Margaret Atwood
Trad: Eugenia Vázquez Nacarino
Salamandra, 2019
Quince años después de los acontecimientos narrados en El cuento de la criada, el régimen teocrático de la República de Gilead se mantiene en pie, pero está empezando a mostrar signos de descomposición. En este momento crucial, las vidas de tres mujeres radicalmente diferentes convergen, con resultados explosivos. Dos de ellas han crecido en lados opuestos de la frontera: una en Gilead, como la hija privilegiada de un importante Comandante, y otra en Canadá, donde se manifiesta en contra del régimen mientras sigue por televisión las noticias de los horrores que allí acontecen. Ambas pertenecen a la primera generación que va a alcanzar la mayoría de edad desde que existe el nuevo orden, y sus testimonios están trenzados con una tercera voz: la de una de las mujeres más influyentes del sistema, que mueve los hilos del poder de manera despiadada. Sus caminos acabarán por encontrarse, forzando a cada una de ellas a colaborar, a enfrentarse consigo mismas y a decidir dónde pondrán los límites en la lucha por sus ideales.
Los testamentos de Margaret Atwood me ha gustado, aunque, al menos para mí, no está a la altura de su predecesora, El cuento de la criada. La carga crítica la he notado un poco menor y hay como un intento de justificar el comportamiento de algunos personajes. Y ha habido situaciones y personajes que me han resultado poco creíbles, sobre todo al final, propiciando un desenlace que, por fácil, no me ha convencido, restándole así calidad a la novela.
Narrada en primera persona por tres voces distintas, encontramos primero al único personaje que repite, Tía Lydia. Aquí, ella va a recordar cómo vivió los orígenes de Gilead. Cómo vivió y cómo sobrevivió. Todo lo que perdió, todo lo que tuvo que sufrir, las duras pruebas por las que tuvo que pasar...Cómo acabo convirtiéndose en la Tía Lydia. Los capítulos protagonizados por ella son mis favoritos.
La segunda voz es la de una niña que ha nacido en la misma Gilead. No conoce otra vida. Sigue todos los preceptos que le marcan. Nunca se aparta de las normas y cumple fielmente sus obligaciones. No sabe hacer otra cosa. No tiene más aspiraciones. Obedecer y cumplir las reglas.
La tercera voz es la de una joven que ha crecido en Canadá, lejos de Gilead. Un tanto rebelde, participa de forma activa en las revueltas que se producen en su país contra Gilead. Y no sé por qué, pero con este personaje no he llegado a conectar. Me ha costado creerme su actitud, sus acciones... Me ha faltado más realismo.
Si habéis leído El cuento de la criada o visto la serie, ya os estaréis imaginando quiénes son estos dos últimos personajes. Si la autora ha querido mantener intriga sobre sus identidades , confirmo ya que no lo consigue. Y como la sinopsis revela demasiado, una está leyendo y deseando que se produzca el encuentro para ver la reacción de ambas.
Y si hasta ese encuentro todo está bien contado y vamos conociendo en profundidad Gilead desde dentro y desde fuera, a partir de ese momento todo se precipita. Se vuelve predecible, un poco inverosímil y parece como si la autora estuviera deseando llegar al final e importarle poco cómo lo terminaba.
En definitiva, que me quedo con una sensación un tanto agridulce. Porque estaba disfrutándola muchísimo y se estaba convirtiendo en una novela de diez. Pero ese final me ha parecido muy flojo. Tanto que lo dejo en un notable "raspadito".


