juguete a tu disposición. Piensas que puedes deshacerte de cosas y personas, y aun no sabes bien que tienen la mala costumbre de volver

viernes, 23 de febrero de 2018

El cuento de la criada de Margaret Atwood

 El cuento de la criada
Margaret Atwood
Trad: Elsa Mateo Blanco
Salamandra, 2017 (1985)

Amparándose en la coartada del terrorismo islámico, unos políticos teócratas se hacen con el poder y, como primera medida, suprimen la libertad de prensa y los derechos de las mujeres. Esta trama, inquietante y oscura, que bien podría encontrarse en cualquier obra actual, pertenece en realidad a esta novela escrita por Margaret Atwood a principios de los ochenta, en la que la afamada autora canadiense anticipó con llamativa premonición una amenaza latente en el mundo de hoy.
En la República de Gilead, el cuerpo de Defred sólo sirve para procrear, tal como imponen las férreas normas establecidas por la dictadura puritana que domina el país. Si Defred se rebela —o si, aceptando colaborar a regañadientes, no es capaz de concebir— le espera la muerte en ejecución pública o el destierro a unas Colonias en las que sucumbirá a la polución de los residuos tóxicos. Así, el régimen controla con mano de hierro hasta los más ínfimos detalles de la vida de las mujeres: su alimentación, su indumentaria, incluso su actividad sexual. Pero nadie, ni siquiera un gobierno despótico parapetado tras el supuesto mandato de un dios todopoderoso, puede gobernar el pensamiento de una persona. Y mucho menos su deseo.
 

El cuento de la criada es una novela que va ganando más cuando las reposas. Porque la vas leyendo y parece que apenas hay acción, que apenas sucede nada. Sólo sientes angustia, desazón, incomodidad, ante ese futuro tan opresivo que la autora plasma en su novela.

Un mundo en el que las mujeres han perdido todos sus derechos. Sólo tienen deberes. Cada una tiene un cometido que tiene que cumplir. Y para cometido, hay un color. Así, están las Esposas, que visten de azul. Ellas se limitan a cuidar de sus hijos. Luego, están las Tías, vestidas de marrón. Son las que enseñan las normas y vigilan con severidad que éstas se cumplan. También están las Marthas, cuyos vestidos son verdes. Son las encargadas de limpiar y cocinar. Por último, tenemos a las  Criadas, que visten de rojo. Su único fin es traer hijos al mundo, hijos de su señor. ¡Ah! Por poquito se me olvidan, las no-mujeres, aquellas que han roto repetidamente las normas o que no pueden traer niños al mundo.

Nuestra protagonista es una criada. Ni siquiera sabemos su nombre real. La conocemos como Defred, lo que sólo señala a quien pertenece, en este caso, al Comandante Fred. Y conocemos su rutina, su día a día... Todos iguales, siempre lo mismo. Así, vamos conociendo el mundo en el que vive y poco a poco vamos descubriendo cómo se ha llegado a esto. Y de forma tan repentina. Porque el pasado de Defred no es tan lejano al nuestro. Ella tenía un trabajo, un marido, una hija... Y de un día para otro, se lo arrebataron todo.  A ella y a todas las mujeres. Y no hay actos de rebeldía, actos de sublevación. Sólo conformismo, sumisión... Y que tenga esta vida tan similar, hace que pronto empaticemos con ella, pese a la frialdad de la narración. Y comprendas pronto su frustración, su dolor, su desconcierto... Que incluso comprendas su falta de valentía, su indecisión...

Es todo tan desolador. El placer está prohibido. La cultura está prohibida. Afortunadamente, no pueden encarcelar tus pensamientos, tus sueños... Y ahí se refugia a veces Defred, para recordar quién era, para recordar quién es. Y escapar de este mundo tan rígido, tan severo. Un mundo donde hasta el acto sexual tiene sus normas y se realiza de forma mecánica. Todo está controlado, hasta el más mínimo de detalle.

Pero llega un momento en la historia en que esta rutina empieza a cambiar para nuestra protagonista. Hay un momento de esperanza, de ilusión. Ella empieza a conocer una realidad diferente, aunque luego nos damos cuenta de que la base es la misma. Es el hombre quien tiene el poder. Las mujeres siguen siendo simples instrumentos. La esperanza se desvanece.

Y si no le doy el sobresaliente a este libro  es por su final, completamente abierto. Y no es que no me gusten estos finales, pero en esta historia sí que me quedado con ganas de más páginas, con ganas de saber cómo continua la historia. No quiero imaginarla yo. Quiero que me la cuenten. Necesito saber. Necesito contestar a todas las preguntas que este libro me ha planteado. ¿Recomiendo el libro? Sí, por toda la denuncia, por toda la crítica, por todas las reflexiones que te plantea. Porque es un libro para discutir y debatir largamente sobre él.  Te deja con tantas ideas en la cabeza...