Nell Leyshon
Traductor: Mariano Peyrou Tubert
Editorial Sexto Piso, 2013
Elias Canetti escribió que en las escasas ocasiones en que las personas logran liberarse de las cadenas que las atan suelen, inmediatamente después, quedar sujetas a otras nuevas. Mary, una niña de quince años que vive con su familia en una granja de la Inglaterra rural de 1830, tiene el pelo del color de la leche y nació con un defecto físico en una pierna, pero logra escapar momentáneamente de su condena familiar cuando es enviada a trabajar como criada para cuidar a la mujer del vicario, que está enferma. Entonces, tiene la oportunidad de aprender a leer y escribir, de dejar de ver «sólo un montón de rayas negras» en los libros. Sin embargo, conforme deja el mundo de las sombras, descubre que las luces pueden resultar incluso más cegadoras, por eso, a Mary sólo le queda el poder de contar su historia para tratar de encontrar sosiego en la palabra escrita. En Del color de la leche, Nell Leyshon ha recreado con una belleza trágica un microcosmos apabullante, poblado de personajes como el padre de Mary, que maldice a la vida por no darle hijos varones; el abuelo, que se finge enfermo para ver a su querida Mary una vez más; Edna, la criada del vicario que guarda tres sudarios bajo la cama, uno para ella, y los otros para un marido y un hijo que no tiene; todo ello, enmarcado por un entorno bucólico que fluye al compás de las estaciones y las labores de la granja, que cobra vida con una inocencia desgarradora gracias al empeño de Mary de dejar un testimonio escrito del destino adquirido, al cual ya no tiene la posibilidad de renunciar.
Lo original en este libro no reside en su historia, sino en la forma en que está escrita. Es la propia protagonista quien nos cuenta la historia. Con un lenguaje sencillo, sin adornos, con faltas de ortografía, porque recién ha aprendido a leer y escribir... Contando siempre la verdad, porque de ella no puede salir otra cosa. Aunque la verdad duela a otros. Aunque esa verdad le perjudique a ella misma, por las consecuencias que pueda tener. Pero es una niña, con toda su inocencia. Que aún tiene que descubrir el mundo.
Y esto hace que empaticemos totalmente con ella, en todo momento. Y admiremos su fuerza, su coraje, su inteligencia... Sus ganas de aprender a descubrir que ocultan esas rayitas negras que ella ve en los libros. Y por eso sufrimos con ella, porque no tiene una vida fácil en ningún momento. Ni la tuvo en su casa, con sus padres. Ni la tiene ahora, en la casa del vicario. Por eso nos duele tanto lo que ella cuenta con tanta sencillez, con tanta naturalidad. Y por eso nos pone la piel de gallina ese final tan impredecible de esta novela.
Absolutamente maravillosa. Una novela que va a estar entre mis mejores lecturas del año. Y en los puestos de arriba.
